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Lección 8
Redención
Para el 19 de febrero del 2005
 

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Oscuridad a mediodía
PARA MEMORIZAR
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46). 
Sábado 12 de febrero 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Mat. 27:42, 45; Mar. 15:31; 5:33; Luc. 23:44.

PARA AQUÉLLOS QUE QUIEREN ESCUCHARLA, la naturaleza habla con elocuencia acerca del carácter de Dios. Es como un altavoz, saturando nuestros sentidos con mensajes sublimes acerca de quién creó todas las cosas. Pero aun en su plenitud y belleza, las palabras de la naturaleza a menudo son acalladas y, a veces, por causa de la “estática”, las señales son muy mal interpretadas.

En contraste, la Cruz es la revelación definitiva de nuestro Creador para la humanidad. Sólo cuando captamos la increíble realidad de que el Hombre que pende de la Cruz también es Dios –aquél por quien todas las cosas fueron creadas, tanto en el cielo como en la tierra– podemos comenzar a comprender las verdades acerca de este Dios, que la puesta de sol más espectacular o la flor más exótica nunca podrían alcanzar a revelar. Además, al entender la clase de muerte que Cristo murió en su humanidad y por qué estuvo de acuerdo en sufrirla, aprendemos lecciones acerca de nuestro Dios que sobrepasan cualquier cosa que pudiera enseñarnos las maravillas de la naturaleza.

Un Vistazo a la Semana: ¿Qué ironía se observa en las burlas de los líderes contra Jesús? ¿Qué fue lo que provocó la oscuridad que lo rodeó? ¿Cuál fue el significado de su clamor: “¿Por qué me has desamparado?” ¿Qué nos enseña la Cruz acerca de la naturaleza del pecado?.


Domingo 13 de febrero 2005
“Él Salvó a Otros”.
Después de los juicios falsos, Jesús fue llevado por la Vía Dolorosa hasta el Gólgota, “el lugar de la calavera”, donde fue crucificado. Poco sabían sus asesinos lo que estaban haciendo. Sin duda, el conocer la ignorancia de ellos fue parte de la razón por la que Jesús clamó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). Sin embargo, su ignorancia no los excusará en el día del juicio, porque tuvieron muchas oportunidades de conocer la verdad. Si quienes nunca vieron a Jesús serán condenados por no creer (Juan 3:18), imagínate la suerte de aquéllos que lo rechazaron mientras él vivía entre ellos.

Mientras Jesús colgaba de la cruz, afrontó muchas burlas, tales como las descritas en Mateo 27:42, Marcos 15:31 y Lucas 23:35. Aunque eran insultos, ¿qué gran verdad estaban expresando estos hombres, en su ignorancia?

Él salvó a otros, pero no pudo salvarse a sí mismo. Es cierto: él no podría haber salvado a otros y a sí mismo al mismo tiempo. Tenía que ser lo uno o lo otro, pero no ambos.

Jesús podría haber elegido no ofrecerse como sacrificio por los pecados del mundo (ver Juan 10:17, 18; Mat. 26:39; Heb. 7:27; Gál. 2:20), pero entonces el mundo se habría perdido. Sólo ofreciéndose a sí mismo podía salvar a “otros”. No había otro camino.

Aunque pronunciadas como burla y con odio, aquellas palabras expresaron la verdad más grande de todos los tiempos: si Cristo quería salvar al mundo, sólo podía hacerlo en la Cruz.

En Mateo 26:39, Jesús pidió que, si era posible, la copa pasara sin tener que tomarla. Obviamente, esto no era posible, no en el sentido de que él no tuviera posibilidad de elección en este asunto (si él no podía elegir, ¿por qué molestarse en expresar esta oración?), sino en el sentido de que no le era posible evitarla, si había de salvar al mundo. Con esta idea en mente, lee también Marcos 8:31, Lucas 24:7 y Juan 3:14. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de cuán necesaria era la muerte de Cristo para nuestra salvación?


Lunes 14 de febrero 2005
Oscuridad a Mediodía.   Lee Mateo 27:45, Marcos 15:33 y Lucas 23:44. Según estos tres textos, ¿qué fenómeno ocurrió? ¿Cuál es el significado espiritual de este evento?

En la Biblia, la oscuridad es un símbolo del mal, de la separación de Dios, que es luz y en quien “no hay ningunas tinieblas” (1 Juan 1:5); de hecho, Jesús habló de “las tinieblas de afuera” (Mat. 8:12; 22:13) como una expresión del infierno. En un sentido, Jesús en la cruz llegó al infierno por nosotros; es decir, sufrió la penalidad del pecado que aquéllos que estén en el infierno tendrán que afrontar ellos mismos.

Lee los siguientes textos. ¿Qué indican que ocurrió en la Cruz, que puede ayudar a explicar el significado de esa oscuridad sobrenatural que apareció durante la crucifixión de Cristo? Isa. 59:2; 2 Cor. 5:21; Gál. 3:13.

La oscuridad, entonces, es un símbolo exterior de las tinieblas espirituales que rodearon al Hijo de Dios mientras cargaba todo el peso de la justa ira de Dios contra el pecado. Con el pecado acumulado del mundo no solamente cayendo sobre él sino siendo castigado en él allí, en la Cruz, y con el Padre, que es luz, escondiendo su presencia de Jesús, no es difícil ver por qué la oscuridad cubrió la tierra. Era una manifestación poderosa, al mundo y al universo, de lo que estaba ocurriendo en la Cruz, del gran castigo que Jesús estaba soportando sobre sí mismo con el fin de salvar a la humanidad de la condenación que, de otro modo, el pecado les hubiera acarreado. “La densa oscuridad –escribió Elena de White– fue un emblema de la agonía del alma y el horror que rodearon al Hijo de Dios” (3 SpP 164).

¿Quién no ha sentido, a veces, esta oscuridad espiritual? ¿Quién la causó? ¿De qué manera se disipó? ¿Qué consejo darías a alguien que dice que se siente envuelto en tinieblas espirituales?


Martes 15 de febrero 2005
El Padre Escondido.  “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46).

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Qué pudo haber querido expresar Jesús con estas palabras, cuando antes había dicho: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30) y “Mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Juan 16:32)? ¿No era éste el mismo Jesús que estuvo a orillas del Jordán cuando el Padre expresó: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17)? ¿No era éste el mismo Jesús que había orado: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21)? ¿No era éste el mismo Jesús que había orado al Padre: “Porque me has amado desde antes de la fundación del mundo?” (vers. 24)?

Por supuesto, sí lo era. ¿Qué pudo, entonces, haber querido significar con ese grito angustioso?

Vuelve a leer los textos de la sección de ayer (Isa. 59:2; 2 Cor. 5:21; Gál. 3:13), pero léelos en el contexto del lamento de Cristo. ¿De qué modo ayudan a explicar lo que estaba ocurriendo allí y por qué pronunció esas palabras?

Por difícil que sea para nosotros comprenderlo, Jesús –que había sido uno con el Padre desde la eternidad– ahora sentía la separación completa de Dios causada por el pecado. La ira de Dios, que de otro modo hubiera caído sobre nosotros, recayó sobre él, de modo que ninguno de nosotros tuviera necesariamente que enfrentarla alguna vez.

“Fue necesario que una terrible oscuridad envolviera su alma debido a que le fueron retirados el amor y el favor del Padre, porque ocupaba el lugar del pecador, y cada pecador debe experimentar esa oscuridad. El Justo tuvo que sufrir la condenación y la ira de Dios no como si fuera un castigo, pues el corazón de Dios sufrió con intensísimo dolor cuando su Hijo –sin pecado alguno– estaba sufriendo el castigo del pecado. Esta separación de los poderes divinos nunca más volverá a ocurrir en todos los siglos venideros”.–“Comentarios de Elena G. de White” (7 CBA # 935, 936).

¿Te has encontrado alguna vez con alguien que se sentía abandonado por Dios (o tal vez lo sentiste tú mismo)? ¿Qué le ocurrió a Jesús en la cruz que te ofrece a ti, o a otra persona cualquiera, una salida de lo que parece ser un abismo sin fondo? ¿Por qué, debido a la Cruz, nadie debe sentir nunca que Dios lo ha abandonado?


Miércoles 16 de febrero 2005
“Consumado Es”.
Cristo no murió derrotado, sino como conquistador del pecado: un sacrificio inmaculado de perfecta inocencia y virtud, infinito en poder moral y amor. Sus palabras “Consumado es” significaron no meramente la terminación de su vida humana sino la consumación de su sacrificio y la seguridad de su éxito. Nada podía negar que la provisión hecha fuera completa. Lo que había sido profetizado desde hacía mucho tiempo ahora era un hecho cumplido en la historia: de aquí en adelante, la tarea máxima de Jesús, y la de todo el cielo, sería aplicar los méritos salvadores de su sacrificio a los habitantes de la tierra atacados por el pecado hasta el fin del tiempo de gracia.

Esas palabras, “Consumado es”, expresadas por Uno que había creado todas las cosas por su palabra, repercutieron por todo el universo, asegurando que la estabilidad de su orden moral y la gozosa armonía de su compañerismo estaban garantizados para siempre.

¿De qué modo el clamor de Cristo “Consumado es” arroja luz sobre lo que le ocurrió al velo del templo en el momento de su muerte? Mat. 27:51.

Cada sacrificio animal –desde el que ofreció Abel (Gén. 4:4) hasta los que fueron sacrificados en el templo el día del Gólgota– señalaba a la muerte de Cristo. Cuando el velo se rasgó entonces, anunció lo logrado por esa muerte: simbolizó el fin del antiguo sistema hebreo y señalaba hacia la inauguración de un camino nuevo y viviente a la presencia de Dios por medio del cuerpo quebrantado de Jesús (Heb. 10:19-21), acabando de una vez y para siempre con la necesidad de todo otro sacrificio animal (Heb. 9:26).

¿Qué enseñan los siguientes textos en su relación con el velo rasgado a causa de la muerte de Cristo? Sal. 49:7, 15; 51:16-19; Heb. 10:1-5.

Ningún animal pudo alguna vez expiar el pecado. Observa el desastre que produjo el pecado en nuestro mundo: sufrimiento, miseria, pérdidas, chascos, muerte. ¿Y crees que todo lo que haría falta para expiar, o pagar, por todo este sufrimiento, sería la muerte de un macho cabrío, o siquiera de mil corderos?

No es extraño que el velo se rasgara; finalmente era un símbolo, una ilustración y, por ello, por sí mismo no podía salvar ni una sola alma, como tampoco mirar una foto de una comida podría llenar un estómago vacío.


Jueves 17 de febrero 2005
“Dios estaba en Cristo”.  “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2 Cor. 5:19).

Podemos mirar al mundo a nuestro alrededor y percibir el costo del pecado. Cada uno de nosotros, en un grado u otro, afrontamos sus tristes consecuencias.
¿De qué maneras el pecado (no sólo los tuyos en particular, sino también el pecado en general) ha impactado tu vida y te ha traído tristeza?

No obstante, sólo en la Cruz podemos comprender realmente cuán terrible es el pecado, porque requirió algo tan extremo, algo tan increíble como ella para expiar el pecado. La seriedad del remedio es una manera de juzgar la seriedad de la ofensa; si alguien tuviera que hacer cinco horas de servicio comunitario como castigo por una falta, podrías pensar que, cualquiera que fuere la falta, ésta no habría sido muy grave. En contraste, si afrontara la pena de muerte, supondrías que la falta es considerada como muy seria. De este modo, nada revela el horror y la gravedad del pecado como la Cruz, donde Dios, “en Cristo”, sufrió la consecuencia final del pecado, de modo que no tuviéramos que sufrirla nosotros.

Lee con cuidado y oración 1 Pedro 2:24 y 2 Corintios 5:19, en el contexto de Filipenses 2:6. ¿Cómo te ayudan estos textos a comprender cuán malo es el pecado?

El abismo insondable causado por el pecado entre la humanidad y Dios es tan serio, que demandó que Dios aplicara el castigo del pecado sobre sí mismo para salvarnos, a fin de reconciliarnos con él. Cualesquiera que sean los misterios de la Deidad, nunca debemos olvidar que “Dios estaba en Cristo” sobre la cruz, cargando sobre sí mismo la penalidad del pecado. El pecado es tan malo, que requirió nada menos que eso, la Cruz, para salvarnos de él. La deuda que el mundo tenía con Dios era tan grande, que sólo Dios mismo podía pagarla.

¿De qué modo experimentaste personalmente la reconciliación que se menciona en 2 Corintios 5:19, que vino por medio de “Dios [...] en Cristo”? ¿Qué significa esta reconciliación en un aspecto práctico? ¿De qué modo impacta tu concepto de ti mismo y de otros? ¿Cómo debería esto impactar toda relación que tengas?


Viernes 18 de febrero 2005
Para Estudiar y Meditar:  Lee El Deseado de todas las gentes, pp. 690-713; Primeros escritos, pp. 177, 180, 209, 252, 253; El conflicto de los siglos, pp. 396, 557; Mensajes selectos, t. 1, p. 358.

“Cuando el Redentor consintió en tomar la copa de amargura a fin de salvar a los pecadores, su capacidad de sufrir fue la única limitación para sus sufrimientos [...] Al morir en favor de nosotros, pagó un equivalente a nuestra deuda; así quitó de Dios toda acusación de haber disminuido la culpabilidad del pecado. Él dice: Por virtud de mi unión con el Padre, mis sufrimientos y mi muerte me capacitan para pagar el castigo del pecado. Por mi muerte, se elimina una restricción de su amor. Su gracia puede actuar con eficacia ilimitada” (AFC 71).

“Cristo experimentó mucho de lo que los pecadores sentirán cuando la copa de la ira de Dios sea derramada sobre ellos. La negra desesperación envolverá como una mortaja sus almas culpables, y comprenderán en todo su sentido la pecaminosidad del pecado. La salvación ha sido comprada para ellos por los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios. Podría ser suya si la aceptaran voluntaria y gustosamente; pero ninguno está obligado a obedecer la Ley de Dios. Si niegan el beneficio celestial, y prefieren los placeres y el engaño del pecado, consumarán su elección, pero al fin recibirán su salario: la ira de Dios y la muerte eterna. Estarán para siempre separados de la presencia de Jesús, cuyo sacrificio han despreciado. Habrán perdido una vida de felicidad y sacrificado la vida eterna por los placeres momentáneos del pecado” (1 JT 227).

Preguntas Para Dialogar:

Cristo experimentó la ira del Padre contra el pecado en nuestro lugar. Explica cómo la ira divina contra el pecado es perfectamente consistente con el carácter de amor de Dios. Si Dios no tuviera ira contra el pecado, ¿qué clima moral crearía eso para la perpetuación de la rebelión? Juan 3:16-21, 36; Rom. 1:16-19; Efe. 5:1-8.

¿Por qué la idea de que podemos, de algún modo, ganar nuestra salvación es una idea que sutilmente degrada la Cruz? ¿De qué modo la Cruz demuestra la inutilidad de nuestras obras para salvarnos?

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
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