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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Marcos 1:21-2:17.
HOMBRE DE ACCIÓN.
Después de su breve introducción, Marcos se sumerge en el
ministerio de Jesús en Galilea. Presenta como una serie de viñetas
breves y llenas de acción, como un veloz informe de televisión.
Otra vez será instructivo
comparar y contrastar el enfoque de Marcos con los de los otros escritores
evangélicos. En el Evangelio de Mateo, el primer evento importante
que se enfatiza en el ministerio de Jesús es el Sermón del
Monte (Mateo 5-7), pero Marcos ni siquiera lo menciona. Lucas se concentra
en el sermón de Jesús en Nazaret (Luc. 4:14-30), pero Marcos
también lo pasa por alto. Para Juan, el milagro de la boda de Caná
destaca el comienzo del ministerio de Jesús, pero Marcos ni siquiera
lo menciona. Cada escritor de los evangelios, inspirado por el Espíritu
Santo, crea un informe particular de la vida y la obra de este Hombre increíble,
nuestro Señor y Salvador.
Un Vistazo a la Semana: ¿Qué
prueba comenzó dando Jesús acerca de su poder?
¿De qué modo
la curación de la suegra de Pedro revela los principios de una vida
cristiana?
¿Cómo mostró
Jesús el vínculo entre la vida espiritual y la física?
¿De qué modo
quebró Cristo algunas de las tradiciones antiguas de sus días?. |
Jesús vino a nuestro
mundo en una época en que las fuerzas del mal estaban creciendo,
cuando los hombres y las mujeres eran mantenidos fuertemente en sus garras.
Elena de White pinta un cuadro gráfico de esos tiempos: “El engaño
del pecado había llegado a su culminación. Habían
sido puestos en operación todos los medios de depravar a las almas
de los hombres. El Hijo de Dios, mirando al mundo, contemplaba sufrimiento
y miseria. Veía con compasión cómo los hombres habían
llegado a ser víctimas de la crueldad satánica. [...] La
misma estampa de los demonios estaba grabada en los rostros de los hombres,
que reflejaban la expresión de las legiones del mal que los poseían”
(DTG 27).
En Marcos 1:21 al 28,
¿qué es lo primero que impresionó a la audiencia,
para que afirmara que Jesús era alguien especial? Al mismo tiempo,
¿por qué no fue eso suficiente para demostrar realmente quién
era?
Jesús vino como el máximo
libertador de la humanidad. Él vino, no para ser servido, sino para
servir; no para ser exaltado, sino para traer esperanza y sanidad. De este
modo, encontramos que él estaba en constante conflicto con las fuerzas
del mal, que luchaban con todas sus energías para retener su dominio
sobre los seres humanos que poseían. Los demonios eran fuertes,
pero Jesús era aún más poderoso.
Lee cuidadosamente la
curación del endemoniado en la sinagoga de Capernaum (Mar. 1:21-28).
¿De qué modo debía ayudar a demostrar su identidad?
Jesús eventualmente sería
rechazado por muchas de las personas que había venido a liberar,
porque ellas rehusarían reconocer verdaderamente quién era
él, a pesar de la poderosa evidencia que habían recibido.
En contraste, los demonios lo reconocieron, y se inclinaron ante su autoridad.
¡Qué ironía!
El escritor cristiano
C. S. Lewis contó cómo, cuando era ateo, otro ateo, hablándole
acerca de Jesús, dijo algo como lo siguiente: “Bueno, C. S., usted
sabe que hay mucha información histórica que respalda los
informes de los evangelios acerca de la vida y la muerte de Jesús”.
El amigo siguió alegremente su camino, al parecer sin ser afectado
por las implicaciones de su propia declaración. Sin embargo, esto
impactó profundamente a Lewis, que con el tiempo llegó a
ser cristiano. ¿De qué manera estos datos concuerdan con
la lección de hoy? ¿De qué modo nosotros, aun siendo
cristianos, estamos en peligro de asumir una actitud similar a la del amigo
ateo de Lewis; es decir, ignorar la poderosa evidencia que tenemos acerca
de la obra y el poder de Dios? |
La Suegra de Pedro (Mar. 1:29-39).
¿De qué manera
la curación de la suegra de Pedro demuestra el interés y
la atención personal que brindaba Jesús a las personas? Mar.
1:29-34.
Tan pronto como Jesús
supo de la enfermedad de la suegra de Pedro, la tomó de la mano
y la ayudó a levantarse. No postergó la acción hasta
haber almorzado ese sábado, ni tomó tiempo para enseñar
a los discípulos; en cambio, ella fue atendida primero. Junto a
la cama, no le habló para sanarla: la tomó de la mano y la
ayudó a levantarse. ¡Qué sanador tierno y atento! Nota
también que la curación no sólo fue inmediata, sino
también completa. Con frecuencia, al estar las personas un tiempo
con fiebre, quedan debilitadas. No ocurrió eso con la suegra de
Pedro: ella se levantó e inmediatamente los sirvió.
Jesús hizo algo por la
suegra de Pedro que ella no podía hacer por sí misma, y luego
ella respondió. ¿De qué modo refleja esto lo que debe
suceder en la vida cristiana? Ver Mat. 10:8; Juan 15:12; 1 Juan 5:2, 3.
¿Cuándo fue la
última vez que alguien hizo algo realmente especial por ti, por
lo cual quedaste inmensamente agradecido? ¿De qué manera
respondiste, y por qué? ¿De qué manera tu respuesta
también refleja lo que constituye la vida cristiana llena de gracia?
Al hacer estas cosas maravillosas,
Jesús produjo que muchos lo siguieran. Los discípulos dijeron:
Toda la gente te busca. Pero, ¿era realmente así? Cuando
lees la historia completa de Jesús, es posible que algunas de estas
mismas personas hayan estado entre los que, al fin, se apartaron de él.
Buscar a Jesús por sí mismo no siempre es suficiente; se
necesita algo más. ¿De qué modo la respuesta de la
suegra de Pedro encierra la clave para resolver este problema potencial,
y cómo se aplica a nuestra propia vida espiritual? Ver también
Santiago 2:22. |
El Leproso (Mar. 1:40-45).
Estudia la curación
del leproso relatada en Marcos 1:40 al 45. ¿Cómo se muestra
la compasión de Jesús? ¿Por qué le hizo al
hombre sanado una fuerte advertencia? ¿Cuál fue el resultado
de este milagro?
En el Nuevo Testamento se usa
la palabra griega lépra. Sin embargo, parece evidente que la palabra
se usaba para diversas enfermedades que afectaban la piel. El Diccionario
bíblico adventista, al referirse a la descripción de la lepra
que se encuentra en Levítico 13, nota: “Los diversos síntomas
[...] dan a entender que el término lepra se usaba, evidentemente,
en un sentido más general que hoy. Algunos han sugerido que Lev.
13 abarca 7 enfermedades diferentes bajo el vocablo ‘lepra’. Ciertos síntomas
se parecerían a [...] [la] psoriasis [...] en vez de [la] lepra,
aunque ciertamente está incluida” (p. 706).
En el Antiguo Testamento se
encuentran instrucciones explícitas para el caso de aquéllos
a quienes el sacerdote diagnosticaba que tenían lepra. Eran expulsados
del hogar y de la sociedad (Núm. 5:1-4; 12:9-15; 2 Rey. 15:5), y
se les prohibía entrar en las ciudades (2 Rey. 7:3). El leproso
debía vestir ropa rasgada, dejar su cabello suelto y gritar: “¡Inmundo,
inmundo!”, si alguien se acercaba a él (Lev. 13:45, 46). Aparentemente,
esas convenciones estaban todavía en vigor en la época de
Jesús. Los diez leprosos que se encontraron con Jesús en
las afueras de cierta aldea se mantuvieron a distancia y le gritaron desde
allí (ver Luc. 17:12). Sin embargo, el leproso, en Marcos 1:40,
se acercó directamente a Jesús y le suplicó de rodillas
que lo limpiara.
Como seres humanos, todos tenemos
una enfermedad peor que la lepra, y ésta es el pecado. Sin embargo,
¿de qué forma un Dios santo y sin pecado responde y nos trata,
de todos modos?
El hecho de que Jesús
no sólo permitiera que el leproso se acercara a él sino también
le extendiera la mano y lo tocara –transgrediendo las convenciones profilácticas
de la época– muestra vívidamente la compasión del
Salvador. Nosotros tampoco debemos subestimar el poder sanador del toque.
Empleado con la discreción apropiada, el toque de amor –ya sea una
mano extendida o un abrazo– va mucho más allá que las palabras,
para muchas personas heridas.
Y aunque (en la mayoría
de los casos) ninguno de nosotros tiene el poder de curación sobrenatural
en su toque, como cristianos, todos debemos tener el poder del amor, la
compasión, la misericordia y el interés abnegado por los
demás. ¿Cuál es tu actitud hacia los leprosos modernos?
¿Qué necesitas cambiar en ti mismo para mostrarles la misma
compasión que demostró Jesús? ¿Por qué,
a menudo, es tan difícil de hacerlo? |
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Miércoles
6 de abril 2005
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El Paralítico (Mar. 2:1-12).
La historia del paralítico
que fue bajado por el techo entusiasma a la gente en todo lugar y de toda
edad. Es una historia de determinación e ingenio. No podemos sino
admirar a los cuatro hombres que, al no encontrar lugar para entrar donde
estaba Jesús, por estar la casa repleta de personas, se subieron
al techo y abrieron un boquete por el que bajaron al hombre en la camilla.
Y la historia tiene, además, un toque de humor: los maestros de
la ley, que ya se sentían fuera de su elemento por estar en medio
de la habitación atestada de personas comunes, no podían
creer cuando algunos trozos del techo comenzaron a caer sobre ellos y vieron
que alguien era bajado del techo.
Lee Marcos 2:1 al 12 con
detenimiento y oración. Ponte en la escena: imagínate que
estás sentado en el suelo, en esa habitación colmada. Viniste
para ver a Jesús de Nazaret, acerca de cuyos milagros la gente estaba
hablando por toda Galilea; pero lo que ocurrió ese día es
más asombroso que cualquier cosa que escuchaste acerca de Jesús.
¿Cuáles fueron
las primeras reacciones de los hombres que bajaron al paralítico?
¿Las posteriores? ¿La reacción del paralítico?
¿La reacción de los escribas? ¿La reacción
de la gente cuando vio y oyó a Jesús?
Jesús honró la
fe de los hombres que trajeron al paralítico, pero no en la forma
en que ellos esperaban. Él sabía lo que ellos no conocían:
que la carga mayor del paralítico era la espiritual. Por mucho que
el paralítico deseara ser sanado, su deseo de estar en paz con Dios
y tener la certeza de que sus pecados estaban perdonados era mucho mayor.
“Como el leproso, este paralítico
había perdido toda esperanza de restablecerse. Su enfermedad era
resultado de una vida de pecado, y sus sufrimientos eran amargados por
el remordimiento. Mucho antes, había apelado a los fariseos y los
doctores con la esperanza de recibir alivio de sus sufrimientos mentales
y físicos. Pero ellos lo habían declarado fríamente
incurable y abandonado a la ira de Dios. [...]
“Sin embargo, no era tanto la
curación física como el alivio de su carga de pecado lo que
deseaba. Si podía ver a Jesús, y recibir la seguridad del
perdón y de la paz con el Cielo, estaría contento de vivir
o de morir, según fuese la voluntad de Dios” (DTG 232, 233).
El estrés, la culpa,
el temor, la soledad, la ira, el resentimiento, los celos; todo puede tener
un efecto debilitador sobre la salud. ¿Qué promesas tenemos,
por medio de Jesús, que, si las reclamamos con fe, nos pueden ayudar
a traer curación al cuerpo y al alma? |
Leví Mateo (Mar. 2:13-21).
Leví también
es conocido como Mateo (ver Mat. 10:31). Como recolector de impuestos,
era miembro de un grupo despreciado. La gente odiaba a los publicanos por
dos razones: 1) Trabajaban para Roma, un poder extranjero que los dominaba.
Los recolectores de impuestos eran colaboradores del enemigo; y 2) Los
publicanos, a menudo, eran inescrupulosos. Los romanos seguían un
sistema que, en lugar de cobrar impuestos de cada persona directamente,
dependían de agentes que eran responsables por llevar a la tesorería
una suma estipulada. Mientras el publicano entregara a los romanos la cantidad
de impuestos señalada, podía exigir tanto dinero como pudiera
y podía guardar el sobrante para sí; de este modo, el sistema
se prestaba para los abusos. Los recolectores de impuestos llegaban a ser
ricos, al aprovecharse de sus conciudadanos.
El llamado de Jesús a
Leví Mateo debe de haber sorprendido a mucha gente, incluyendo a
sus seguidores. Además, Jesús fue a comer a la casa de Mateo,
que así le agradecía la invitación. Mateo invitó
a sus amigos –otros publicanos– y a los pecadores; es decir, gente ordinaria
a la que los fariseos despreciaban, pues ellos se preciaban de ser superiores
ante Dios. Su actitud hacia ellos era: “Esta gente, que no sabe nada de
la ley, está bajo maldición” (Juan 7:49, NVI).
Sin embargo, Jesús consideraba
a cada persona como un candidato para el Reino de los cielos, no importándole
cómo la veía la sociedad o los fariseos. “Los sanos no tienen
necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a
justos, sino a pecadores” (Mar. 2:17).
Explica la parábola de
Jesús acerca del paño nuevo y del vino nuevo (Mar. 2:21,
22), en el contexto de la sección de hoy.
Jesús no era uno más
en la línea de profetas de Israel; él era un profeta, pero
mucho más que eso. Esta novedad quebraba los viejos moldes de las
tradiciones religiosas y las convenciones de la sociedad, como las de despreciar
a ciertas clases de personas, aun violando los principios básicos
de la verdadera fe. Eventualmente, rompería los mismos odres de
la religión tradicional, cuando el evangelio fuera llevado a los
gentiles.
Algunas tradiciones humanas
de larga data, sólo por virtud de su antigüedad, pueden llegar
a integrar una fe de tal manera, que su violación parece un pecado.
¿Qué tradiciones humanas (si las hay), en el adventismo,
han tomado la apariencia de algo divino e inviolable? ¿Cuál
es el peligro cuando esto ocurre? ¿Cómo podemos ayudar a
la gente a discernir entre lo que es divino y lo que es sólo humano?
Ver también Marcos 7:7. |
Para Estudiar y Meditar:
Lucas abarca todo el material
de la lección de esta semana, y Mateo parcialmente. Compara sus
registros con el de Marcos: Mateo 8:14-17; Lucas 4:31-44; 5:12-38. Lee,
en El Deseado de todas las gentes, los capítulos “En Capernaum”,
“ ‘Puedes limpiarme’ ” y “Leví Mateo” (pp. 217-247).
Preguntas Para Dialogar:
¿Son los milagros la
prueba definitiva de que un líder religioso o una religión
son genuinos? ¿Qué lugar tendrán los milagros en los
eventos finales de la historia de este mundo? ¿Por qué debemos
ser muy cuidadosos acerca de cuánta fe depositamos en los milagros?
En tu clase, analiza con más
detalle la idea del peligro de tomar lo que son sólo tradiciones
humanas y convertirlas en obligaciones religiosas.
Todas las historias que hemos
estudiado esta semana involucran a personas consideradas de segunda clase
por la sociedad: el endemoniado, la suegra de Pedro (las mujeres eran consideradas
inferiores a los hombres), el leproso, el paralítico, Leví
Mateo. Los primeros cuatro relatos comprendieron curación física;
el último, curación espiritual. Pero lo irónico es
que los maestros de la religión, que pensaban que eran justos y
no tenían necesidad de médico, perdieron la oportunidad de
ser sanados por Jesús. Y, aunque es fácil para nosotros despreciar
aquí a los “justos”, ¿de qué modo podemos, por nuestras
actitudes hacia otros, revelar la misma clase de enfermedad espiritual
de aquellos dirigentes de Israel?
Resumen:
El contenido de esta lección
nos revela un cuadro magnífico de Jesús como el Hijo de Dios.
Con expresiones tales como inmediatamente y tan pronto como, Marcos crea
un informe ágil acerca de un Salvador dinámico que trae esperanza
y liberación a todos, aun cuando la sociedad lo rechazaba. Jesús,
el Hijo de Dios, echa fuera demonios y sana tanto el cuerpo como el alma. |