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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Mat. 26:57-68; Luc. 22:66-71; Juan 18:2-9, 12-23.
EN SU LIBRO EL JUICIO,
el escritor checo Franz Kafka escribió acerca de un empleado bancario
llamado Joseph K., que fue arrestado, condenado y ejecutado sobre la base
de acusaciones que nunca le fueron explicadas a él. A lo largo de
toda la historia, él enfrentó un laberinto absurdo e injusto
de interrogatorios, demoras y citaciones. Aunque seguía proclamando
su inocencia (aún cuando no estaba seguro de qué lo acusaban),
Joseph K. fue llevado a una cantera abandonada y ejecutado allí.
Sin embargo, por absurda e injusta
que haya sido la experiencia de Joseph K., empalidece al compararla con
los absurdos y las injusticias relacionados con el juicio de Jesús.
Y, aunque fue arrastrado a tribunales llenos de prejuicios, que no tenían
la menor intención de tomar en cuenta los hechos con imparcialidad
(sólo les interesaba conseguir la condena de Jesús), Cristo
mantuvo la dignidad, el amor y la compasión que marcaron todo su
ministerio. Por más que fue una farsa, este juicio revela lo que
la humanidad caída es capaz de hacer aun frente al amor incondicional.
Un Vistazo a la Semana: ¿De
qué modo, aun en el Getsemaní, Jesús mostró
su compasión por sus enemigos? ¿De qué modo se prefiguraba
el evangelio en el arresto y el juicio de Jesús? ¿De qué
modo respondió Cristo a quienes lo persiguieron? ¿Cómo
se explica la ceguera de los líderes hacia Cristo?. |
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Domingo
6 de febrero 2005
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Arresto en el Huerto.
¿Qué oportunidad proveyó Dios para que la turba tuviera
una percepción del crimen que iba a cometer al venir para arrestar
a Jesús? Juan 18:2-9.
Cuando ellos dijeron que venían
en busca de Jesús de Nazaret, el Señor respondió con
dos palabras griegas: Egó eimí, que significa “Yo soy”; las
mismas palabras que él usó cuando dijo a los dirigentes judíos:
“Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Esta sencilla frase está
vinculada en significado con el nombre hebreo para Dios, a menudo transliterado
como “Yahveh” (Éxo. 3:11-14), y parece proceder de la raíz
hebrea que significa “ser”. De este modo, algunos creen que el nombre significa
“Uno que es”, o “el que existe por sí mismo”. Al usar esta frase,
tal vez Jesús estaba testificando a los judíos, en forma
sutil, acerca de su identidad divina.
Inmediatamente después
de que Jesús dijo “Yo soy”, la multitud cayó hacia atrás,
al suelo. “Una luz divina iluminó el rostro del Salvador, y le hizo
sombra una figura como de paloma. En presencia de esta gloria divina, la
turba homicida no pudo resistir un momento. Retrocedió tambaleándose.
Sacerdotes, ancianos, soldados y aun Judas cayeron como muertos al suelo”
(DTG 644).
¿Qué muestra la
acción de Pedro acerca de cuán poco comprendía lo
que estaba sucediendo? Mat. 26:51; Mar. 14:47; Luc. 22:50; Juan 18:10.
Se podría pensar que,
después de ver que la multitud caía ante la gloria divina
de Jesús, Pedro se habría dado cuenta de que su Señor
no necesitaba la débil espada del discípulo para protegerlo.
Por sus palabras, y luego al hacer caer a la turba al suelo, Jesús
mostraba que él estaba permitiendo que lo arrestaran; más
aún, por esos actos, Jesús estaba dando todavía evidencia
de su carácter y naturaleza divinos, y de esa manera estaba testificando
a la turba que había venido para prenderlo. Aun allí, en
medio de la condenación inminente, Jesús estaba obrando para
la salvación de quienes lo odiaban.
Las Escrituras no indican que
alguno de la turba, aun después de ver la manifestación divina
de poder, cambiara su decisión en cuanto a Cristo. ¿Por qué
nuestros corazones son tan duros hacia el Señor, aun cuando vemos
evidencias de su existencia y de su amor? |
Jesús ante Anás;
Pedro ante la Criada. Lee Juan 18:12 al 23. Tanto Pedro
como Jesús enfrentaron interrogatorios. ¿Cuáles fueron
las diferencias entre ambas situaciones en las que lo hicieron, quiénes
los interrogaron, y sus respuestas a esas preguntas? ¿Qué
podemos aprender de estos contrastes?
El contraste entre Jesús
y Pedro es notable. Pedro está afuera, en un ambiente informal,
delante de una persona sin una posición importante y, ciertamente,
sin autoridad legal para hacerle daño; y sin embargo, cuando se
le preguntó acerca de su relación con Jesús, Pedro
miente, diciendo: “Yo no soy”. En contraste, allí está Jesús,
adentro, ante un alto oficial de la nación judía, un dirigente
con poder y autoridad. Y, cuando se le preguntó, entre otras cosas,
acerca de sus discípulos, Jesús habló libre y abiertamente.
Aun cuando fue golpeado por sus palabras, Jesús respondió
de una manera sincera, que mostraba que no tenía nada que ocultar.
Lee cuidadosamente Juan 18:20
al 23, especialmente las palabras que Jesús dirigió al oficial
que lo golpeó (vers. 23). ¿De qué modo este pequeño
incidente –en el que Jesús fue injustamente golpeado por el oficial–
es un ejemplo de todo el principio que gobierna el evangelio? Ver Isa.
53:5; 2 Cor. 5:21.
Pedro mintió; Jesús
fue golpeado sin haber hecho nada malo. ¡Qué representación
poderosa del contraste entre la humanidad caída y el Dios amante
que vino para salvar a la humanidad! En la respuesta de Jesús contemplamos
los llamados del evangelio: sus enemigos no encuentran ningún mal
en él; de allí que Jesús es castigado en su inocencia.
¿De qué modo este
informe respecto del trato que sufrió Cristo nos ayuda a soportar
mejor las situaciones en las que nosotros mismos somos tratados injustamente? |
El Juicio Nocturno.
Lee,
en Mateo 26:57 al 68 (y también en Mar. 14:53-65), el informe acerca
de Jesús ante Caifás, los escribas y los ancianos. ¿De
qué modo muestran estos versículos cuán injusto y
lleno de prejuicios fue ese juicio?
¿Por qué no fue
necesario que Jesús respondiera a quienes lo acusaban? Mar. 14:56-59.
Siendo que no adelantaban en
su juicio, el sumo sacerdote finalmente hizo este pedido: “Te conjuro por
el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de
Dios” (Mat. 26:63). Cristo reconocía plenamente que su respuesta
afirmativa significaba su sentencia de muerte, pero no iba a negar su identidad
o su relación con su Padre. Sin embargo, advirtió a la corte
que algún día lo verían con su autoridad divina.
¿De qué manera
respondió Jesús al pedido del sumo sacerdote?
Es fascinante notar que, en
respuesta a la pregunta indirecta del sumo sacerdote, Jesús no se
refirió a su muerte expiatoria por los pecados del mundo, o a su
resurrección o a su próximo ministerio en el cielo como el
verdadero Sumo Sacerdote (al que Caifás debía representar);
en cambio, de una manera clara y sin ambages, Jesús se refirió
a su segunda venida, cuando todos lo verán, no como un predicador
itinerante al que ellos arrestaban, atormentaban, abusaban y sentenciaban
a la muerte, sino como el Hijo del Hombre, “sentado a la diestra del poder
de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (vers. 64). En todo el ministerio
de Cristo, él había conversado acerca de su segunda venida
con los discípulos; ahora, en este momento culminante, habla también
de ella a sus enemigos: después de esto, nunca podrían decir:
“Nunca se nos dijo”.
Al referirse a su segunda
venida, Jesús –a pesar de las circunstancias inmediatas– señaló
hacia la grande y majestuosa esperanza de los cristianos de todos los tiempos,
en todas partes del mundo. ¿Por qué, particularmente en situaciones
difíciles, esta promesa de la segunda venida de Cristo nos brinda
nuestra única esperanza? ¿Por qué, al fin, ésta
es nuestra única esperanza? |
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Miércoles
9 de febrero 2005
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El Juicio Matutino.
Después
del juicio nocturno, Jesús estuvo otra vez delante de los dirigentes,
tal vez en un acto que tenía la intención de formalizar la
sentencia de muerte emitida contra él la noche anterior, y así
legitimarla.
De todos los evangelistas, Lucas
nos da el informe más detallado de este juicio matutino. Lee su
informe (Luc. 22:66-71). ¿Qué similitudes existen con lo
que ocurrió la noche anterior? ¿Qué diferencias?
Con más asistentes, le
hacen básicamente la misma pregunta que le hicieron la noche anterior.
Nota cómo respondió Jesús (vers. 67-69). Al conocer
el corazón de ellos y saber que no le preguntaban porque querían
conocer la verdad sino sólo porque querían a toda costa condenarlo,
Jesús no contestó la pregunta en forma directa, aunque la
respondió. “Si os lo dijere, no creeréis” (vers. 67). ¿Creer
qué? Que él era el Cristo, ¿o qué otra cosa?
Realmente le hubieran creído si decía que no lo era. De hecho,
lo tenían allí porque no creían que fuera el Cristo
(de otro modo no hubieran hecho lo que le estaban haciendo). De esta manera,
Jesús les reveló que él podía ver detrás
de la farsa del juicio: ellos no estaban interesados en descubrir la verdad:
estaban interesados sólo en hacer que la Verdad desapareciera.
Entonces, delante de todo el
grupo, Jesús repitió su referencia al Hijo del Hombre sentado
a la diestra de Dios, aludiendo a su poder y autoridad. Los dirigentes,
obviamente suponiendo que estaba hablando de sí mismo, le preguntaron
directamente: “¿Luego eres tú el Hijo de Dios?” (vers. 70).
Aquí también,
aunque Jesús no contestó directamente su pregunta, de todos
modos la respondió, usando en su contestación la frase “Yo
soy”. La reacción de ellos mostró que comprendían
claramente la pretensión de Jesús de ser divino. Otra vez,
como en la noche anterior, Jesús aclaró muy bien quién
era. Con toda la evidencia acerca de sus credenciales divinas que les había
concedido mediante su ministerio, los dirigentes deberían haber
creído en él; tristemente, ellos no lo hicieron.
Una razón por la que
los líderes estaban tan ciegos con respecto a Jesús era que
tenían una comprensión equivocada de la profecía:
Esperaban que el Mesías viniera en una forma diferente. Esta ignorancia
ayuda a explicar, aunque no excusar, la hostilidad declarada hacia él.
¿Qué nos dice esto acerca de cuán importante es tener,
en todo lo posible, una comprensión correcta de la profecía,
o de la doctrina bíblica en general? |
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Jueves
10 de febrero 2005
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El Sueño de la Esposa
de Pilato.
Después de los tres
“juicios” religiosos, Jesús fue arrastrado a tres “juicios” políticos
ante Pilato, Herodes y otra vez Pilato. Lo especialmente fascinante es
lo que ocurrió a Pilato cuando su esposa le advirtió en cuanto
a no molestar a Jesús. Nota la intensidad de su advertencia (Mat.
27:19). Sea lo que fuere que vio en su sueño, fue lo suficientemente
real y convincente como para que ella dijera a su esposo que se mantuviera
totalmente alejado de Jesús, en vez de sólo “ser bueno” con
él o “tratarlo con justicia”. ¿Qué vio ella?
“En respuesta a la oración
de Cristo, la esposa de Pilato había sido visitada por un ángel
del cielo, y en un sueño había visto al Salvador y conversado
con él. La esposa de Pilato no era judía, pero mientras miraba
a Jesús en su sueño, no tuvo duda alguna acerca de su carácter
o misión. Sabía que era el Príncipe de Dios. Lo vio
juzgado en el tribunal [...] Vio la cruz levantada en el Calvario. Vio
la tierra envuelta en tinieblas y oyó el misterioso clamor: ‘Consumado
es’. Pero otra escena aún se ofreció a su mirada. Vio a Cristo
sentado sobre la gran nube blanca, mientras toda la tierra oscilaba en
el espacio y sus homicidas huían de la presencia de su gloria. Con
un grito de horror se despertó, y enseguida escribió a Pilato
unas palabras de advertencia” (DTG 681).
Analiza su sueño.
Nota los tres elementos específicos acerca de Jesús que le
fueron mostrados (ver los textos más abajo). ¿Cuáles
fueron, y de qué modo se relacionan entre sí? Además,
¿qué importancia tiene el hecho de que la esposa de Pilato
no fuera judía, sino gentil?
Rom. 5:18; 2 Cor. 5:21 ___________________________________________________________________________
Fil. 2:8; Heb. 12:2
___________________________________________________________________________
Mar. 14:62; Hech. 1:11 ___________________________________________________________________________
En un sentido, en esa visión
la esposa de Pilato tuvo una versión abreviada de todo el plan de
salvación, desde el carácter justo de Cristo hasta su segunda
venida. Nota, también, la similitud entre lo que vio con respecto
a la Segunda Venida y las palabras de Cristo a los dirigentes tanto en
el juicio de la noche como en el del día. Además de recibir
una visión clara respecto de la Cruz, se le mostró también
la Segunda Venida: tan estrechamente ligadas estaban la Primera Venida
con la Segunda que, en este sueño, el ángel le dio vislumbres
de ambas.
Repasa la lección de
esta semana y las formas en que Jesús, aun en medio de la tribulación,
estaba trabajando para salvar a aquéllos con quienes entró
en contacto, aun con los que se oponían abiertamente a él.
¿Qué esperanza debería darte esto –que tal vez estés
luchando entre la fe y la seguridad de la salvación– acerca del
deseo de Dios de salvarte, a pesar de tus luchas y debilidades? |
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Viernes
11 de febrero 2005
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Para Estudiar y Meditar:
Lee
El Deseado de todas las gentes, pp. 647-689; Comentario bíblico
adventista, t. 5, pp. 1.079, 1.098, 1.099.
“Nos beneficiará a todos
[...] el recordar frecuentemente las escenas finales de la vida de nuestro
Redentor. Aquí, asediados de tentaciones como él lo fue,
podemos todos aprender lecciones de la mayor importancia para nosotros.
“Sería bueno que dedicáramos
una hora de meditación cada día para repasar la vida de Cristo
desde el Pesebre hasta el Calvario. Debemos considerarla punto por punto,
y dejar que la imaginación capte vívidamente cada escena,
especialmente las finales de su vida terrenal. Al contemplar así
sus enseñanzas y sus sufrimientos, y el sacrificio infinito que
hizo para la salvación de la familia humana, podemos fortalecer
nuestra fe, vivificar nuestro amor, compenetrarnos más profundamente
del espíritu que sostuvo a nuestro Salvador [...] Todo lo noble
y generoso que hay en el hombre responderá a la contemplación
de Cristo en la cruz” (1 JT 517, 518).
Preguntas Para Dialogar:
Al sanar la oreja de Malco,
con su reprensión a Pedro, ¿qué reveló Jesús
con respecto a:
su actitud hacia sus enemigos?
el grado de libertad que podía
ejercer para liberarse de sus enemigos?
su manera de tratar los errores
de sus discípulos?
su propio estado mental con
respecto al peligro en que se hallaba?
los métodos que aprobaba
para defenderse y sostener su causa?
su concepto del uso de la fuerza
física en el ámbito de los conflictos espirituales?
Cuando Pilato presentó
a Cristo y a Barrabás, lado a lado, y ofreció liberar al
hombre que ellos eligieran, la turba pidió la liberación
de Barrabás. ¿En qué formas menos dramáticas
la gente de hoy sigue, en principio, eligiendo a Barrabás en vez
de elegir a Cristo?
¿Por qué crees
que Pilato recibió una advertencia mientras que Herodes no recibió
ninguna? |