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Lee Para el Estudio de esta Semana:
Mat. 17:1-9; Mar. 8:31; Luc. 9:28-36; 24:7; Hech. 10:38, 39; 1 Cor. 15:13-18.
EN EL LIBRO EL PUENTE DE
SAN LUIS REY, se cuenta de un monje llamado Hermano Juniper que, al
escuchar acerca de un puente que se había caído, provocando
la muerte de cinco personas, decidió descubrir por qué esas
cinco personas habían muerto. Como él creía en un
Dios todopoderoso y amante que gobierna el universo, sabía que debía
haber una explicación racional y razonable. “Le pareció al
Hermano Juniper que era tiempo de que la teología ocupara su lugar
entre las ciencias exactas [...]” Desafortunadamente, al final de su tarea,
tomó sus apuntes (laboriosamente recogidos durante años de
investigación en la vida de los fallecidos) y los arrojó
al mar. Lo que había encontrado –que era que no podía encontrar
ninguna buena razón para su muerte– lo perturbó enormemente.
Alguien podría haber
anunciado de antemano al Hermano Juniper que no encontraría ningún
sentido “racional”. De este lado del cielo no lo tendremos nunca; lo que
sí tenemos es la revelación de la Cruz, de Dios mismo sufriendo
por el pecado, el mal y el dolor de este mundo. Al concentrarnos en la
Cruz, encontramos que no tenemos las respuestas a preguntas específicas
acerca del sufrimiento humano, pero, contamos con la certera esperanza
de que esas respuestas existen y que un día nos serán reveladas.
Un Vistazo a la Semana:
¿Cuál fue el lugar que ocupó Juan el Bautista en el
ministerio de Jesús? ¿Por qué la Cruz debe ser el
centro de todas nuestras enseñanzas y predicación? ¿Por
qué los discípulos respondieron como lo hicieron a la advertencia
de Cristo acerca de la cruz? ¿De qué maneras reflejamos nosotros
esa misma actitud?. |
Juan El Bautista: El Precursor
de Cristo (Juan 1:29-34).
Aunque se dice poco acerca
de Juan el Bautista en las Escrituras, se menciona lo suficiente como para
demostrar su celo, dedicación, fe y (lo más importante) su
humanidad. Tenemos mucho que aprender de este predicador fogoso e inflexible
que anunció la primera venida de Cristo.
¿Qué verdad fundamental
reveló Dios a Juan acerca de Jesús de Nazaret y de lo que
él venía a hacer? ¿Qué crees que Juan quiso
decir con esas palabras (Juan 1:29)?
Aunque Juan ciertamente no
captaba en forma plena la importancia de sus propias palabras al designar
a Jesús como el Cordero de Dios, con todo, las pronunció
por inspiración del Espíritu Santo. Su misión era
abrir las mentes y los corazones de la gente a la percepción del
sacrificio expiatorio de Cristo como el hecho central en el plan de salvación.
Cualquier otra cosa que vino Jesús a hacer –sanar, enseñar,
predicar, resucitar muertos–, todo señalaba a la gente no sólo
quién era en realidad Jesús, sino también lo que estaba
por obrar en favor de ella con su muerte; porque sin esa muerte y lo que
él lograría en favor del mundo, todas las demás obras,
al fin, habrían sido en vano.
Lee los siguientes textos. ¿Qué
nos enseñan acerca de cuán vital fue la muerte de Jesús
en el plan de salvación? Marcos 8:31; Lucas 24:7; 1 Corintios 15:13-18.
“El sacrificio de Cristo como
expiación del pecado es la gran verdad en torno a la cual se reúnen
todas las otras. Para poder comprender y apreciar correctamente toda verdad
de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, deben
ser estudiadas a la luz que fluye de la cruz del Calvario en relación
con la extraordinaria verdad central de la expiación efectuada por
el Salvador. Los que estudian el maravilloso sacrificio del Redentor crecen
en gracia y conocimiento” (HHD 223).
¿Por qué la cruz
y la expiación que efectuó Cristo en ella deben ser preponderantes
en nuestro mensaje como adventistas del séptimo día? ¿Qué
podemos hacer, como iglesia, para asegurarnos de que mantendremos esta
gran verdad exaltada? ¿Qué nos ocurrirá si alguna
vez esta verdad ya no fuera lo primordial? |
La Vida de Servicio, Sufrimiento
y Sacrificio de Cristo (Hech. 10:38, 39).
Durante unos tres años
y medio, el Hijo de Dios trabajó diligentemente entre la humanidad
caída. Los evangelios están llenos de informes tras informes
acerca de las buenas obras que Jesús realizó mediante el
poder de Dios que obraba a través de su humanidad. ¡Nunca
vio el mundo tal Sanador, tal Maestro, tal Amador de la gente! Su vida,
desde sus primeros días, estuvo dedicada al servicio de los demás
seres humanos.
Describe la obra de Cristo y
sus efectos. Mat. 4:23-25; 8:14-17; Hech. 10:38, 39
Si lees Hechos 10:38 y 39,
verás la paradoja más increíble: Jesús anda
“haciendo bienes”, y ¿qué recibe a cambio de sus esfuerzos,
sino que lo cuelguen “en un madero”? ¿Cómo pudo ocurrir eso?
¿Por qué razón una persona cuya bondad, pureza y amor
eran evidentes para todos, generaría una reacción tan negativa
y malévola? Por supuesto, a menos que esa misma pureza, bondad y
amor fueran la causa de tal reacción.
Lee Juan 3:19 al 21; 15:17 al
25, y Romanos 8:7. ¿De qué modo, estos textos ayudan a contestar
las preguntas del párrafo anterior?
Para no ser excesivamente apresurados
en juzgar y condenar, deberíamos considerar nuestros propios corazones
malvados (Jer. 17:9). ¿Quién, entre nosotros, cuando se confronta
con alguien cuyo estilo de vida, bondad, amor, fe, generosidad o benevolencia
se contrastan y ponen al descubierto su debilidad en cualquiera (o en todas)
estas áreas, no ha sentido un asomo de culpabilidad, resentimiento,
o aun odio? Y, si podemos sentir esto cuando nos comparamos con otro pecador,
¡imagínate lo que podríamos sentir cuando nos encontramos
en la compañía de Jesús!
¿Por qué
a veces sentimos enojo, resentimiento o culpabilidad cuando estamos cerca
de tales personas? ¿Acerca de qué nos debieran alertar esos
pensamientos con respecto a nosotros mismos? ¿Qué clase de
señales de peligro son éstas? ¿Cuál es el único
remedio? |
Advertencias de la Cruz.
¿En qué momento de su ministerio comenzó Cristo a
hacer referencias más frecuentes acerca de su crucifixión?
¿Por qué crees que esperó hasta ese momento? Mat.
16:13-21; Luc. 9:18-22.
Muchos eruditos bíblicos
creen que fue en el verano boreal anterior a su crucifixión (agosto
o septiembre del año 30 d.C.) cuando Cristo recibió la gran
confesión de Pedro sobre su identidad como Mesías en Cesarea
de Filipo. (Ver el Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 221).
Desde ese momento en adelante, Jesús procuró eliminar los
falsos conceptos de los discípulos acerca de su misión esencial
y fortalecerlos para la prueba que se acercaba rápidamente, y para
las que ellos soportarían por causa de él.
¿Por qué era tan
difícil para los discípulos aceptar, o siquiera comprender,
las referencias explícitas de Jesús a su próximo sacrificio?
Mar. 9:31, 32; Luc. 9:44, 45.
En ambos registros, Marcos
y Lucas mencionan que los discípulos tenían miedo de preguntar
a Jesús qué era lo que quería decir con sus palabras;
es decir, ellos no querían saberlo. ¡Qué característica
tan humana!: no querer escuchar las malas noticias, no querer oír
algo que va contra los propios conceptos y esperanzas acariciados.
De muchas maneras, podemos encontrar
la clave de esta actitud en el informe de Marcos, unos pocos versículos
más adelante (vers. 33, 34), acerca del momento en el que habían
estado discutiendo quién de ellos sería el mayor; en otras
palabras, los que estaban tan ocupados pensando en los honores mundanos
no estaban realmente listos para la vergüenza y la degradación
de la Cruz. No es extraño que Marcos se refiriera dos veces a la
torpeza de los discípulos en comprender las palabras y los hechos
de Jesús, porque “estaban endurecidos sus corazones” (Mar. 6:52;
8:17). Este endurecimiento fue causado por el engaño del orgullo
y la vanagloria, que estaba en conflicto con el espíritu de la Cruz.
Sus discípulos, en esta etapa, veían el amor sacrificial
como un raro broche de oro para adornar el manto de la vida en sus momentos
más majestuosos, en vez de ser el espíritu adecuado de la
vida diaria. Cuando vieron a Cristo apartarse con abnegación de
las oportunidades de apoderarse del gobierno del poder político,
se irritaron por su aparente falta de pragmatismo y ambición.
¿De qué
modo vemos manifestado este mismo espíritu en nuestra iglesia local
o aun en nuestros propios corazones? Es algo muy natural desear el honor
y la gloria, ¿verdad? ¿De qué modos lo ves en ti mismo?
¿Por qué, entonces, debemos ser quebrantados al pie de la
cruz de Cristo? |
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Miércoles
26 de enero 2005
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Sombras que Caen y Gloria Radiante.
Lee Mateo 17:1 al 9 y Lucas 9:28 al 36. Anota las cosas que ocurrieron
que deberían haber aumentado la fe de aquéllos que presenciaron
esta manifestación divina increíble.
Cristo sabía que sus
discípulos no estaban preparados para la crisis inmediata. Abrumados
por la creciente oposición de los líderes religiosos, por
la reciente decapitación de Juan el Bautista y por las advertencias
de Cristo acerca de sus sufrimientos inminentes, ellos afrontaron presagios
inevitables; por eso fue necesaria esta manifestación increíble
del poder divino, incluyendo una voz procedente del Cielo que confirmaba
la divinidad de Jesús ante los discípulos. Todo esto realmente
debería haber aumentado su fe y haberlos fortalecido para afrontar
las pruebas venideras.
¿Acerca de qué
hablaron Moisés y Elías con Cristo? Luc. 9:30, 31. ¿Por
qué crees que analizaron este tema?
Es fascinante el hecho de que
el Cielo no haya enviado ángeles poderosos en esta ocasión;
en cambio, dos seres humanos que, en sus propias formas, sufrieron los
trabajos y las pruebas de la humanidad, vinieron para hablar con el Salvador
acerca de su sacrificio inminente en la Cruz; en otras palabras, esta escena
increíble no fue solamente para los tres discípulos (que
durmieron durante parte de su desarrollo), sino también para Jesús,
para fortalecerlo en su humanidad al enfrentar la Cruz. “Estos hombres,
escogidos antes que cualquier ángel que rodeara el trono, habían
venido para conversar con Jesús acerca de las escenas de sus sufrimientos
y para consolarlo con la seguridad de la simpatía del cielo” (DTG
391).
Imagínate teniendo el
privilegio de alguna divina manifestación increíble del poder
celestial que afirmara fuertemente tu fe en Jesús, así como
la tuvieron Pedro, Santiago y Juan. Nunca más dudarías, ¿verdad?
Tu fe se mantendría sólida, y nunca necesitarías ninguna
otra reafirmación, ¿cierto? ¿Por qué la experiencia
de los discípulos no fue ésta, aun después de presenciar
la transfiguración? ¿Cuál fue el problema de ellos,
y cuál es el nuestro? |
La Ley del Nuevo Reino (Mat.
20:25-28).
El ministerio de Cristo estaba
avanzando lentamente hacia su culminación. Estaba conduciendo a
sus discípulos en su último viaje con ellos. Por el camino,
les reveló claramente que en Jerusalén “se cumplirán
todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre”,
porque “el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes
y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán
a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas
al tercer día resucitará” (Luc. 18:31; Mat. 20:18, 19). Esta
afirmación de los eventos próximos debería haber despertado
el interés de los discípulos por las enseñanzas de
los profetas con respecto a estos temas. Pero “ellos nada comprendieron
de estas cosas [...] y no entendían lo que se les decía”
(Luc. 18:34), no porque las palabras de Jesús no fueran claras o
fueran enigmáticas, sino porque los propósitos de Jesús
eran muy diferentes de sus metas y expectativas personales. Sencillamente,
no querían escuchar lo que él tenía que decirles;
después de todo, Cristo los había comisionado para proclamar
por todas partes que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2)
y se les había prometido cargos de alto honor en él, entronizados
como jueces de Israel (Mat. 19:27-30).
Estimulados por esta promesa,
Santiago y Juan, con su madre Salomé, ¿qué favor especial
pidieron a Jesús? ¿Qué reveló su respuesta
acerca de las características del sendero al trono de gloria en
su reino y a la naturaleza de su gobierno? Mat. 20:20-28; Mar. 10:35-45
Este pedido sonaba fuertemente
como una ambición egoísta, pero Jesús no los reprendió
por codiciar honores personales que eran tan incongruentes con la misión
y el carácter de Jesús; más bien, procuró ahondar
y purificar su amor hacia él, y su vinculación con su causa.
Deseaba que captaran que la cruz precede siempre a la corona.
Fíodor Dostoievski escribió
un relato acerca de que Jesús volvió a la tierra en la carne,
como vino la primera vez. Antes de mucho, Jesús fue arrestado y
enviado a la cárcel, donde afrontó los interrogatorios del
Gran Inquisidor, que quería saber por qué había vuelto
para interferir con ellos y sus planes. Suponte ahora que Jesús,
en la carne, te visitara en tu vida. ¿De qué maneras estaría
él interfiriendo contigo y con tus planes? ¿Qué te
dice tu respuesta acerca de ti mismo y de cómo estás viviendo? |
Para Estudiar y Meditar:
Lee Los hechos de los apóstoles, pp. 296, 447-450; El Deseado
de todas las gentes, pp. 501-505, 599, 600; Fundamentals of Christian Education,
p. 142; La edificación del carácter y la formación
de la personalidad, pp. 72-74; Testimonies for the Church, t. 4, p. 226.
“La cruz del Calvario debe levantarse
en alto delante de la gente para que absorba sus espíritus y concentre
sus pensamientos. Entonces, todas las facultades espirituales se vivificarán
con el poder divino que viene directamente de Dios. Se concentrarán,
entonces, las energías en una actividad genuina por el Maestro.
Los que obren enviarán al mundo rayos de luz, como agentes vivos
que iluminen la tierra” (DMJ 40).
Preguntas Para Dialogar:
Cristo, el mejor Maestro del
mundo y Modelo de la verdad, demostró en forma consistente, en cada
acto, que había venido no “para ser servido, sino para servir” (Mar.
10:45). ¿Por qué los discípulos tuvieron tanta dificultad
en captar la naturaleza de la misión de Jesús, que era de
sacrificio y entrega propios, y que trascendía su yo y el llamado
de Jesús en las vidas de ellos? ¿Qué dice esto acerca
de la humanidad en su situación caída? ¿De qué
única manera puede ser transformado este espíritu?
Si Cristo se hubiera molestado
debido a la falta de aprecio de sus discípulos por los servicios
que demostraban su humanidad, y se hubiera quejado por su falta de percepción
con respecto a las metas y el carácter esenciales de Jesús,
¿de qué modo esto hubiera afectado su influencia y su misión?
¿Tenemos nosotros más derecho a protestar y quejarnos del
que tuvo Cristo? ¿Cuál es el antídoto para este espíritu
y conducta demasiado frecuentes en nuestras vidas? Juan 15:11; 16:33; Heb.
12:1-5.
Los discípulos, seguidores
de Cristo, no estaban preparados para la Cruz, a pesar de que se les había
dado mucha luz de antemano al respecto. ¿Qué semejanzas puedes
encontrar entre ellos y su estado espiritual, y el nuestro, como personas,
o como iglesia, mientras esperamos su Segunda venida?
Analiza las preguntas que están
al final de la sección para el jueves, pero en el contexto de la
iglesia mundial, o de tu iglesia local. ¿Daríamos la bienvenida
a Jesús o estaría él estorbando el camino de nuestros
planes como iglesia? |