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Lección 5
Redención
Para el 29 de enero del 2005

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A la sombra del Calvario
PARA MEMORIZAR
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Sábado 22 de enero 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Mat. 17:1-9; Mar. 8:31; Luc. 9:28-36; 24:7; Hech. 10:38, 39; 1 Cor. 15:13-18.

EN EL LIBRO EL PUENTE DE SAN LUIS REY, se cuenta de un monje llamado Hermano Juniper que, al escuchar acerca de un puente que se había caído, provocando la muerte de cinco personas, decidió descubrir por qué esas cinco personas habían muerto. Como él creía en un Dios todopoderoso y amante que gobierna el universo, sabía que debía haber una explicación racional y razonable. “Le pareció al Hermano Juniper que era tiempo de que la teología ocupara su lugar entre las ciencias exactas [...]” Desafortunadamente, al final de su tarea, tomó sus apuntes (laboriosamente recogidos durante años de investigación en la vida de los fallecidos) y los arrojó al mar. Lo que había encontrado –que era que no podía encontrar ninguna buena razón para su muerte– lo perturbó enormemente.

Alguien podría haber anunciado de antemano al Hermano Juniper que no encontraría ningún sentido “racional”. De este lado del cielo no lo tendremos nunca; lo que sí tenemos es la revelación de la Cruz, de Dios mismo sufriendo por el pecado, el mal y el dolor de este mundo. Al concentrarnos en la Cruz, encontramos que no tenemos las respuestas a preguntas específicas acerca del sufrimiento humano, pero, contamos con la certera esperanza de que esas respuestas existen y que un día nos serán reveladas.

Un Vistazo a la Semana: ¿Cuál fue el lugar que ocupó Juan el Bautista en el ministerio de Jesús? ¿Por qué la Cruz debe ser el centro de todas nuestras enseñanzas y predicación? ¿Por qué los discípulos respondieron como lo hicieron a la advertencia de Cristo acerca de la cruz? ¿De qué maneras reflejamos nosotros esa misma actitud?.


Domingo 23 de enero 2005
Juan El Bautista: El Precursor de Cristo (Juan 1:29-34).
Aunque se dice poco acerca de Juan el Bautista en las Escrituras, se menciona lo suficiente como para demostrar su celo, dedicación, fe y (lo más importante) su humanidad. Tenemos mucho que aprender de este predicador fogoso e inflexible que anunció la primera venida de Cristo.

¿Qué verdad fundamental reveló Dios a Juan acerca de Jesús de Nazaret y de lo que él venía a hacer? ¿Qué crees que Juan quiso decir con esas palabras (Juan 1:29)?
 
Aunque Juan ciertamente no captaba en forma plena la importancia de sus propias palabras al designar a Jesús como el Cordero de Dios, con todo, las pronunció por inspiración del Espíritu Santo. Su misión era abrir las mentes y los corazones de la gente a la percepción del sacrificio expiatorio de Cristo como el hecho central en el plan de salvación. Cualquier otra cosa que vino Jesús a hacer –sanar, enseñar, predicar, resucitar muertos–, todo señalaba a la gente no sólo quién era en realidad Jesús, sino también lo que estaba por obrar en favor de ella con su muerte; porque sin esa muerte y lo que él lograría en favor del mundo, todas las demás obras, al fin, habrían sido en vano.

Lee los siguientes textos. ¿Qué nos enseñan acerca de cuán vital fue la muerte de Jesús en el plan de salvación? Marcos 8:31; Lucas 24:7; 1 Corintios 15:13-18.
 
“El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en torno a la cual se reúnen todas las otras. Para poder comprender y apreciar correctamente toda verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, deben ser estudiadas a la luz que fluye de la cruz del Calvario en relación con la extraordinaria verdad central de la expiación efectuada por el Salvador. Los que estudian el maravilloso sacrificio del Redentor crecen en gracia y conocimiento” (HHD 223).

¿Por qué la cruz y la expiación que efectuó Cristo en ella deben ser preponderantes en nuestro mensaje como adventistas del séptimo día? ¿Qué podemos hacer, como iglesia, para asegurarnos de que mantendremos esta gran verdad exaltada? ¿Qué nos ocurrirá si alguna vez esta verdad ya no fuera lo primordial?


Lunes 24 de enero 2005
La Vida de Servicio, Sufrimiento y Sacrificio de Cristo (Hech. 10:38, 39).
Durante unos tres años y medio, el Hijo de Dios trabajó diligentemente entre la humanidad caída. Los evangelios están llenos de informes tras informes acerca de las buenas obras que Jesús realizó mediante el poder de Dios que obraba a través de su humanidad. ¡Nunca vio el mundo tal Sanador, tal Maestro, tal Amador de la gente! Su vida, desde sus primeros días, estuvo dedicada al servicio de los demás seres humanos.

Describe la obra de Cristo y sus efectos. Mat. 4:23-25; 8:14-17; Hech. 10:38, 39
 
Si lees Hechos 10:38 y 39, verás la paradoja más increíble: Jesús anda “haciendo bienes”, y ¿qué recibe a cambio de sus esfuerzos, sino que lo cuelguen “en un madero”? ¿Cómo pudo ocurrir eso? ¿Por qué razón una persona cuya bondad, pureza y amor eran evidentes para todos, generaría una reacción tan negativa y malévola? Por supuesto, a menos que esa misma pureza, bondad y amor fueran la causa de tal reacción.

Lee Juan 3:19 al 21; 15:17 al 25, y Romanos 8:7. ¿De qué modo, estos textos ayudan a contestar las preguntas del párrafo anterior?
 
Para no ser excesivamente apresurados en juzgar y condenar, deberíamos considerar nuestros propios corazones malvados (Jer. 17:9). ¿Quién, entre nosotros, cuando se confronta con alguien cuyo estilo de vida, bondad, amor, fe, generosidad o benevolencia se contrastan y ponen al descubierto su debilidad en cualquiera (o en todas) estas áreas, no ha sentido un asomo de culpabilidad, resentimiento, o aun odio? Y, si podemos sentir esto cuando nos comparamos con otro pecador, ¡imagínate lo que podríamos sentir cuando nos encontramos en la compañía de Jesús!

 ¿Por qué a veces sentimos enojo, resentimiento o culpabilidad cuando estamos cerca de tales personas? ¿Acerca de qué nos debieran alertar esos pensamientos con respecto a nosotros mismos? ¿Qué clase de señales de peligro son éstas? ¿Cuál es el único remedio?


Martes 25 de enero 2005
Advertencias de la Cruz.   ¿En qué momento de su ministerio comenzó Cristo a hacer referencias más frecuentes acerca de su crucifixión? ¿Por qué crees que esperó hasta ese momento? Mat. 16:13-21; Luc. 9:18-22.
 
Muchos eruditos bíblicos creen que fue en el verano boreal anterior a su crucifixión (agosto o septiembre del año 30 d.C.) cuando Cristo recibió la gran confesión de Pedro sobre su identidad como Mesías en Cesarea de Filipo. (Ver el Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 221). Desde ese momento en adelante, Jesús procuró eliminar los falsos conceptos de los discípulos acerca de su misión esencial y fortalecerlos para la prueba que se acercaba rápidamente, y para las que ellos soportarían por causa de él.

¿Por qué era tan difícil para los discípulos aceptar, o siquiera comprender, las referencias explícitas de Jesús a su próximo sacrificio? Mar. 9:31, 32; Luc. 9:44, 45.
 
En ambos registros, Marcos y Lucas mencionan que los discípulos tenían miedo de preguntar a Jesús qué era lo que quería decir con sus palabras; es decir, ellos no querían saberlo. ¡Qué característica tan humana!: no querer escuchar las malas noticias, no querer oír algo que va contra los propios conceptos y esperanzas acariciados.

De muchas maneras, podemos encontrar la clave de esta actitud en el informe de Marcos, unos pocos versículos más adelante (vers. 33, 34), acerca del momento en el que habían estado discutiendo quién de ellos sería el mayor; en otras palabras, los que estaban tan ocupados pensando en los honores mundanos no estaban realmente listos para la vergüenza y la degradación de la Cruz. No es extraño que Marcos se refiriera dos veces a la torpeza de los discípulos en comprender las palabras y los hechos de Jesús, porque “estaban endurecidos sus corazones” (Mar. 6:52; 8:17). Este endurecimiento fue causado por el engaño del orgullo y la vanagloria, que estaba en conflicto con el espíritu de la Cruz. Sus discípulos, en esta etapa, veían el amor sacrificial como un raro broche de oro para adornar el manto de la vida en sus momentos más majestuosos, en vez de ser el espíritu adecuado de la vida diaria. Cuando vieron a Cristo apartarse con abnegación de las oportunidades de apoderarse del gobierno del poder político, se irritaron por su aparente falta de pragmatismo y ambición.

 ¿De qué modo vemos manifestado este mismo espíritu en nuestra iglesia local o aun en nuestros propios corazones? Es algo muy natural desear el honor y la gloria, ¿verdad? ¿De qué modos lo ves en ti mismo? ¿Por qué, entonces, debemos ser quebrantados al pie de la cruz de Cristo?


Miércoles 26 de enero 2005
Sombras que Caen y Gloria Radiante.  Lee Mateo 17:1 al 9 y Lucas 9:28 al 36. Anota las cosas que ocurrieron que deberían haber aumentado la fe de aquéllos que presenciaron esta manifestación divina increíble.
 
Cristo sabía que sus discípulos no estaban preparados para la crisis inmediata. Abrumados por la creciente oposición de los líderes religiosos, por la reciente decapitación de Juan el Bautista y por las advertencias de Cristo acerca de sus sufrimientos inminentes, ellos afrontaron presagios inevitables; por eso fue necesaria esta manifestación increíble del poder divino, incluyendo una voz procedente del Cielo que confirmaba la divinidad de Jesús ante los discípulos. Todo esto realmente debería haber aumentado su fe y haberlos fortalecido para afrontar las pruebas venideras.

¿Acerca de qué hablaron Moisés y Elías con Cristo? Luc. 9:30, 31. ¿Por qué crees que analizaron este tema?
 
Es fascinante el hecho de que el Cielo no haya enviado ángeles poderosos en esta ocasión; en cambio, dos seres humanos que, en sus propias formas, sufrieron los trabajos y las pruebas de la humanidad, vinieron para hablar con el Salvador acerca de su sacrificio inminente en la Cruz; en otras palabras, esta escena increíble no fue solamente para los tres discípulos (que durmieron durante parte de su desarrollo), sino también para Jesús, para fortalecerlo en su humanidad al enfrentar la Cruz. “Estos hombres, escogidos antes que cualquier ángel que rodeara el trono, habían venido para conversar con Jesús acerca de las escenas de sus sufrimientos y para consolarlo con la seguridad de la simpatía del cielo” (DTG 391).

Imagínate teniendo el privilegio de alguna divina manifestación increíble del poder celestial que afirmara fuertemente tu fe en Jesús, así como la tuvieron Pedro, Santiago y Juan. Nunca más dudarías, ¿verdad? Tu fe se mantendría sólida, y nunca necesitarías ninguna otra reafirmación, ¿cierto? ¿Por qué la experiencia de los discípulos no fue ésta, aun después de presenciar la transfiguración? ¿Cuál fue el problema de ellos, y cuál es el nuestro? 


Jueves 27 de enero 2005
La Ley del Nuevo Reino (Mat. 20:25-28).

El ministerio de Cristo estaba avanzando lentamente hacia su culminación. Estaba conduciendo a sus discípulos en su último viaje con ellos. Por el camino, les reveló claramente que en Jerusalén “se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre”, porque “el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará” (Luc. 18:31; Mat. 20:18, 19). Esta afirmación de los eventos próximos debería haber despertado el interés de los discípulos por las enseñanzas de los profetas con respecto a estos temas. Pero “ellos nada comprendieron de estas cosas [...] y no entendían lo que se les decía” (Luc. 18:34), no porque las palabras de Jesús no fueran claras o fueran enigmáticas, sino porque los propósitos de Jesús eran muy diferentes de sus metas y expectativas personales. Sencillamente, no querían escuchar lo que él tenía que decirles; después de todo, Cristo los había comisionado para proclamar por todas partes que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2) y se les había prometido cargos de alto honor en él, entronizados como jueces de Israel (Mat. 19:27-30).

Estimulados por esta promesa, Santiago y Juan, con su madre Salomé, ¿qué favor especial pidieron a Jesús? ¿Qué reveló su respuesta acerca de las características del sendero al trono de gloria en su reino y a la naturaleza de su gobierno? Mat. 20:20-28; Mar. 10:35-45

Este pedido sonaba fuertemente como una ambición egoísta, pero Jesús no los reprendió por codiciar honores personales que eran tan incongruentes con la misión y el carácter de Jesús; más bien, procuró ahondar y purificar su amor hacia él, y su vinculación con su causa. Deseaba que captaran que la cruz precede siempre a la corona.

Fíodor Dostoievski escribió un relato acerca de que Jesús volvió a la tierra en la carne, como vino la primera vez. Antes de mucho, Jesús fue arrestado y enviado a la cárcel, donde afrontó los interrogatorios del Gran Inquisidor, que quería saber por qué había vuelto para interferir con ellos y sus planes. Suponte ahora que Jesús, en la carne, te visitara en tu vida. ¿De qué maneras estaría él interfiriendo contigo y con tus planes? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de ti mismo y de cómo estás viviendo?


Viernes 28 de enero 2005
Para Estudiar y Meditar:  Lee Los hechos de los apóstoles, pp. 296, 447-450; El Deseado de todas las gentes, pp. 501-505, 599, 600; Fundamentals of Christian Education, p. 142; La edificación del carácter y la formación de la personalidad, pp. 72-74; Testimonies for the Church, t. 4, p. 226.

“La cruz del Calvario debe levantarse en alto delante de la gente para que absorba sus espíritus y concentre sus pensamientos. Entonces, todas las facultades espirituales se vivificarán con el poder divino que viene directamente de Dios. Se concentrarán, entonces, las energías en una actividad genuina por el Maestro. Los que obren enviarán al mundo rayos de luz, como agentes vivos que iluminen la tierra” (DMJ 40).

Preguntas Para Dialogar:

Cristo, el mejor Maestro del mundo y Modelo de la verdad, demostró en forma consistente, en cada acto, que había venido no “para ser servido, sino para servir” (Mar. 10:45). ¿Por qué los discípulos tuvieron tanta dificultad en captar la naturaleza de la misión de Jesús, que era de sacrificio y entrega propios, y que trascendía su yo y el llamado de Jesús en las vidas de ellos? ¿Qué dice esto acerca de la humanidad en su situación caída? ¿De qué única manera puede ser transformado este espíritu?

Si Cristo se hubiera molestado debido a la falta de aprecio de sus discípulos por los servicios que demostraban su humanidad, y se hubiera quejado por su falta de percepción con respecto a las metas y el carácter esenciales de Jesús, ¿de qué modo esto hubiera afectado su influencia y su misión? ¿Tenemos nosotros más derecho a protestar y quejarnos del que tuvo Cristo? ¿Cuál es el antídoto para este espíritu y conducta demasiado frecuentes en nuestras vidas? Juan 15:11; 16:33; Heb. 12:1-5.

Los discípulos, seguidores de Cristo, no estaban preparados para la Cruz, a pesar de que se les había dado mucha luz de antemano al respecto. ¿Qué semejanzas puedes encontrar entre ellos y su estado espiritual, y el nuestro, como personas, o como iglesia, mientras esperamos su Segunda venida?

Analiza las preguntas que están al final de la sección para el jueves, pero en el contexto de la iglesia mundial, o de tu iglesia local. ¿Daríamos la bienvenida a Jesús o estaría él estorbando el camino de nuestros planes como iglesia?


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Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
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