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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Marcos 2:23-3:35.
SE ESTABAN GESTANDO PROBLEMAS.
No pasó mucho tiempo hasta que se levantaron controversias alrededor
de Jesús; y eso no es difícil de entender: cualquiera que
dijera lo que él dijo y que hiciera lo que él hizo, crearía
controversias.
Y, sin embargo, no todo fueron
problemas. Además de considerar la curación en sábado,
sigamos a Jesús en el momento que elige y ordena a los discípulos,
ese grupo heterogéneo de hombres que cambiaría el mundo para
siempre con el poder de su Maestro y Señor. Y vemos a Jesús,
tratando con su propia familia humana, y sus malos entendidos para con
él y con su misión.
Pero, por sobre todo, esta semana
obtendremos otra vislumbre de la vida y el ministerio de nuestro Salvador,
cuyas palabras y actos –aun cuando lo hayan acusado de actuar por el poder
de Satanás o que era un transgresor del sábado– deben ayudarnos
a amarlo aún más.
Un Vistazo a la Semana:
¿Por qué Jesús realizó curaciones en sábado?
¿Cuál era la verdadera causa del odio de los fariseos hacia
Cristo? ¿Qué era lo que estaban tratando de resguardar? ¿Cuál
es el pecado imperdonable? ¿Por qué lo mencionó Jesús
en ese momento?.
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Hecho para el Hombre (Mar. 2:23-28).
Lee el informe que se encuentra
en Marcos 2:23 al 28. Analiza la respuesta de Jesús a los escribas
y los fariseos. ¿Cuál era el principio rector subyacente
en las prácticas de David? En este contexto específico, ¿qué
quiso decir Jesús al afirmar que el sábado fue hecho para
el hombre? ¿Qué nos enseña esto acerca de cómo
deberíamos experimentar el sábado nosotros mismos?
En el mundo del tiempo de Jesús,
había, entre otras, dos características principales que distinguían
a los hebreos de los demás pueblos: adoraban a un solo Dios en vez
de varios y se abstenían de trabajar el séptimo día.
Siglos antes, cuando eran una nación libre, fallaron en ambas cosas,
al caer en la idolatría y quebrantar el mandamiento del sábado.
Profeta tras profeta les advirtieron acerca del camino desastroso que estaban
transitando; pero siguieron en su precipitada caída espiritual.
Eventualmente, fueron llevados cautivos: las diez tribus del norte, por
Asiria, y el reino del sur, Judá, por los babilonios, más
tarde.
Cuando regresaron del cautiverio
babilónico, trataron de evitar los errores que los habían
llevado a dejar de ser una nación soberana e independiente. Intentando
poner un cerco protector alrededor del sábado, formularon detalladas
listas acerca de lo que era permitido y lo que no debían hacer.
La Mishnah, la ley tradicional
codificada de los judíos, enumera 39 tipos principales de trabajos
prohibidos en sábado. “Estos reglamentos generales eran explicados
con minuciosos detalles. Además de estos requerimientos principales,
había otras innumerables disposiciones para la observancia del sábado.
La que quizá sea más conocida es la llamada ‘jornada de un
día sábado’, de 2.000 codos, o sea, aproximadamente de unos
900 metros. [...] También se consideraba que era una violación
del sábado el mirarse en un espejo fijado a la pared [...] o aun
encender una lámpara. [...] No era lícito escupir en la tierra,
para que no se regara así ni una hoja de hierba. No se permitía
llevar un pañuelo en sábado, a menos que una de sus extremidades
estuviera cosida a la ropa, en cuyo caso se conceptuaba que ya no era un
pañuelo, sino parte del vestido” (5 CBA 574).
Mientras los dirigentes judíos
estaban obsesionados con reglas detalladas, Jesús fue al corazón
del asunto. Él tomó un atajo a través de los reglamentos
humanos, buscando restaurar el sábado al propósito por el
cual había sido creado. El sábado no debía ser una
carga sino una delicia. Debía ser un día de adoración,
descanso y restauración; un día de gozo, que contribuyera
a la felicidad de otros. El sábado era el don divino para la humanidad;
pero los rabíes lo habían transformado en una carga.
Se nos dice que llamemos al
sábado una “delicia” (Isa. 58:13) y que debemos “santificarlo” (Éxo.
20:8). ¿Cuál es tu concepto de delicia y de lo que significa
que algo sea santo? ¿Por qué no es necesario que haya contradicciones
entre estas ideas? ¿Cómo podemos hacer que ambos aspectos
formen parte de nuestra experiencia del sábado? |
El Hombre de la Mano Seca.
Lee Marcos 3:1 al 6. ¿Por
qué crees que las autoridades querían matar a Jesús?
¿Era porque él sanaba en sábado, o había algo
más, un tema mucho más amplio, en juego para ellos? Ver también
Juan 11:48; Hech. 17:6
Aun en sábado, el día
apartado para adorar y contemplar las cosas celestiales, los enemigos de
Jesús no podían eludir la preocupación que él
les causaba. En vez de abrir sus corazones a las bendiciones que Dios tenía
para ellos por medio de la lectura de las Escrituras, la oración
y el compañerismo en la fe, mantenían sus ojos fijos en Jesús,
pero a la espera de encontrar una oportunidad de acusarlo. Querían
demostrar que él era un transgresor de la ley del sábado,
pero ellos mismos lo estaban transgrediendo en sus propios corazones.
Marcos comenta que Jesús
estaba entristecido por la dureza de sus corazones. Pero la dureza de ellos
no tenía que ver tanto con una creencia firme respecto de cómo
se debía guardar el día sábado, sino con la actitud
ácidamente crítica de ellos hacia Jesús. Él
estaba amenazando el poder de ellos; ponía en riesgo la influencia
religiosa y política que tenían sobre la gente; por eso odiaban
tanto a Jesús. Por supuesto, no podían actuar abiertamente
y decirlo, así que necesitaban “fabricar” alguna excusa, algo que
pudieran encontrar para acusarlo y así debilitar la ascendencia
de Jesús sobre la gente. El temor de perder su influencia los enceguecía
tanto que, en vez de alegrarse al presenciar el gran poder de Dios que
se manifestaba ante ellos por medio de los milagros de curación,
acusaban a Cristo de transgredir el sábado.
Lee Marcos 3:4. ¿Por
qué no respondieron a la pregunta de Cristo? ¿No deberían
haber tenido una respuesta? ¿Qué revela su silencio acerca
de sus verdaderos motivos?
Como seres humanos, podemos
tener la actitud siniestra de enmascarar nuestros verdaderos motivos bajo
el manto de la piedad o de la santidad; y, lo que es aún más
alarmante; no sólo nos ponemos ese manto ante otros, sino también
ante nosotros mismos. ¿Cómo podemos estar seguros de que
lo que hacemos tiene motivos religiosos puros, o si estamos haciendo, a
nuestra manera, lo mismo que los fariseos? |
Los Doce Apóstoles (Mar.
3:7-19).
Esta lección señala
una expansión importante del ministerio de Jesús. Anteriormente,
había llamado a diversas personas para que lo siguieran; es decir,
para que fueran sus discípulos. A medida que su fama crecía
y al viajar por Galilea, el grupo de seguidores continuaba creciendo: ya
era hora de elegir a algunos de entre ellos para una obra especial.
Marcos 3:7 al 14 nos ofrece
una breve pero vívida descripción de la fuerza del movimiento
que Jesús provocó en Galilea, en ese tiempo. ¿Qué
mencionan esos versículos acerca de la popularidad de Cristo? ¿En
qué forma la respuesta explica por qué decidió, en
ese momento, ordenar personas para que trabajaran con él?
En la cumbre de su popularidad,
Jesús se retiró hacia la montaña. Lucas suministra
un detalle importante: él pasó la noche en oración
(Luc. 6:12). Jesús afrontaba una decisión importante y, como
era su costumbre, buscó la conducción de su Padre.
¿Cuáles fueron
los dos propósitos que tuvo Jesús al elegir a esas doce personas
para que fueran sus apóstoles? Mar. 3:13-19. ¿Qué
otro propósito, más amplio, tenía en mente? (Ver Mar.
16:15; Mat. 10:5-15).
La palabra apóstol significa
literalmente uno que es enviado. Los doce a quienes Jesús llamó
serían enviados a predicar y a expulsar demonios; es decir, serían
una extensión de su ministerio mientras estaba todavía con
ellos en la tierra; y después de que él regresara al Padre,
seguirían haciendo su obra. Pero, antes de ser enviados, debían
permanecer con él, observando sus métodos y llegando a ser
como él en carácter.
Al considerar a los doce, vemos
una mezcla de trasfondos socioculturales, personalidades, fortalezas y
debilidades. Varios eran pescadores, uno era cobrador de tributos y otro,
un miembro de los celotes, un grupo fuertemente nacionalista que a veces
recurría a la violencia. Simón Pedro, osado e impetuoso,
tenía mucho que aprender; Santiago y Juan tenían un temperamento
ardiente; y, además, estaba Judas Iscariote, que eventualmente lo
traicionaría.
Había tantas otras personas
en Israel, eruditas, elocuentes, instruidas, ricas, que parecería
que podrían haber sido un núcleo mucho mejor para este nuevo
movimiento. Y, sin embargo, ¡Jesús eligió a semejante
grupo! ¿Qué lecciones hay para nosotros acerca de 1) juzgar
la apariencia externa de las personas; 2) juzgar el potencial espiritual
de otras personas; y 3) juzgar qué características son importantes
en las personas ocupadas en el ministerio? |
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Miércoles
13 de abril 2005
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Jesús y Beelzebú
(Mar. 3:22-30).
Los milagros de Jesús
fueron muchos y demasiado sorprendentes para negarlos. Un poder más
que humano obraba por medio de él; pero los espías, que seguían
sus pisadas procurando encontrar motivos para acusarlo, rehusaron admitir
lo que era obvio: que Jesús era el Hijo de Dios. En cambio, trataron
de argumentar que Jesús estaba vinculado con Beelzebú, el
diablo.
¿Cómo respondió
Jesús a las afirmaciones de sus críticos de que él
estaba vinculado con el diablo? Mar. 3:22-27.
Con su respuesta sencilla pero
efectiva, Jesús demolió la acusación de los maestros
de la ley. La obra que Jesús hacía echaba por tierra el reino
de Satanás: expulsaba los demonios, sanaba a los enfermos, y liberaba
a los hombres y las mujeres de las cadenas del pecado y los malos hábitos
a los que estaban amarrados. Esto era exactamente lo opuesto a la manera
de actuar de Satanás. Si Jesús hubiera estado asociado con
Satanás, habría estado realizando las obras de Satanás
y construyendo su reino, no destruyéndolo.
¿Por qué Jesús,
después de dar una respuesta contundente a las acusaciones, habló
del pecado imperdonable? ¿Qué había en las palabras
y las actitudes de los acusadores hacia Jesús que produjo esa fuerte
advertencia? Por la actitud de ellos, ¿de qué forma estaban
haciendo exactamente lo que Jesús les estaba reprochando?
“Los fariseos a los que Jesús
dirigió esta amonestación no creían la acusación
que presentaban contra él. No había uno solo de aquellos
dignatarios que no se sintiera atraído hacia el Salvador. Habían
oído en su propio corazón la voz del Espíritu que
lo declaraba el Ungido de Israel y los instaba a confesarse sus discípulos.
A la luz de su presencia, habían comprendido su falta de santidad
y habían anhelado una justicia que ellos no podían crear.
Pero, después de rechazarlo, habría sido demasiado humillante
recibirlo como Mesías. Habiendo puesto los pies en la senda de la
incredulidad, eran demasiado orgullosos para confesar su error” (DTG 289).
¿De qué modo,
en este contexto, entendemos el pecado imperdonable? ¿Qué
le dirías a alguien que cree que lo ha cometido ya? ¿De que
manera el mero hecho de que sienta esa convicción es una evidencia
de que no ha cometido ese pecado? |
La Madre y los Hermanos de Jesús
(Mar. 3:31-34).
Durante su ministerio terrenal,
Jesús no recibió el apoyo de su familia. Juan, el Amado,
nos dice claramente: “Porque ni aun sus hermanos creían en él”
(Juan 7:5). Su madre, María, había guardado en su corazón
los eventos relacionados con su nacimiento y su niñez (Luc. 2:19,
51), pero ella no entendía por completo la misión que Jesús
había venido a cumplir como Mesías.
Mientras las multitudes rodeaban
a Jesús, de modo que él no tenía tiempo ni para comer,
¿qué decidieron hacer algunos miembros de su familia? Mar.
3:20, 21.
Tal vez, la familia se sentía
avergonzada por la clase de personas con las que Jesús se asociaba;
tal vez la molestaban las acusaciones de sus críticos al decir que
estaba asociado con el diablo. Y, lo peor de todo era el rechazo de parte
de los líderes religiosos, que podría haberse esperado que
abrazaran al que iba a liberar a Israel de los odiados romanos.
Analiza la respuesta de Jesús
cuando le avisaron que María y sus hermanos estaban afuera de la
casa, buscándolo. ¿No le importaban a Jesús sus familiares
terrenales? ¿Qué estaba tratando de significar cuando declaró:
“Porque todo aquél que hace la voluntad de Dios, ése es mi
hermano, y mi hermana, y mi madre” (Mar. 3:31-35). Ver también Deut.
30:20; Mat. 7:21; Juan 15:14; 1 Juan 5:3.
En otra parte, Marcos da los
nombres de los hermanos de Jesús: Santiago, José, Judas y
Simón. Nos dice que Jesús también tenía hermanas
(Mar. 6:3). Es importante que José, el esposo de María, no
es mencionado en este incidente. Los hermanos de Jesús aquí,
y en otras partes, se relacionan con él como con un hermano menor,
diciéndole lo que debía hacer y queriendo tomarlo a su cargo.
Esto indica que, posiblemente, José habría estado casado
previamente y era viudo cuando se casó con María. Durante
el ministerio de Jesús nunca se lo menciona; posiblemente haya muerto
para esa época.
Después de la resurrección
de Jesús, los miembros de su familia lo vieron bajo una luz diferente.
Se menciona a sus hermanos entre los creyentes, en Pentecostés (Hech.
1:14), mientras Pablo llama “apóstol” a Santiago, “el hermano del
Señor” (Gál. 1:19).
Si conoces a alguien que esté
luchando con familiares que no comprenden ni aprecian la fe adventista
(o tal vez te ocurra a ti mismo), ¿qué clase de ayuda podrías
darle? ¿De qué modo la sección de hoy puede ofrecer
ánimo? |
Para Estudiar y Meditar:
Estudia los siete milagros realizados
en sábado, analizando por qué Jesús hizo cada uno
de ellos, las lecciones que quiso enseñar con ellos y las reacciones
de sus enemigos. Ver Mar. 1:21-28; 1:29-31; 3:1-6; Luc. 13:10-17; 14:1-4;
Juan 5:1-15; 9:1-41. Lee, en El Deseado de todas las gentes, los capítulos
“El sábado” (pp. 248-256), “La ordenación de los Doce” (pp.
257-264) y “Quiénes son mis hermanos” (pp. 288-294).
Preguntas Para Dialogar:
Si algún nuevo adventista
te preguntara: “¿Qué principios puedes mostrarme acerca de
cómo guardar el sábado?”, ¿cómo le responderías
y por qué? Analiza con tu clase diferentes enfoques para esta respuesta.
¿Qué diferencias
habrá en tu observancia del sábado si: a) observáramos
el sábado sencillamente porque Dios lo ordena o b) observáramos
el sábado porque amamos a Jesús y queremos seguirlo? ¿Qué
diferencias hay entre estas dos formas?
¿Por qué es tan
difícil trabajar en favor de alguien que tiene la actitud de los
fariseos; es decir, que haya suprimido las súplicas del Espíritu
Santo de su corazón? ¿Es demasiado tarde para alguien que
haya cometido el pecado imperdonable? ¿No puede alguien arrepentirse
de ese pecado, o el mero hecho de haber cometido ese pecado significa que
es demasiado tarde para arrepentirse? Analiza esto en tu clase.
Resumen:
Jesús era el Señor
del sábado, y él mostró su autoridad por medio de
los hechos que obró en sábado. ¡Qué testimonio
abrumador sobre la dureza de los corazones humanos es el hecho de que los
líderes, que deberían haber sabido mejor que nadie quién
era Jesús, se cerraran ante el mismo Señor al que profesaban
servir con toda diligencia y fe! Aquí encontramos lecciones para
todo aquél que vive creyendo que está al servicio del Señor. |