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Lección 2
Jesús
visto por Marcos
Para el 9 de abril del 2005

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Asombroso obrador de milagros
PARA MEMORIZAR
“Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” (Mar. 1:41).
Sábado 2 de abril 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Marcos 1:21-2:17.

HOMBRE DE ACCIÓN. Después de su breve introducción, Marcos se sumerge en el ministerio de Jesús en Galilea. Presenta como una serie de viñetas breves y llenas de acción, como un veloz informe de televisión.

Otra vez será instructivo comparar y contrastar el enfoque de Marcos con los de los otros escritores evangélicos. En el Evangelio de Mateo, el primer evento importante que se enfatiza en el ministerio de Jesús es el Sermón del Monte (Mateo 5-7), pero Marcos ni siquiera lo menciona. Lucas se concentra en el sermón de Jesús en Nazaret (Luc. 4:14-30), pero Marcos también lo pasa por alto. Para Juan, el milagro de la boda de Caná destaca el comienzo del ministerio de Jesús, pero Marcos ni siquiera lo menciona. Cada escritor de los evangelios, inspirado por el Espíritu Santo, crea un informe particular de la vida y la obra de este Hombre increíble, nuestro Señor y Salvador.

Un Vistazo a la Semana: ¿Qué prueba comenzó dando Jesús acerca de su poder? 
¿De qué modo la curación de la suegra de Pedro revela los principios de una vida cristiana? 
¿Cómo mostró Jesús el vínculo entre la vida espiritual y la física? 
¿De qué modo quebró Cristo algunas de las tradiciones antiguas de sus días?.


Domingo 3 de abril 2005

Jesús vino a nuestro mundo en una época en que las fuerzas del mal estaban creciendo, cuando los hombres y las mujeres eran mantenidos fuertemente en sus garras. Elena de White pinta un cuadro gráfico de esos tiempos: “El engaño del pecado había llegado a su culminación. Habían sido puestos en operación todos los medios de depravar a las almas de los hombres. El Hijo de Dios, mirando al mundo, contemplaba sufrimiento y miseria. Veía con compasión cómo los hombres habían llegado a ser víctimas de la crueldad satánica. [...] La misma estampa de los demonios estaba grabada en los rostros de los hombres, que reflejaban la expresión de las legiones del mal que los poseían” (DTG 27).

 En Marcos 1:21 al 28, ¿qué es lo primero que impresionó a la audiencia, para que afirmara que Jesús era alguien especial? Al mismo tiempo, ¿por qué no fue eso suficiente para demostrar realmente quién era?

Jesús vino como el máximo libertador de la humanidad. Él vino, no para ser servido, sino para servir; no para ser exaltado, sino para traer esperanza y sanidad. De este modo, encontramos que él estaba en constante conflicto con las fuerzas del mal, que luchaban con todas sus energías para retener su dominio sobre los seres humanos que poseían. Los demonios eran fuertes, pero Jesús era aún más poderoso.

 Lee cuidadosamente la curación del endemoniado en la sinagoga de Capernaum (Mar. 1:21-28). ¿De qué modo debía ayudar a demostrar su identidad?

Jesús eventualmente sería rechazado por muchas de las personas que había venido a liberar, porque ellas rehusarían reconocer verdaderamente quién era él, a pesar de la poderosa evidencia que habían recibido. En contraste, los demonios lo reconocieron, y se inclinaron ante su autoridad. ¡Qué ironía!

 El escritor cristiano C. S. Lewis contó cómo, cuando era ateo, otro ateo, hablándole acerca de Jesús, dijo algo como lo siguiente: “Bueno, C. S., usted sabe que hay mucha información histórica que respalda los informes de los evangelios acerca de la vida y la muerte de Jesús”. El amigo siguió alegremente su camino, al parecer sin ser afectado por las implicaciones de su propia declaración. Sin embargo, esto impactó profundamente a Lewis, que con el tiempo llegó a ser cristiano. ¿De qué manera estos datos concuerdan con la lección de hoy? ¿De qué modo nosotros, aun siendo cristianos, estamos en peligro de asumir una actitud similar a la del amigo ateo de Lewis; es decir, ignorar la poderosa evidencia que tenemos acerca de la obra y el poder de Dios?


Lunes 4 de abril 2005
La Suegra de Pedro (Mar. 1:29-39).
¿De qué manera la curación de la suegra de Pedro demuestra el interés y la atención personal que brindaba Jesús a las personas? Mar. 1:29-34.

Tan pronto como Jesús supo de la enfermedad de la suegra de Pedro, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. No postergó la acción hasta haber almorzado ese sábado, ni tomó tiempo para enseñar a los discípulos; en cambio, ella fue atendida primero. Junto a la cama, no le habló para sanarla: la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. ¡Qué sanador tierno y atento! Nota también que la curación no sólo fue inmediata, sino también completa. Con frecuencia, al estar las personas un tiempo con fiebre, quedan debilitadas. No ocurrió eso con la suegra de Pedro: ella se levantó e inmediatamente los sirvió.

Jesús hizo algo por la suegra de Pedro que ella no podía hacer por sí misma, y luego ella respondió. ¿De qué modo refleja esto lo que debe suceder en la vida cristiana? Ver Mat. 10:8; Juan 15:12; 1 Juan 5:2, 3.

¿Cuándo fue la última vez que alguien hizo algo realmente especial por ti, por lo cual quedaste inmensamente agradecido? ¿De qué manera respondiste, y por qué? ¿De qué manera tu respuesta también refleja lo que constituye la vida cristiana llena de gracia?

Al hacer estas cosas maravillosas, Jesús produjo que muchos lo siguieran. Los discípulos dijeron: Toda la gente te busca. Pero, ¿era realmente así? Cuando lees la historia completa de Jesús, es posible que algunas de estas mismas personas hayan estado entre los que, al fin, se apartaron de él. Buscar a Jesús por sí mismo no siempre es suficiente; se necesita algo más. ¿De qué modo la respuesta de la suegra de Pedro encierra la clave para resolver este problema potencial, y cómo se aplica a nuestra propia vida espiritual? Ver también Santiago 2:22.


Martes 5 de abril 2005
El Leproso (Mar. 1:40-45).
Estudia la curación del leproso relatada en Marcos 1:40 al 45. ¿Cómo se muestra la compasión de Jesús? ¿Por qué le hizo al hombre sanado una fuerte advertencia? ¿Cuál fue el resultado de este milagro?

En el Nuevo Testamento se usa la palabra griega lépra. Sin embargo, parece evidente que la palabra se usaba para diversas enfermedades que afectaban la piel. El Diccionario bíblico adventista, al referirse a la descripción de la lepra que se encuentra en Levítico 13, nota: “Los diversos síntomas [...] dan a entender que el término lepra se usaba, evidentemente, en un sentido más general que hoy. Algunos han sugerido que Lev. 13 abarca 7 enfermedades diferentes bajo el vocablo ‘lepra’. Ciertos síntomas se parecerían a [...] [la] psoriasis [...] en vez de [la] lepra, aunque ciertamente está incluida” (p. 706).

En el Antiguo Testamento se encuentran instrucciones explícitas para el caso de aquéllos a quienes el sacerdote diagnosticaba que tenían lepra. Eran expulsados del hogar y de la sociedad (Núm. 5:1-4; 12:9-15; 2 Rey. 15:5), y se les prohibía entrar en las ciudades (2 Rey. 7:3). El leproso debía vestir ropa rasgada, dejar su cabello suelto y gritar: “¡Inmundo, inmundo!”, si alguien se acercaba a él (Lev. 13:45, 46). Aparentemente, esas convenciones estaban todavía en vigor en la época de Jesús. Los diez leprosos que se encontraron con Jesús en las afueras de cierta aldea se mantuvieron a distancia y le gritaron desde allí (ver Luc. 17:12). Sin embargo, el leproso, en Marcos 1:40, se acercó directamente a Jesús y le suplicó de rodillas que lo limpiara.

Como seres humanos, todos tenemos una enfermedad peor que la lepra, y ésta es el pecado. Sin embargo, ¿de qué forma un Dios santo y sin pecado responde y nos trata, de todos modos?

El hecho de que Jesús no sólo permitiera que el leproso se acercara a él sino también le extendiera la mano y lo tocara –transgrediendo las convenciones profilácticas de la época– muestra vívidamente la compasión del Salvador. Nosotros tampoco debemos subestimar el poder sanador del toque. Empleado con la discreción apropiada, el toque de amor –ya sea una mano extendida o un abrazo– va mucho más allá que las palabras, para muchas personas heridas.

Y aunque (en la mayoría de los casos) ninguno de nosotros tiene el poder de curación sobrenatural en su toque, como cristianos, todos debemos tener el poder del amor, la compasión, la misericordia y el interés abnegado por los demás. ¿Cuál es tu actitud hacia los leprosos modernos? ¿Qué necesitas cambiar en ti mismo para mostrarles la misma compasión que demostró Jesús? ¿Por qué, a menudo, es tan difícil de hacerlo?


Miércoles 6 de abril 2005
El Paralítico (Mar. 2:1-12).

La historia del paralítico que fue bajado por el techo entusiasma a la gente en todo lugar y de toda edad. Es una historia de determinación e ingenio. No podemos sino admirar a los cuatro hombres que, al no encontrar lugar para entrar donde estaba Jesús, por estar la casa repleta de personas, se subieron al techo y abrieron un boquete por el que bajaron al hombre en la camilla. Y la historia tiene, además, un toque de humor: los maestros de la ley, que ya se sentían fuera de su elemento por estar en medio de la habitación atestada de personas comunes, no podían creer cuando algunos trozos del techo comenzaron a caer sobre ellos y vieron que alguien era bajado del techo.

 Lee Marcos 2:1 al 12 con detenimiento y oración. Ponte en la escena: imagínate que estás sentado en el suelo, en esa habitación colmada. Viniste para ver a Jesús de Nazaret, acerca de cuyos milagros la gente estaba hablando por toda Galilea; pero lo que ocurrió ese día es más asombroso que cualquier cosa que escuchaste acerca de Jesús.

¿Cuáles fueron las primeras reacciones de los hombres que bajaron al paralítico? ¿Las posteriores? ¿La reacción del paralítico? ¿La reacción de los escribas? ¿La reacción de la gente cuando vio y oyó a Jesús?

Jesús honró la fe de los hombres que trajeron al paralítico, pero no en la forma en que ellos esperaban. Él sabía lo que ellos no conocían: que la carga mayor del paralítico era la espiritual. Por mucho que el paralítico deseara ser sanado, su deseo de estar en paz con Dios y tener la certeza de que sus pecados estaban perdonados era mucho mayor.

“Como el leproso, este paralítico había perdido toda esperanza de restablecerse. Su enfermedad era resultado de una vida de pecado, y sus sufrimientos eran amargados por el remordimiento. Mucho antes, había apelado a los fariseos y los doctores con la esperanza de recibir alivio de sus sufrimientos mentales y físicos. Pero ellos lo habían declarado fríamente incurable y abandonado a la ira de Dios. [...]

“Sin embargo, no era tanto la curación física como el alivio de su carga de pecado lo que deseaba. Si podía ver a Jesús, y recibir la seguridad del perdón y de la paz con el Cielo, estaría contento de vivir o de morir, según fuese la voluntad de Dios” (DTG 232, 233).

El estrés, la culpa, el temor, la soledad, la ira, el resentimiento, los celos; todo puede tener un efecto debilitador sobre la salud. ¿Qué promesas tenemos, por medio de Jesús, que, si las reclamamos con fe, nos pueden ayudar a traer curación al cuerpo y al alma?


Jueves 7 de abril 2005
Leví Mateo (Mar. 2:13-21).
Leví también es conocido como Mateo (ver Mat. 10:31). Como recolector de impuestos, era miembro de un grupo despreciado. La gente odiaba a los publicanos por dos razones: 1) Trabajaban para Roma, un poder extranjero que los dominaba. Los recolectores de impuestos eran colaboradores del enemigo; y 2) Los publicanos, a menudo, eran inescrupulosos. Los romanos seguían un sistema que, en lugar de cobrar impuestos de cada persona directamente, dependían de agentes que eran responsables por llevar a la tesorería una suma estipulada. Mientras el publicano entregara a los romanos la cantidad de impuestos señalada, podía exigir tanto dinero como pudiera y podía guardar el sobrante para sí; de este modo, el sistema se prestaba para los abusos. Los recolectores de impuestos llegaban a ser ricos, al aprovecharse de sus conciudadanos.

El llamado de Jesús a Leví Mateo debe de haber sorprendido a mucha gente, incluyendo a sus seguidores. Además, Jesús fue a comer a la casa de Mateo, que así le agradecía la invitación. Mateo invitó a sus amigos –otros publicanos– y a los pecadores; es decir, gente ordinaria a la que los fariseos despreciaban, pues ellos se preciaban de ser superiores ante Dios. Su actitud hacia ellos era: “Esta gente, que no sabe nada de la ley, está bajo maldición” (Juan 7:49, NVI).

Sin embargo, Jesús consideraba a cada persona como un candidato para el Reino de los cielos, no importándole cómo la veía la sociedad o los fariseos. “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mar. 2:17).

Explica la parábola de Jesús acerca del paño nuevo y del vino nuevo (Mar. 2:21, 22), en el contexto de la sección de hoy.

Jesús no era uno más en la línea de profetas de Israel; él era un profeta, pero mucho más que eso. Esta novedad quebraba los viejos moldes de las tradiciones religiosas y las convenciones de la sociedad, como las de despreciar a ciertas clases de personas, aun violando los principios básicos de la verdadera fe. Eventualmente, rompería los mismos odres de la religión tradicional, cuando el evangelio fuera llevado a los gentiles.

 Algunas tradiciones humanas de larga data, sólo por virtud de su antigüedad, pueden llegar a integrar una fe de tal manera, que su violación parece un pecado. ¿Qué tradiciones humanas (si las hay), en el adventismo, han tomado la apariencia de algo divino e inviolable? ¿Cuál es el peligro cuando esto ocurre? ¿Cómo podemos ayudar a la gente a discernir entre lo que es divino y lo que es sólo humano? Ver también Marcos 7:7.


Viernes 8 de abril 2005
Para Estudiar y Meditar:
Lucas abarca todo el material de la lección de esta semana, y Mateo parcialmente. Compara sus registros con el de Marcos: Mateo 8:14-17; Lucas 4:31-44; 5:12-38. Lee, en El Deseado de todas las gentes, los capítulos “En Capernaum”, “ ‘Puedes limpiarme’ ” y “Leví Mateo” (pp. 217-247).

Preguntas Para Dialogar:
¿Son los milagros la prueba definitiva de que un líder religioso o una religión son genuinos? ¿Qué lugar tendrán los milagros en los eventos finales de la historia de este mundo? ¿Por qué debemos ser muy cuidadosos acerca de cuánta fe depositamos en los milagros?

En tu clase, analiza con más detalle la idea del peligro de tomar lo que son sólo tradiciones humanas y convertirlas en obligaciones religiosas.

Todas las historias que hemos estudiado esta semana involucran a personas consideradas de segunda clase por la sociedad: el endemoniado, la suegra de Pedro (las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres), el leproso, el paralítico, Leví Mateo. Los primeros cuatro relatos comprendieron curación física; el último, curación espiritual. Pero lo irónico es que los maestros de la religión, que pensaban que eran justos y no tenían necesidad de médico, perdieron la oportunidad de ser sanados por Jesús. Y, aunque es fácil para nosotros despreciar aquí a los “justos”, ¿de qué modo podemos, por nuestras actitudes hacia otros, revelar la misma clase de enfermedad espiritual de aquellos dirigentes de Israel?

Resumen:
El contenido de esta lección nos revela un cuadro magnífico de Jesús como el Hijo de Dios. Con expresiones tales como inmediatamente y tan pronto como, Marcos crea un informe ágil acerca de un Salvador dinámico que trae esperanza y liberación a todos, aun cuando la sociedad lo rechazaba. Jesús, el Hijo de Dios, echa fuera demonios y sana tanto el cuerpo como el alma. 

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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