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Lección 10
Jesús
visto por Marcos
Para el 4 de junio del 2005
 

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Predicciones del fin
PARA MEMORIZAR
“Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (Mar. 13:10). 
Sábado 28 de mayo 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Marcos 13:1-36.

UN PUEBLO DE LO APOCALÍPTICO. Los adventistas del séptimo día son un pueblo apocalíptico; es decir, creemos que este mundo no mejorará gradualmente, sino que, al contrario, llegará a un fin repentino y dramático. Pero, no será destruido por una guerra atómica, por un meteorito proveniente del espacio exterior o alguna otra calamidad natural o provocada por el hombre. Jesús mismo terminará con todas las cosas. Él regresará a esta tierra con poder y gloria, y bajará el telón del actual orden mundial. De todo esto, y a su debido tiempo (después de los mil años de desolación predichos en Apocalipsis 20), Dios hará un cielo y una tierra nuevos, para ser el hogar eterno de su pueblo.

Nuestro mismo nombre, adventistas, proclama al mundo que creemos que Jesús volverá; de hecho, somos adventistas porque Jesús fue un adventista. El pasaje de las Escrituras que estudiamos esta semana, junto con sus paralelos de Mateo 24 y Lucas 21, brinda un bosquejo sucinto del futuro, desde los mismos días de Jesús hasta que regrese otra vez; y quien habla es el mismo Jesús.

Un Vistazo a la Semana: ¿Cuál fue el contexto del discurso de Cristo acerca del fin del mundo? ¿Qué esperanza ofreció en medio de la predicación de todas estas escenas perturbadoras? ¿Cuán bien se ajusta el mundo a las predicciones acerca de cómo serían las cosas antes de su regreso?.
 


Domingo 29 de mayo 2005
Las Preguntas de los Discípulos (Mar. 13:1-4).
¿Cuál fue el contexto en el que Jesús hizo sus predicciones acerca del fin? Mar. 13:1-3.

Mateo registra que, cuando Jesús concluyó con sus enseñanzas en el Templo, lloró sobre la amada ciudad, profetizando: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mat. 23:38). Esta afirmación probablemente provocó el comentario de los discípulos acerca de los macizos fundamentos y los magníficos edificios del Templo, mientras se alejaban de él. Aún hoy, cuando se visita Jerusalén y se camina cerca del sitio donde estuvo emplazado el antiguo Templo, no podemos menos que quedar impresionados por el tamaño y la grandiosidad de lo que fue ese templo. Algunas de las piedras de los fundamentos han sido expuestas por excavaciones, ¡y son enormes! Con razón los discípulos se asombraron ante la predicción de Jesús de que todo aquello sería derribado.

Compara el informe de Marcos con el de Mateo (Mat. 24:1-3), y nota cuidadosamente las preguntas de los discípulos. Ellos pensaban que estaban haciéndole una simple pregunta a Jesús, pero Jesús hablaba no sólo acerca de la destrucción de Jerusalén, sino también de su segunda venida. ¿Por qué crees que vinculó ambos eventos?

A los discípulos les parecía que los eventos que conducirían a la destrucción del Templo y de la ciudad podrían ser tan catastróficos que debían constituir el fin del mundo. En su opinión, la caída de Jerusalén coincidiría con el regreso de Jesús a la tierra. Pero estaban equivocados: de hecho, Jerusalén caería y el Templo sería destruido, pero pasarían muchos años más antes de que Jesús regresara. Es como la gente que viaja a través de las planicies de la India y ve los montes Himalaya a la distancia; piensan que ven la cumbre, pero sólo ven las primeras estribaciones de la cadena. A medida que ascienden, ven otra cumbre más adelante, y otra y otra más, cada una más alta que las anteriores. Muy adentro, entre las montañas, y mucho más lejos de lo que imaginaban, se levanta la cumbre del Monte Everest.

El marco contextual de las palabras de Jesús es crítico para interpretar sus profecías del fin. Su respuesta abarcaba ambos aspectos de la pregunta de los discípulos: la caída de Jerusalén y su segunda venida. Su respuesta es amplia: algunas predicciones son específicamente acerca de la caída de Jerusalén, otras se refieren al fin del mundo y algunas se aplican a ambos acontecimientos.

Habiendo señalado con orgullo la estructura edilicia tan gloriosa del templo, así como el centro físico de su fe, Cristo les dice a sus discípulos que toda esa imponencia llegará a ser sólo un montón de escombros. ¿Cuál es el principio espiritual que se encuentra aquí, que también necesitamos recordar continuamente en nuestras vidas? (Ver también Job 8:9; Jer. 7:3, 4; Sant. 4:14; 2 Ped. 3:10-12; 1 Juan 2:16, 17).


Lunes 30 de mayo 2005
Señales Del Fin (Mar. 13:5-13).
Estudia las palabras de Cristo acerca de las señales del fin del mundo. En medio de toda la violencia, la persecución y el derramamiento de sangre anunciados, él dio a sus seguidores palabras de ánimo. ¿Cuáles fueron esas palabras, distribuidas en el discurso, y qué clase de esperanza nos ofrecen en medio de los terribles eventos que predijo Jesús que ocurrirían en el mundo?

Jesús aclaró que en el tiempo del fin habría malas noticias y buenas noticias: por un lado, sus seguidores podrán esperar levantamientos en la esfera social, política y natural. Todo estaría fuera de su curso normal y la estabilidad sería una cosa del pasado. No obstante, habría buenas noticias: el evangelio –el mensaje del amor de Dios manifestado en Jesús, que murió por nuestros pecados– sería proclamado a todas las naciones.

Hace tan sólo cien años, la perspectiva de que el evangelio llegara a todas las naciones parecía sumamente improbable, si no algo imposible. ¿Qué ha cambiado, recientemente, que hace que el cumplimiento de esta predicción sea más factible? ¿Qué tenemos ahora que las generaciones anteriores no tenían?

Como cristianos, nos sentimos doloridos, como muchas otras personas, por las guerras, los desastres naturales y los traumas que Jesús dijo que ocurrirían. Sin embargo, el hecho de que él nos haya hablado por anticipado de ellos y que, en medio de todo esto, él brinde a sus seguidores palabras de ánimo, debería ayudarnos a mantener nuestra fe, a pesar del terrible estado en que se encuentra el mundo actualmente. Este principio se ve a lo largo del Antiguo Testamento también. Profeta tras profeta advertían acerca de destrucción, juicios, calamidades y otras dificultades, pero casi siempre, en medio de las advertencias, dieron palabras de esperanza a quienes de otro modo se hubieran sentido tentados a abandonar a Dios (2 Crón. 7:13, 14; Jer. 29:10; 36:1-3; Amós 5:4). En otras palabras, al leer este discurso, por deprimente que pueda parecer, en otro sentido todavía ofrece muchas razones para tener esperanza.

En medio de las luchas, los traumas y las pruebas que estás enfrentando ahora, ¿a qué promesas y qué esperanzas, dadas por Dios, te estás aferrando, que te mantienen avanzando aun en medio de tus sufrimientos? Escribe un párrafo concentrándote sólo en la esperanza que tienes en Cristo.


Martes 31 de mayo 2005
La Caída de Jerusalén (Mar. 13:11-19).
Aunque varios versículos del pasaje para hoy podrían aplicarse a los seguidores de todos los tiempos, algunos están específicamente referidos a la caída de Jerusalén.

¿Cuál era una de las señales específicas de la inminente destrucción de Jerusalén que los seguidores de Cristo debían observar? Mar. 13:14; ver también Mat. 24:15; Luc. 21:20.

Jesús habló acerca de la abominación desoladora que mencionó Daniel, el profeta. Ésta es una referencia a Daniel 9:27, donde el profeta habla acerca de la destrucción de Jerusalén, por parte de los romanos, que ocurriría muchos siglos después de haber recibido él la visión. Sabemos esto porque Jesús mismo, en este pasaje, muestra que esto es lo que revelaba.

Y los cristianos tomaron las palabras de Jesús con seriedad. Cuando las nubes de tormenta se avecinaban y finalmente los ejércitos romanos invadieron Jerusalén durante los años 67 a 70 d.C., ellos estaban listos. La advertencia de Jesús indicaba que cuando llegara el momento de salir, debían hacerlo sin demora; y eso es lo que hicieron. Pero ¿cómo podrían escapar de la ciudad, si ya estaba rodeada por soldados extranjeros? El historiador judío Flavio Josefo, que vivió durante la caída de Jerusalén, nos da una explicación: “Josefo dice (Guerras, vi. 9. 3) que más de un millón de personas perecieron durante el sitio y después del mismo, y que unas 97.000 más fueron llevadas cautivas. Sin embargo, durante un respiro temporario, cuando los romanos inesperadamente levantaron el sitio de Jerusalén, todos los cristianos huyeron, y se dice que ninguno de ellos perdió la vida. Se refugiaron en Pella, ciudad ubicada en los cerros al este del río Jordán, a unos 30 km al sur del mar de Galilea.

“Según informa Josefo (Guerras vi. 9. 1), Tito, comandante de los ejércitos romanos, confesó que ni sus ejércitos ni sus máquinas de guerra podrían haber abierto una brecha en los muros de Jerusalén si Dios mismo no lo hubiera querido. La tenaz defensa de la ciudad enfureció de tal modo a los soldados romanos que, cuando finalmente pudieron entrar en la ciudad, su afán de vengarse no tuvo límites” (5 CBA 487, 488).

El sitio de Jerusalén fue una de las devastaciones más brutales de toda la historia. Mujeres, niños y bebés murieron de hambre. Las familias se asesinaban unas a otras por un bocado de comida, incluyendo el estiércol de las palomas. Y, no obstante, Dios sabía todo por adelantado, como lo muestran las profecías de Daniel y de Jesús. Entonces, ¿cómo explicarías tú, que eres cristiano, a un no cristiano, el hecho de que un Dios amante, sabiéndolo de antemano, fuera a permitir que sucediera? ¿De qué modo reconcilias en tu mente esta clase de tragedias con un Dios amante y todopoderoso?


Miércoles 1 de junio 2005
La Segunda Venida (Mar. 13:19-27).
Aunque no podemos precisar en cada declaración de las predicciones de Jesús en Marcos 13, si se refiere a la caída de Jerusalén o a la Segunda Venida, el sentido general del capítulo es claro. Después de dar señales de una naturaleza más general, él da evidencias específicas para indicar la toma de Jerusalén (vers. 14-18). Luego, avanza hacia el fin del mundo al presentar declaraciones directas y sin ambigüedades con respecto a la Segunda Venida (vers. 26, 27).

Estudia Marcos 13:14 al 27, recordando que Jesús, allí, ha dejado atrás el tema de la caída de Jerusalén. Abajo, resume la esencia de lo que Jesús dijo que ocurriría en el futuro, antes de su regreso. No te concentres en los detalles, sino en el estado general del mundo.

Lee cuidadosamente y con oración el versículo 23. Considera lo que precede: una descripción de una época terrible de aflicción, violencia, falsos cristos, y falsas señales y milagros tan engañosos, que hasta los elegidos correrían el peligro de ser engañados. Y, sin embargo, después de esto, Jesús básicamente dice: Consideren las cosas terribles que estarán sucediendo, pero no se desanimen ni abandonen su fe, porque yo les estoy diciendo de antemano que eso ocurrirá. Otra vez, aun en medio de tan severas advertencias, Dios está dando a su pueblo razones para mantener la esperanza. Por cuanto él dijo que estas cosas ocurrirían, ellas, a su manera, ayudan a probar la veracidad de lo que dijo Jesús (ver también Juan 13:19). Y debemos recordar que no debemos concentrarnos sólo en estos eventos, sino en el evento hacia el que están apuntando: la segunda venida de Cristo.

La poetisa rusa Anna Akhmatova, escribiendo durante una terrible crisis en su patria (“Todo está saqueado, traicionado, vendido”), reflexiona: “¿Por qué, entonces, no desesperamos?” Su respuesta fue: “Día tras día, de los bosques circunvecinos, / los cerezos arrojan el verano a los pueblos; /de noche los cielos profundamente transparentes/ brillan con nuevas galaxias”.–Poems of Akhmatova, p. 73. ¿De dónde derivaba ella su esperanza? ¿Qué tenemos, como cristianos, que nos debería dar una esperanza aun mayor?


Jueves 2 de junio 2005
Esperando su Venida (Mar. 13:28-37).
¿Qué lección nos enseña la higuera? ¿Por qué no sabemos la fecha exacta de la venida de Jesús? (vers. 28, 29, 32, 33). ¿Por qué no sería bueno conocer la fecha exacta del retorno de Cristo?

La naturaleza misma nos alerta acerca de la segunda venida de Cristo, si sólo abrimos los ojos para comprender. Cada año, cuando la tierra produce un nuevo reverdecer, sabemos que el verano está acercándose. No sabemos cuándo vendrán los días más calurosos, pero podemos estar absolutamente seguros de que vendrán. Aun así, las señales del regreso de Jesús se han estado acumulando a lo largo de los siglos, y podemos saber que su venida los sucederá tan ciertamente como el verano sigue al invierno.

Durante el largo ministerio de Elena de White, ella afrontó diversos intentos de fijar fechas para la Segunda Venida. Ella rehusó caer presa de ninguna de esas especulaciones; en cambio, instruyó a los adventistas para que se cuidaran de ellas. En un sermón predicado en Lansing, Michigan, EE.UU., en 1891, ella nos aconsejó prestar más atención a cómo vivimos día tras día. El sermón, titulado “No os toca saber los tiempos y las sazones”, estaba basado en las palabras de Jesús en Hechos 1:8, e incluía el siguiente consejo: “Vez tras vez, se me ha amonestado acerca de fijar fechas. Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo. No hemos de saber el tiempo definido, ya sea del derramamiento del Espíritu Santo o de la venida de Cristo. [...]

“No hemos de vivir dependiendo de la excitación originada por fechas especiales. No hemos de enfrascarnos en especulaciones en cuanto a los tiempos y las sazones que no ha revelado Dios. Jesús ha dicho a sus discípulos que velen, pero no fijándose en una fecha definida. Sus seguidores han de estar en la posición de los que están atentos a las órdenes de su Capitán. Han de velar, esperar, orar y trabajar a medida que se acercan al tiempo de la venida del Señor, pero nadie podrá predecir precisamente cuándo será ese tiempo, pues ‘no sabéis el día ni la hora’. No podréis decir que Cristo vendrá dentro de uno, dos o cinco años; tampoco debéis posponer su venida diciendo que quizá no se produzca ni en diez ni en veinte años” (1 MS 220-222).

¿Qué palabra clave usó Jesús para describir la actitud que debemos tener mientras esperamos su retorno? Mar. 13:34-37

La parábola de Jesús acerca del hombre que se fue lejos y dejó a sus siervos a cargo de las tareas enseña la lección del mismo modo que la ilustración de la higuera. El regreso del Maestro es absolutamente cierto, pero no podemos saber cuándo sucederá exactamente. Cada día que pasa, la Segunda Venida se acerca un día más.

En la parábola de Jesús, velar significaba estar listo para abrir la puerta cuando llegara el dueño. ¿Qué significa velar para nosotros, hoy? ¿Qué cosas pueden hacernos caer dormidos y cómo podemos evitarlas?


Viernes 3 de junio 2005
Para Estudiar y Meditar:  Compara el informe de Marcos del discurso del Monte de los Olivos con los relatos paralelos de Mateo 24:1 al 51 y Lucas 21:5 al 36. Lee, en El Deseado de todas las gentes, el capítulo “En el monte de los Olivos” (pp. 581-591).

En el discurso de las señales que apuntaban a la segunda venida de Cristo, es importante no concentrarse tanto en la oscuridad y la lobreguez, que nos olvidemos de la gran esperanza que hay delante de nosotros: la vida eterna en Cristo: “No es extraño, entonces, que el Nuevo Testamento venga adornado de promesas de vida eterna (Juan 6:54; Juan 10:28; Luc. 18:30; Juan 3:16; 1 Juan 5:13; 1 Tim. 1:16; Rom. 6:22; Tito 3:7, y muchos otros), porque sólo lo eterno garantiza la restitución. Un millón o un billón de años pueden no contener suficientes buenos momentos para reemplazar los males que sufrimos aquí. Sólo la eternidad puede equilibrar todas las cosas y algo más, porque lo infinito es más que lo finito, y siempre es infinitamente así”.–Adventist Review (28 de febrero de 2002), p. 22.

Preguntas Para Dialogar:
En la cita que acabas de leer, tomada de la Adventist Review, ¿qué nos está señalando el autor? Como clase, analiza la esperanza de la que está hablando.

De todas las señales dadas en esta lección acerca de la venida de Jesús, ¿cuáles ves claramente que todavía no se han cumplido? ¿Qué podemos hacer, como iglesia o como personas, para ayudar a su cumplimiento? ¿Estamos colaborando, o somos parte de la razón por la que estamos todavía aquí? Justifica tu respuesta.

¿De qué modo podemos mantener el sentido de la inminencia de la Segunda Venida sin caer en la histeria del tiempo del fin?

Resumen:
El énfasis que hacen los adventistas en la segunda venida de Cristo no está mal orientado. Se origina en Jesús, nuestro Salvador y Señor, y para él era una parte vital de la verdad. Precisamente antes del fin de su vida, Jesús dio un prolongado discurso a Pedro, Andrés, Santiago y Juan, dando a ellos y a sus seguidores de todos los tiempos una vislumbre del futuro. Ese futuro traería, en primer lugar, la caída de Jerusalén; pero los cristianos sabrían cuándo estaría próxima, para huir y salvar sus vidas. Después de ese evento culminante, ocurriría un período de angustia, pero el fin definitivo vendría a la hora que Dios determinara. 

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
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