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Lección 4
Redención
Para el 22 de enero del 2005

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Me preparaste cuerpo
PARA MEMORIZAR
“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo” (Heb. 10:5).
Sábado 15 de enero 2005
HACE UNOS DOS MIL CUATROCIENTOS AÑOS, Eurípides escribió Alcestis, en cuyo argumento Admeto, rey de Tesalia, fue destinado a una muerte temprana, a menos que pudiera encontrar un sustituto que muriera en su lugar. Acudió a su padre, a su madre, a otros familiares y amigos, y todos se rehusaron a entregarse en su lugar; sólo su esposa, Alcestis, acordó ofrecerse a sí misma. Después de la muerte de ella, Admeto lamentó su pérdida: “Nunca me cansaré de lamentarte, ¡oh, mi esposa! No durante un año, sino todos mis días, aborreciendo a la mujer que me dio a luz, odiando a mi padre, porque ellos amaban de palabra, pero no con hechos”.

El drama de Eurípides contiene muchos temas, el más importante de los cuales es el del sacrificio propio; de lo que significa darse a sí mismo por otro. Por supuesto, como cristianos, vemos aquí un débil ejemplo de la historia de Jesús, que se ofreció a sí mismo, no por un rey, sino por un planeta lleno de seres indignos y enemistados con él. Esta semana consideraremos la etapa inicial de este ejemplo increíble de sacrificio: la venida de Cristo en carne humana para ofrecer su vida por las nuestras.

UN VISTAZO A LA SEMANA
¿Qué era Cristo antes de su encarnación? Después de su encarnación, ¿fue tanto Dios como hombre? ¿De qué manera describe la Biblia su humanidad? ¿Su divinidad? ¿Cómo pudo tener ambas naturalezas al mismo tiempo? ¿Cuán importante es para nosotros tanto su divinidad como su humanidad?


Domingo 16 de enero 2005
“¿Es El Universo Amigable?”
Para tan sólo comenzar a apreciar lo que realizó Jesucristo por nosotros al llevar sobre sí mismo nuestra humanidad, primero debemos comprender su verdadera identidad y esencia divinas, de dónde vino y qué era antes de su viaje a este mundo a través del vientre de María, su madre terrenal. Estos temas no son siempre fáciles de captar, porque las ideas subyacentes en ellos son muy increíbles. Todo lo que podemos hacer, mediante la conducción del Espíritu Santo, es maravillarnos por lo que sabemos y regocijarnos porque este conocimiento, dado por Dios, nos ofrece esperanza eterna.

Lee los siguientes versículos: Miqueas 5:2; Juan 1:1-3; 6:62; 8:58. ¿Qué nos enseñan acerca de dónde estaba Jesús y quién era él antes de su venida a la tierra como ser humano?

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Estos textos (y otros) se relacionan con un tema vital: el de la preexistencia de Jesús a su encarnación (su venida en carne humana). Lo que nos enseñan es, entre otras cosas, que Jesús es Dios y que existió antes de venir a esta tierra. Él no fue sencillamente un gran hombre, un gran maestro y un guía espiritual: él era Dios y, como tal, existió antes de llegar a ser un ser humano; en realidad, él existe eternamente y por sí mismo. La deidad de Cristo es un tema que corre a través de toda la Biblia. Jesús vino del Padre (Juan 10:30), y existe eternamente con el Padre (Juan 1:2). Nunca hubo un tiempo cuando Jesús no haya existido; de otro modo, sería un ser creado, y la Biblia no sostiene este concepto en absoluto.

Lee Juan 1:3.¿De qué modo este versículo arroja luz sobre la preexistencia eterna de Jesús?

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Piensa en lo que significa esta gran verdad: que Jesús, coeterno con el Padre, se hizo un ser humano finito. Piensa de qué modo la comprensión de esta verdad modifica nuestra percepción no sólo de nosotros mismos, sino también de nuestro mundo; aun de toda nuestra existencia. Alguien dijo cierta vez que el planteo vital que afronta la humanidad es: “¿Es el universo amigable?” Analiza con otras personas de qué manera tu comprensión de la divinidad y la preexistencia de Cristo ayuda a responder a esta pregunta. 


Lunes 17 de enero 2005
En la Forma de Dios y de Hombre
Para la mente moderna, las ideas de la preexistencia de Cristo y luego su encarnación humana son demasiado ridículas para tomarlas con seriedad. Son historias que corresponden a una era precientífica; es prerracional. Para un mundo que se desarrolló dentro del paradigma del método científico, en el que se considera como verdad sólo lo que puede ser demostrado empíricamente o por medio de la investigación científica, la encarnación de Jesús es sencillamente algo que la gente “razonable” no puede aceptar, porque existe fuera del ámbito en el que se pueden usar las modernas herramientas científicas de investigación y examen. Eso estaría bien si toda la verdad existiera dentro de esos parámetros de conocimiento; pero, como esto no es así, esta metodología nunca nos llevará a la verdad que realmente necesitamos conocer y que pertenece al ámbito de la fe. En cambio, conocemos estas verdades, porque nos las han contado.

Lee Filipenses 2:5 al 8. ¿Qué nos está señalando Dios en estos versículos? ¿Qué nos dicen acerca de quién era Jesús y lo que llegó a ser a fin de salvarnos? ¿De qué modos revelan estos textos los aspectos divino y humano de Jesús?

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En los versículos 6 y 7, Pablo dice que Jesús, “siendo en forma de Dios”, se “despojó [literalmente “vació”] a sí mismo” y tomó la “forma de siervo”. Lo interesante es que la palabra traducida en ambas ocasiones como “forma” proviene de una palabra griega, morfé, que denota las características básicas y esenciales de algo, en contraposición con las características meramente incidentales o variables. En otras palabras, un círculo puede ser de color verde o rojo, o hecho con piedras; éstos son elementos accesorios no esenciales para ser un círculo, porque pueden cambiar y el círculo sigue siendo tal; en contraste, la redondez del círculo, su morfé, su forma, no puede cambiar nunca; es lo que se necesita para ser un círculo. Esto es lo que Pablo nos está diciendo aquí acerca de Jesús: él era verdaderamente Dios, porque tenía las características esenciales de Dios; y luego se humilló a sí mismo y tomó las características esenciales de un ser humano, un siervo, y llegó a ser plenamente humano también. Él era verdaderamente Dios como así también era verdaderamente un hombre.

¿Por qué la gran verdad acerca de la divinidad y la humanidad de Cristo es algo que la ciencia o cualquier investigación humana nunca puede enseñarnos? ¿Qué otras verdades importantes existen fuera del ámbito de la ciencia y de la filosofía? ¿Qué debiera decirnos esto acerca de los límites de aquellas disciplinas para revelarnos una verdad vital? 


Martes 18 de enero 2005
La Humanidad de Cristo
En el contexto de la mirada que dimos ayer a Filipenses 2, analiza el siguiente párrafo de Elena de White: “¡Maravillosa combinación de hombre y Dios! Él podría haber ayudado a su naturaleza humana a vencer los ataques de la enfermedad echando un poco de la vitalidad y el vigor divinos en lo humano. Pero él se humilló a sí mismo hasta alcanzar la naturaleza humana. Lo hizo para que se cumpliese la Escritura; y el Hijo de Dios entró en el plan sabiendo todos los pasos de su humillación, que debía descender para expiar los pecados de un mundo condenado y quejumbroso. ¡Qué humillación! Asombró a los ángeles. La lengua nunca podrá describirla; la imaginación no puede captarla. ¡La Palabra eterna consintió en ser hecha carne! ¡Dios se hizo hombre! Fue una humillación maravillosa”.–Elena G. de White, R&H, 4 de septiembre de 1900.

Lee los siguientes textos: Mateo 4:1, 2; 8:24; 26:37; Marcos 2:16; 3:5; Lucas 2:7; Juan 4:6; 11:41; 19:28. ¿De qué modo confirman la humanidad de Cristo?

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Mateo, Marcos, Lucas y Juan, por diferentes que fueron sus enfoques respecto de la vida y la muerte de Jesús, todos, a su manera, testificaron acerca de su humanidad, porque lo describieron como alguien que comió, oró, durmió, tuvo sed y hambre, y se cansó. Para ellos, su humanidad nunca parece haber estado en duda.

No obstante, mientras daban testimonio de su humanidad, la Biblia también aclara muy bien que Jesús nunca pecó, que en su naturaleza humana ni una sola vez sucumbió a la tentación de la carne ni a los ataques del tentador: la Epístola a los Hebreos afirma que Jesús “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:15); Pedro, que conoció bien a Jesús, testificó que “no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Ped. 2:22); Juan escribió que “no hay pecado en él” (1 Juan 3:5); y Pablo afirmó que Cristo “no conoció pecado” (2 Cor. 5:21). Asímismo, las propias palabras de Cristo revelan el hecho de que, aunque era humano, nunca pecó (ver Juan 8:29, 46; 15:10).

No es difícil de comprender por qué la humanidad de Jesús es tan importante para nosotros; después de todo, al tomar sobre sí la naturaleza humana, Cristo se vinculó con la raza de una manera notable. Sin embargo, ¿por qué es tan importante la ausencia de pecado en él? 


Miércoles 19 de enero 2005
La Divinidad de Cristo
Lee los siguientes textos. En el espacio en blanco, anota de qué modo cada uno de ellos expresa la divinidad de Jesús:

Juan 8:58 _______________________________________________________________________________________________________

Juan 20:28 _______________________________________________________________________________________________________

Hebreos 1:8, 9 ____________________________________________________________________________________________________

Mientras la Biblia deja bien asentada la humanidad de Jesús, también es clara en cuanto a su divinidad: el Dios que existió antes de asumir la humanidad siguió siendo el mismo Dios, aunque ahora estuviera vestido de humanidad; un concepto que, en realidad, es difícil de comprender en toda su plenitud para nosotros.

Por supuesto, el hecho de que no podamos entender algo no afecta la veracidad de ello. Hay muchas cosas, aun en el mundo “secular”, que se creen ciertas pero que son difíciles de entender. La teoría cuántica enseña que las partículas subatómicas no existen realmente hasta que alguien las observa; la teoría de la relatividad sostiene que la materia curva el espacio y el tiempo; los mismos procesos de la vida están llenos de misterios que no entendemos, aun cuando sabemos que la vida es real. En resumen, todo a nuestro alrededor está inmerso en ciertos misterios, cosas que no podemos comprender plenamente. ¿Por qué, entonces, debería sorprendernos que también los tengamos en cuanto a nuestra religión? No es de extrañar que las Escrituras nos inviten a que consideremos el misterio de Dios, aun el de Cristo (Col. 2:2, 3); tampoco debe extrañarnos que Jesús nos dijera que el verdadero conocimiento de él es posible sólo por medio de su revelación de sí mismo (Mat. 11:25-27; 16:17).

¿Qué otras cosas, sea en el mundo secular o el espiritual, creemos que son verdaderas aun cuando sean difíciles o imposibles de comprender? ¿De qué modo este hecho (de que haya muchas realidades que creemos pero que no logramos entender) nos ayuda a captar, por fe, la gran verdad acerca de que Jesús es tanto Dios como hombre? En otras palabras, ¿por qué no debemos rechazar algo por el hecho de que no lo podamos comprender? 


Jueves 20 de enero 2005
Autor de Eterna Salvación
Felizmente, no necesitamos conocer todas las complejidades con respecto a la naturaleza de Cristo para recibir el beneficio de lo que realizó para nosotros: Dios nos ha revelado lo suficiente para poder ser salvos.

Lee cuidadosamente Hebreos 5:7 al 9. ¿De qué modo se describe aquí la humanidad de Cristo? ¿De qué maneras nuestra experiencia es semejante a la de él? Al mismo tiempo, ¿qué logró él por nosotros que nunca podríamos haber realizado por nosotros mismos?

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Al examinar Hebreos 5:7 al 9 podemos percibir muy claramente la humanidad de Jesús: su carne, sus lágrimas, sus sufrimientos, su obediencia... de tantas maneras todo eso suena muy humano: una persona piadosa que sufre y lucha en medio de las tareas de la vida, aferrándose con fe y reverencia al Padre. Todo esto lo observamos en Jesús (lee también Mat. 26:39; 27:46; Luc. 22:42).

No obstante, al mismo tiempo él también es Dios. Como Dios, originó el plan de salvación y lo puso en práctica en su faceta humana. Él es llamado “autor de eterna salvación” (Heb. 5:9); de otro modo, ya sea como un ángel o sólo como un hombre bueno, nunca podría haber expiado los pecados del mundo. Un ser creado, por excelso, exaltado o santo que sea, seguirá siendo eso: un ser creado. Sólo él, Dios mismo, podía proveer lo necesario para salvar a la raza humana de la destrucción. De este modo, en su humanidad él creó un lazo y vínculo perfecto e inseparable con nosotros, dándonos un ejemplo de fe, obediencia y sufrimiento; entretanto, como Dios, podía proveer la única ofrenda que sería suficiente para pagar por los pecados del mundo; es decir, Cristo necesitaba ser perfectamente tanto Dios como hombre para que el plan de salvación tuviera éxito.

Lee otra vez Hebreos 5:7 al 9. ¿De qué manera has experimentado, en tu experiencia con el Señor, algunas de las cosas mencionadas aquí? Por ejemplo, ¿de qué modo el sufrimiento te ayudó a aprender la obediencia? Y, aunque la palabra perfección está cargada con toda clase de ideas y controversias teológicas, ¿de qué maneras has experimentado cambios de carácter para el bien como resultado de tus pruebas, tus oraciones y tus súplicas? ¿De qué modo estos versículos, en cierta manera, reflejan tu propia experiencia cristiana? 


Viernes 21 de enero 2005
Para Estudiar y Meditar
“Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza y pasó por nuestras vicisitudes. ‘Por lo cual convenía que en todo fuese semejado a sus hermanos’ (Heb. 2:17, VM). Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue ‘tentado en todo punto, así como nosotros’ (Heb. 4:15, VM). Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente” (DTG 15, 16).

“El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación ‘del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio’ (Rom. 16:25, VM). Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiera, sino que previó su existencia e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito ‘para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)” (DTG 13, 14).

Preguntas Para Dialogar:

1.      ¿Por qué a veces es necesario el sufrimiento para que obedezcamos?

2.      Analiza las paradojas o tensiones conceptuales con respecto a la naturaleza divino-humana de Cristo. Por ejemplo, el que “sustenta todas las cosas” (Heb. 1:3) no obstante necesitó crecer en sabiduría y en estatura (Luc. 2:52); el que existió antes que Abraham (Juan 8:58) nació en un humilde pesebre (Luc. 2:7). ¿Qué lecciones podemos aprender de estos puntos? ¿De qué modo nos ayudan a darnos cuenta de los límites de nuestra comprensión? ¿Por qué es importante que reconozcamos estos límites? ¿De qué modo la fe es un reconocimiento de los límites del conocimiento humano? Analiza estos problemas con la clase


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Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
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