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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Marcos 13:1-36.
UN PUEBLO DE LO APOCALÍPTICO.
Los adventistas del séptimo día son un pueblo apocalíptico;
es decir, creemos que este mundo no mejorará gradualmente, sino
que, al contrario, llegará a un fin repentino y dramático.
Pero, no será destruido por una guerra atómica, por un meteorito
proveniente del espacio exterior o alguna otra calamidad natural o provocada
por el hombre. Jesús mismo terminará con todas las cosas.
Él regresará a esta tierra con poder y gloria, y bajará
el telón del actual orden mundial. De todo esto, y a su debido tiempo
(después de los mil años de desolación predichos en
Apocalipsis 20), Dios hará un cielo y una tierra nuevos, para ser
el hogar eterno de su pueblo.
Nuestro mismo nombre, adventistas,
proclama al mundo que creemos que Jesús volverá; de hecho,
somos adventistas porque Jesús fue un adventista. El pasaje de las
Escrituras que estudiamos esta semana, junto con sus paralelos de Mateo
24 y Lucas 21, brinda un bosquejo sucinto del futuro, desde los mismos
días de Jesús hasta que regrese otra vez; y quien habla es
el mismo Jesús.
Un Vistazo a la Semana:
¿Cuál fue el contexto del discurso de Cristo acerca del fin
del mundo? ¿Qué esperanza ofreció en medio de la predicación
de todas estas escenas perturbadoras? ¿Cuán bien se ajusta
el mundo a las predicciones acerca de cómo serían las cosas
antes de su regreso?.
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Las Preguntas de los Discípulos
(Mar. 13:1-4).
¿Cuál fue el
contexto en el que Jesús hizo sus predicciones acerca del fin? Mar.
13:1-3.
Mateo registra que, cuando Jesús
concluyó con sus enseñanzas en el Templo, lloró sobre
la amada ciudad, profetizando: “He aquí vuestra casa os es dejada
desierta” (Mat. 23:38). Esta afirmación probablemente provocó
el comentario de los discípulos acerca de los macizos fundamentos
y los magníficos edificios del Templo, mientras se alejaban de él.
Aún hoy, cuando se visita Jerusalén y se camina cerca del
sitio donde estuvo emplazado el antiguo Templo, no podemos menos que quedar
impresionados por el tamaño y la grandiosidad de lo que fue ese
templo. Algunas de las piedras de los fundamentos han sido expuestas por
excavaciones, ¡y son enormes! Con razón los discípulos
se asombraron ante la predicción de Jesús de que todo aquello
sería derribado.
Compara el informe de Marcos
con el de Mateo (Mat. 24:1-3), y nota cuidadosamente las preguntas de los
discípulos. Ellos pensaban que estaban haciéndole una simple
pregunta a Jesús, pero Jesús hablaba no sólo acerca
de la destrucción de Jerusalén, sino también de su
segunda venida. ¿Por qué crees que vinculó ambos eventos?
A los discípulos les
parecía que los eventos que conducirían a la destrucción
del Templo y de la ciudad podrían ser tan catastróficos que
debían constituir el fin del mundo. En su opinión, la caída
de Jerusalén coincidiría con el regreso de Jesús a
la tierra. Pero estaban equivocados: de hecho, Jerusalén caería
y el Templo sería destruido, pero pasarían muchos años
más antes de que Jesús regresara. Es como la gente que viaja
a través de las planicies de la India y ve los montes Himalaya a
la distancia; piensan que ven la cumbre, pero sólo ven las primeras
estribaciones de la cadena. A medida que ascienden, ven otra cumbre más
adelante, y otra y otra más, cada una más alta que las anteriores.
Muy adentro, entre las montañas, y mucho más lejos de lo
que imaginaban, se levanta la cumbre del Monte Everest.
El marco contextual de las palabras
de Jesús es crítico para interpretar sus profecías
del fin. Su respuesta abarcaba ambos aspectos de la pregunta de los discípulos:
la caída de Jerusalén y su segunda venida. Su respuesta es
amplia: algunas predicciones son específicamente acerca de la caída
de Jerusalén, otras se refieren al fin del mundo y algunas se aplican
a ambos acontecimientos.
Habiendo señalado con
orgullo la estructura edilicia tan gloriosa del templo, así como
el centro físico de su fe, Cristo les dice a sus discípulos
que toda esa imponencia llegará a ser sólo un montón
de escombros. ¿Cuál es el principio espiritual que se encuentra
aquí, que también necesitamos recordar continuamente en nuestras
vidas? (Ver también Job 8:9; Jer. 7:3, 4; Sant. 4:14; 2 Ped. 3:10-12;
1 Juan 2:16, 17). |
Señales Del Fin (Mar.
13:5-13).
Estudia las palabras de Cristo
acerca de las señales del fin del mundo. En medio de toda la violencia,
la persecución y el derramamiento de sangre anunciados, él
dio a sus seguidores palabras de ánimo. ¿Cuáles fueron
esas palabras, distribuidas en el discurso, y qué clase de esperanza
nos ofrecen en medio de los terribles eventos que predijo Jesús
que ocurrirían en el mundo?
Jesús aclaró que
en el tiempo del fin habría malas noticias y buenas noticias: por
un lado, sus seguidores podrán esperar levantamientos en la esfera
social, política y natural. Todo estaría fuera de su curso
normal y la estabilidad sería una cosa del pasado. No obstante,
habría buenas noticias: el evangelio –el mensaje del amor de Dios
manifestado en Jesús, que murió por nuestros pecados– sería
proclamado a todas las naciones.
Hace tan sólo cien años,
la perspectiva de que el evangelio llegara a todas las naciones parecía
sumamente improbable, si no algo imposible. ¿Qué ha cambiado,
recientemente, que hace que el cumplimiento de esta predicción sea
más factible? ¿Qué tenemos ahora que las generaciones
anteriores no tenían?
Como cristianos, nos sentimos
doloridos, como muchas otras personas, por las guerras, los desastres naturales
y los traumas que Jesús dijo que ocurrirían. Sin embargo,
el hecho de que él nos haya hablado por anticipado de ellos y que,
en medio de todo esto, él brinde a sus seguidores palabras de ánimo,
debería ayudarnos a mantener nuestra fe, a pesar del terrible estado
en que se encuentra el mundo actualmente. Este principio se ve a lo largo
del Antiguo Testamento también. Profeta tras profeta advertían
acerca de destrucción, juicios, calamidades y otras dificultades,
pero casi siempre, en medio de las advertencias, dieron palabras de esperanza
a quienes de otro modo se hubieran sentido tentados a abandonar a Dios
(2 Crón. 7:13, 14; Jer. 29:10; 36:1-3; Amós 5:4). En otras
palabras, al leer este discurso, por deprimente que pueda parecer, en otro
sentido todavía ofrece muchas razones para tener esperanza.
En medio de las luchas, los
traumas y las pruebas que estás enfrentando ahora, ¿a qué
promesas y qué esperanzas, dadas por Dios, te estás aferrando,
que te mantienen avanzando aun en medio de tus sufrimientos? Escribe un
párrafo concentrándote sólo en la esperanza que tienes
en Cristo. |
La Caída de Jerusalén
(Mar. 13:11-19).
Aunque varios versículos
del pasaje para hoy podrían aplicarse a los seguidores de todos
los tiempos, algunos están específicamente referidos a la
caída de Jerusalén.
¿Cuál era una
de las señales específicas de la inminente destrucción
de Jerusalén que los seguidores de Cristo debían observar?
Mar. 13:14; ver también Mat. 24:15; Luc. 21:20.
Jesús habló acerca
de la abominación desoladora que mencionó Daniel, el profeta.
Ésta es una referencia a Daniel 9:27, donde el profeta habla acerca
de la destrucción de Jerusalén, por parte de los romanos,
que ocurriría muchos siglos después de haber recibido él
la visión. Sabemos esto porque Jesús mismo, en este pasaje,
muestra que esto es lo que revelaba.
Y los cristianos tomaron las
palabras de Jesús con seriedad. Cuando las nubes de tormenta se
avecinaban y finalmente los ejércitos romanos invadieron Jerusalén
durante los años 67 a 70 d.C., ellos estaban listos. La advertencia
de Jesús indicaba que cuando llegara el momento de salir, debían
hacerlo sin demora; y eso es lo que hicieron. Pero ¿cómo
podrían escapar de la ciudad, si ya estaba rodeada por soldados
extranjeros? El historiador judío Flavio Josefo, que vivió
durante la caída de Jerusalén, nos da una explicación:
“Josefo dice (Guerras, vi. 9. 3) que más de un millón de
personas perecieron durante el sitio y después del mismo, y que
unas 97.000 más fueron llevadas cautivas. Sin embargo, durante un
respiro temporario, cuando los romanos inesperadamente levantaron el sitio
de Jerusalén, todos los cristianos huyeron, y se dice que ninguno
de ellos perdió la vida. Se refugiaron en Pella, ciudad ubicada
en los cerros al este del río Jordán, a unos 30 km al sur
del mar de Galilea.
“Según informa Josefo
(Guerras vi. 9. 1), Tito, comandante de los ejércitos romanos, confesó
que ni sus ejércitos ni sus máquinas de guerra podrían
haber abierto una brecha en los muros de Jerusalén si Dios mismo
no lo hubiera querido. La tenaz defensa de la ciudad enfureció de
tal modo a los soldados romanos que, cuando finalmente pudieron entrar
en la ciudad, su afán de vengarse no tuvo límites” (5 CBA
487, 488).
El sitio de Jerusalén
fue una de las devastaciones más brutales de toda la historia. Mujeres,
niños y bebés murieron de hambre. Las familias se asesinaban
unas a otras por un bocado de comida, incluyendo el estiércol de
las palomas. Y, no obstante, Dios sabía todo por adelantado, como
lo muestran las profecías de Daniel y de Jesús. Entonces,
¿cómo explicarías tú, que eres cristiano, a
un no cristiano, el hecho de que un Dios amante, sabiéndolo de antemano,
fuera a permitir que sucediera? ¿De qué modo reconcilias
en tu mente esta clase de tragedias con un Dios amante y todopoderoso? |
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Miércoles
1 de junio 2005
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La Segunda Venida (Mar.
13:19-27).
Aunque no podemos precisar
en cada declaración de las predicciones de Jesús en Marcos
13, si se refiere a la caída de Jerusalén o a la Segunda
Venida, el sentido general del capítulo es claro. Después
de dar señales de una naturaleza más general, él da
evidencias específicas para indicar la toma de Jerusalén
(vers. 14-18). Luego, avanza hacia el fin del mundo al presentar declaraciones
directas y sin ambigüedades con respecto a la Segunda Venida (vers.
26, 27).
Estudia Marcos 13:14 al 27,
recordando que Jesús, allí, ha dejado atrás el tema
de la caída de Jerusalén. Abajo, resume la esencia de lo
que Jesús dijo que ocurriría en el futuro, antes de su regreso.
No te concentres en los detalles, sino en el estado general del mundo.
Lee cuidadosamente y con oración
el versículo 23. Considera lo que precede: una descripción
de una época terrible de aflicción, violencia, falsos cristos,
y falsas señales y milagros tan engañosos, que hasta los
elegidos correrían el peligro de ser engañados. Y, sin embargo,
después de esto, Jesús básicamente dice: Consideren
las cosas terribles que estarán sucediendo, pero no se desanimen
ni abandonen su fe, porque yo les estoy diciendo de antemano que eso ocurrirá.
Otra vez, aun en medio de tan severas advertencias, Dios está dando
a su pueblo razones para mantener la esperanza. Por cuanto él dijo
que estas cosas ocurrirían, ellas, a su manera, ayudan a probar
la veracidad de lo que dijo Jesús (ver también Juan 13:19).
Y debemos recordar que no debemos concentrarnos sólo en estos eventos,
sino en el evento hacia el que están apuntando: la segunda venida
de Cristo.
La poetisa rusa Anna Akhmatova,
escribiendo durante una terrible crisis en su patria (“Todo está
saqueado, traicionado, vendido”), reflexiona: “¿Por qué,
entonces, no desesperamos?” Su respuesta fue: “Día tras día,
de los bosques circunvecinos, / los cerezos arrojan el verano a los pueblos;
/de noche los cielos profundamente transparentes/ brillan con nuevas galaxias”.–Poems
of Akhmatova, p. 73. ¿De dónde derivaba ella su esperanza?
¿Qué tenemos, como cristianos, que nos debería dar
una esperanza aun mayor? |
Esperando su Venida (Mar.
13:28-37).
¿Qué lección
nos enseña la higuera? ¿Por qué no sabemos la fecha
exacta de la venida de Jesús? (vers. 28, 29, 32, 33). ¿Por
qué no sería bueno conocer la fecha exacta del retorno de
Cristo?
La naturaleza misma nos alerta
acerca de la segunda venida de Cristo, si sólo abrimos los ojos
para comprender. Cada año, cuando la tierra produce un nuevo reverdecer,
sabemos que el verano está acercándose. No sabemos cuándo
vendrán los días más calurosos, pero podemos estar
absolutamente seguros de que vendrán. Aun así, las señales
del regreso de Jesús se han estado acumulando a lo largo de los
siglos, y podemos saber que su venida los sucederá tan ciertamente
como el verano sigue al invierno.
Durante el largo ministerio
de Elena de White, ella afrontó diversos intentos de fijar fechas
para la Segunda Venida. Ella rehusó caer presa de ninguna de esas
especulaciones; en cambio, instruyó a los adventistas para que se
cuidaran de ellas. En un sermón predicado en Lansing, Michigan,
EE.UU., en 1891, ella nos aconsejó prestar más atención
a cómo vivimos día tras día. El sermón, titulado
“No os toca saber los tiempos y las sazones”, estaba basado en las palabras
de Jesús en Hechos 1:8, e incluía el siguiente consejo: “Vez
tras vez, se me ha amonestado acerca de fijar fechas. Nunca más
habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo.
No hemos de saber el tiempo definido, ya sea del derramamiento del Espíritu
Santo o de la venida de Cristo. [...]
“No hemos de vivir dependiendo
de la excitación originada por fechas especiales. No hemos de enfrascarnos
en especulaciones en cuanto a los tiempos y las sazones que no ha revelado
Dios. Jesús ha dicho a sus discípulos que velen, pero no
fijándose en una fecha definida. Sus seguidores han de estar en
la posición de los que están atentos a las órdenes
de su Capitán. Han de velar, esperar, orar y trabajar a medida que
se acercan al tiempo de la venida del Señor, pero nadie podrá
predecir precisamente cuándo será ese tiempo, pues ‘no sabéis
el día ni la hora’. No podréis decir que Cristo vendrá
dentro de uno, dos o cinco años; tampoco debéis posponer
su venida diciendo que quizá no se produzca ni en diez ni en veinte
años” (1 MS 220-222).
¿Qué palabra clave
usó Jesús para describir la actitud que debemos tener mientras
esperamos su retorno? Mar. 13:34-37
La parábola de Jesús
acerca del hombre que se fue lejos y dejó a sus siervos a cargo
de las tareas enseña la lección del mismo modo que la ilustración
de la higuera. El regreso del Maestro es absolutamente cierto, pero no
podemos saber cuándo sucederá exactamente. Cada día
que pasa, la Segunda Venida se acerca un día más.
En la parábola de Jesús,
velar significaba estar listo para abrir la puerta cuando llegara el dueño.
¿Qué significa velar para nosotros, hoy? ¿Qué
cosas pueden hacernos caer dormidos y cómo podemos evitarlas? |
Para Estudiar y Meditar:
Compara el informe de Marcos del discurso del Monte de los Olivos con los
relatos paralelos de Mateo 24:1 al 51 y Lucas 21:5 al 36. Lee, en El Deseado
de todas las gentes, el capítulo “En el monte de los Olivos” (pp.
581-591).
En el discurso de las señales
que apuntaban a la segunda venida de Cristo, es importante no concentrarse
tanto en la oscuridad y la lobreguez, que nos olvidemos de la gran esperanza
que hay delante de nosotros: la vida eterna en Cristo: “No es extraño,
entonces, que el Nuevo Testamento venga adornado de promesas de vida eterna
(Juan 6:54; Juan 10:28; Luc. 18:30; Juan 3:16; 1 Juan 5:13; 1 Tim. 1:16;
Rom. 6:22; Tito 3:7, y muchos otros), porque sólo lo eterno garantiza
la restitución. Un millón o un billón de años
pueden no contener suficientes buenos momentos para reemplazar los males
que sufrimos aquí. Sólo la eternidad puede equilibrar todas
las cosas y algo más, porque lo infinito es más que lo finito,
y siempre es infinitamente así”.–Adventist Review (28 de febrero
de 2002), p. 22.
Preguntas Para Dialogar:
En la cita que acabas de leer,
tomada de la Adventist Review, ¿qué nos está señalando
el autor? Como clase, analiza la esperanza de la que está hablando.
De todas las señales
dadas en esta lección acerca de la venida de Jesús, ¿cuáles
ves claramente que todavía no se han cumplido? ¿Qué
podemos hacer, como iglesia o como personas, para ayudar a su cumplimiento?
¿Estamos colaborando, o somos parte de la razón por la que
estamos todavía aquí? Justifica tu respuesta.
¿De qué modo podemos
mantener el sentido de la inminencia de la Segunda Venida sin caer en la
histeria del tiempo del fin?
Resumen:
El énfasis que hacen
los adventistas en la segunda venida de Cristo no está mal orientado.
Se origina en Jesús, nuestro Salvador y Señor, y para él
era una parte vital de la verdad. Precisamente antes del fin de su vida,
Jesús dio un prolongado discurso a Pedro, Andrés, Santiago
y Juan, dando a ellos y a sus seguidores de todos los tiempos una vislumbre
del futuro. Ese futuro traería, en primer lugar, la caída
de Jerusalén; pero los cristianos sabrían cuándo estaría
próxima, para huir y salvar sus vidas. Después de ese evento
culminante, ocurriría un período de angustia, pero el fin
definitivo vendría a la hora que Dios determinara. |