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HACE UNOS DOS MIL CUATROCIENTOS
AÑOS, Eurípides escribió Alcestis, en cuyo argumento
Admeto, rey de Tesalia, fue destinado a una muerte temprana, a menos que
pudiera encontrar un sustituto que muriera en su lugar. Acudió a
su padre, a su madre, a otros familiares y amigos, y todos se rehusaron
a entregarse en su lugar; sólo su esposa, Alcestis, acordó
ofrecerse a sí misma. Después de la muerte de ella, Admeto
lamentó su pérdida: “Nunca me cansaré de lamentarte,
¡oh, mi esposa! No durante un año, sino todos mis días,
aborreciendo a la mujer que me dio a luz, odiando a mi padre, porque ellos
amaban de palabra, pero no con hechos”.
El drama de Eurípides
contiene muchos temas, el más importante de los cuales es el del
sacrificio propio; de lo que significa darse a sí mismo por otro.
Por supuesto, como cristianos, vemos aquí un débil ejemplo
de la historia de Jesús, que se ofreció a sí mismo,
no por un rey, sino por un planeta lleno de seres indignos y enemistados
con él. Esta semana consideraremos la etapa inicial de este ejemplo
increíble de sacrificio: la venida de Cristo en carne humana para
ofrecer su vida por las nuestras.
UN VISTAZO A LA SEMANA
¿Qué era Cristo
antes de su encarnación? Después de su encarnación,
¿fue tanto Dios como hombre? ¿De qué manera describe
la Biblia su humanidad? ¿Su divinidad? ¿Cómo pudo
tener ambas naturalezas al mismo tiempo? ¿Cuán importante
es para nosotros tanto su divinidad como su humanidad? |
“¿Es El Universo Amigable?”
Para tan sólo comenzar
a apreciar lo que realizó Jesucristo por nosotros al llevar sobre
sí mismo nuestra humanidad, primero debemos comprender su verdadera
identidad y esencia divinas, de dónde vino y qué era antes
de su viaje a este mundo a través del vientre de María, su
madre terrenal. Estos temas no son siempre fáciles de captar, porque
las ideas subyacentes en ellos son muy increíbles. Todo lo que podemos
hacer, mediante la conducción del Espíritu Santo, es maravillarnos
por lo que sabemos y regocijarnos porque este conocimiento, dado por Dios,
nos ofrece esperanza eterna.
Lee los siguientes versículos:
Miqueas 5:2; Juan 1:1-3; 6:62; 8:58. ¿Qué nos enseñan
acerca de dónde estaba Jesús y quién era él
antes de su venida a la tierra como ser humano?
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Estos textos (y otros) se relacionan
con un tema vital: el de la preexistencia de Jesús a su encarnación
(su venida en carne humana). Lo que nos enseñan es, entre otras
cosas, que Jesús es Dios y que existió antes de venir a esta
tierra. Él no fue sencillamente un gran hombre, un gran maestro
y un guía espiritual: él era Dios y, como tal, existió
antes de llegar a ser un ser humano; en realidad, él existe eternamente
y por sí mismo. La deidad de Cristo es un tema que corre a través
de toda la Biblia. Jesús vino del Padre (Juan 10:30), y existe eternamente
con el Padre (Juan 1:2). Nunca hubo un tiempo cuando Jesús no haya
existido; de otro modo, sería un ser creado, y la Biblia no sostiene
este concepto en absoluto.
Lee Juan 1:3.¿De qué
modo este versículo arroja luz sobre la preexistencia eterna de
Jesús?
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Piensa en lo que significa esta
gran verdad: que Jesús, coeterno con el Padre, se hizo un ser humano
finito. Piensa de qué modo la comprensión de esta verdad
modifica nuestra percepción no sólo de nosotros mismos, sino
también de nuestro mundo; aun de toda nuestra existencia. Alguien
dijo cierta vez que el planteo vital que afronta la humanidad es: “¿Es
el universo amigable?” Analiza con otras personas de qué manera
tu comprensión de la divinidad y la preexistencia de Cristo ayuda
a responder a esta pregunta. |
En la Forma de Dios y de Hombre
Para la mente moderna, las
ideas de la preexistencia de Cristo y luego su encarnación humana
son demasiado ridículas para tomarlas con seriedad. Son historias
que corresponden a una era precientífica; es prerracional. Para
un mundo que se desarrolló dentro del paradigma del método
científico, en el que se considera como verdad sólo lo que
puede ser demostrado empíricamente o por medio de la investigación
científica, la encarnación de Jesús es sencillamente
algo que la gente “razonable” no puede aceptar, porque existe fuera del
ámbito en el que se pueden usar las modernas herramientas científicas
de investigación y examen. Eso estaría bien si toda la verdad
existiera dentro de esos parámetros de conocimiento; pero, como
esto no es así, esta metodología nunca nos llevará
a la verdad que realmente necesitamos conocer y que pertenece al ámbito
de la fe. En cambio, conocemos estas verdades, porque nos las han contado.
Lee Filipenses 2:5 al 8. ¿Qué
nos está señalando Dios en estos versículos? ¿Qué
nos dicen acerca de quién era Jesús y lo que llegó
a ser a fin de salvarnos? ¿De qué modos revelan estos textos
los aspectos divino y humano de Jesús?
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En los versículos 6 y
7, Pablo dice que Jesús, “siendo en forma de Dios”, se “despojó
[literalmente “vació”] a sí mismo” y tomó la “forma
de siervo”. Lo interesante es que la palabra traducida en ambas ocasiones
como “forma” proviene de una palabra griega, morfé, que denota las
características básicas y esenciales de algo, en contraposición
con las características meramente incidentales o variables. En otras
palabras, un círculo puede ser de color verde o rojo, o hecho con
piedras; éstos son elementos accesorios no esenciales para ser un
círculo, porque pueden cambiar y el círculo sigue siendo
tal; en contraste, la redondez del círculo, su morfé, su
forma, no puede cambiar nunca; es lo que se necesita para ser un círculo.
Esto es lo que Pablo nos está diciendo aquí acerca de Jesús:
él era verdaderamente Dios, porque tenía las características
esenciales de Dios; y luego se humilló a sí mismo y tomó
las características esenciales de un ser humano, un siervo, y llegó
a ser plenamente humano también. Él era verdaderamente Dios
como así también era verdaderamente un hombre.
¿Por qué la gran
verdad acerca de la divinidad y la humanidad de Cristo es algo que la ciencia
o cualquier investigación humana nunca puede enseñarnos?
¿Qué otras verdades importantes existen fuera del ámbito
de la ciencia y de la filosofía? ¿Qué debiera decirnos
esto acerca de los límites de aquellas disciplinas para revelarnos
una verdad vital? |
La Humanidad de Cristo
En el contexto de la mirada
que dimos ayer a Filipenses 2, analiza el siguiente párrafo de Elena
de White: “¡Maravillosa combinación de hombre y Dios! Él
podría haber ayudado a su naturaleza humana a vencer los ataques
de la enfermedad echando un poco de la vitalidad y el vigor divinos en
lo humano. Pero él se humilló a sí mismo hasta alcanzar
la naturaleza humana. Lo hizo para que se cumpliese la Escritura; y el
Hijo de Dios entró en el plan sabiendo todos los pasos de su humillación,
que debía descender para expiar los pecados de un mundo condenado
y quejumbroso. ¡Qué humillación! Asombró a los
ángeles. La lengua nunca podrá describirla; la imaginación
no puede captarla. ¡La Palabra eterna consintió en ser hecha
carne! ¡Dios se hizo hombre! Fue una humillación maravillosa”.–Elena
G. de White, R&H, 4 de septiembre de 1900.
Lee los siguientes textos: Mateo
4:1, 2; 8:24; 26:37; Marcos 2:16; 3:5; Lucas 2:7; Juan 4:6; 11:41; 19:28.
¿De qué modo confirman la humanidad de Cristo?
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Mateo, Marcos, Lucas y Juan,
por diferentes que fueron sus enfoques respecto de la vida y la muerte
de Jesús, todos, a su manera, testificaron acerca de su humanidad,
porque lo describieron como alguien que comió, oró, durmió,
tuvo sed y hambre, y se cansó. Para ellos, su humanidad nunca parece
haber estado en duda.
No obstante, mientras daban
testimonio de su humanidad, la Biblia también aclara muy bien que
Jesús nunca pecó, que en su naturaleza humana ni una sola
vez sucumbió a la tentación de la carne ni a los ataques
del tentador: la Epístola a los Hebreos afirma que Jesús
“fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb.
4:15); Pedro, que conoció bien a Jesús, testificó
que “no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Ped.
2:22); Juan escribió que “no hay pecado en él” (1 Juan 3:5);
y Pablo afirmó que Cristo “no conoció pecado” (2 Cor. 5:21).
Asímismo, las propias palabras de Cristo revelan el hecho de que,
aunque era humano, nunca pecó (ver Juan 8:29, 46; 15:10).
No es difícil de comprender
por qué la humanidad de Jesús es tan importante para nosotros;
después de todo, al tomar sobre sí la naturaleza humana,
Cristo se vinculó con la raza de una manera notable. Sin embargo,
¿por qué es tan importante la ausencia de pecado en él? |
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Miércoles
19 de enero 2005
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La Divinidad de Cristo
Lee los siguientes textos.
En el espacio en blanco, anota de qué modo cada uno de ellos expresa
la divinidad de Jesús:
Juan 8:58 _______________________________________________________________________________________________________
Juan 20:28 _______________________________________________________________________________________________________
Hebreos 1:8, 9 ____________________________________________________________________________________________________
Mientras la Biblia deja bien
asentada la humanidad de Jesús, también es clara en cuanto
a su divinidad: el Dios que existió antes de asumir la humanidad
siguió siendo el mismo Dios, aunque ahora estuviera vestido de humanidad;
un concepto que, en realidad, es difícil de comprender en toda su
plenitud para nosotros.
Por supuesto, el hecho de que
no podamos entender algo no afecta la veracidad de ello. Hay muchas cosas,
aun en el mundo “secular”, que se creen ciertas pero que son difíciles
de entender. La teoría cuántica enseña que las partículas
subatómicas no existen realmente hasta que alguien las observa;
la teoría de la relatividad sostiene que la materia curva el espacio
y el tiempo; los mismos procesos de la vida están llenos de misterios
que no entendemos, aun cuando sabemos que la vida es real. En resumen,
todo a nuestro alrededor está inmerso en ciertos misterios, cosas
que no podemos comprender plenamente. ¿Por qué, entonces,
debería sorprendernos que también los tengamos en cuanto
a nuestra religión? No es de extrañar que las Escrituras
nos inviten a que consideremos el misterio de Dios, aun el de Cristo (Col.
2:2, 3); tampoco debe extrañarnos que Jesús nos dijera que
el verdadero conocimiento de él es posible sólo por medio
de su revelación de sí mismo (Mat. 11:25-27; 16:17).
¿Qué otras cosas,
sea en el mundo secular o el espiritual, creemos que son verdaderas aun
cuando sean difíciles o imposibles de comprender? ¿De qué
modo este hecho (de que haya muchas realidades que creemos pero que no
logramos entender) nos ayuda a captar, por fe, la gran verdad acerca de
que Jesús es tanto Dios como hombre? En otras palabras, ¿por
qué no debemos rechazar algo por el hecho de que no lo podamos comprender? |
Autor de Eterna Salvación
Felizmente, no necesitamos
conocer todas las complejidades con respecto a la naturaleza de Cristo
para recibir el beneficio de lo que realizó para nosotros: Dios
nos ha revelado lo suficiente para poder ser salvos.
Lee cuidadosamente Hebreos 5:7
al 9. ¿De qué modo se describe aquí la humanidad de
Cristo? ¿De qué maneras nuestra experiencia es semejante
a la de él? Al mismo tiempo, ¿qué logró él
por nosotros que nunca podríamos haber realizado por nosotros mismos?
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Al examinar Hebreos 5:7 al 9
podemos percibir muy claramente la humanidad de Jesús: su carne,
sus lágrimas, sus sufrimientos, su obediencia... de tantas maneras
todo eso suena muy humano: una persona piadosa que sufre y lucha en medio
de las tareas de la vida, aferrándose con fe y reverencia al Padre.
Todo esto lo observamos en Jesús (lee también Mat. 26:39;
27:46; Luc. 22:42).
No obstante, al mismo tiempo
él también es Dios. Como Dios, originó el plan de
salvación y lo puso en práctica en su faceta humana. Él
es llamado “autor de eterna salvación” (Heb. 5:9); de otro modo,
ya sea como un ángel o sólo como un hombre bueno, nunca podría
haber expiado los pecados del mundo. Un ser creado, por excelso, exaltado
o santo que sea, seguirá siendo eso: un ser creado. Sólo
él, Dios mismo, podía proveer lo necesario para salvar a
la raza humana de la destrucción. De este modo, en su humanidad
él creó un lazo y vínculo perfecto e inseparable con
nosotros, dándonos un ejemplo de fe, obediencia y sufrimiento; entretanto,
como Dios, podía proveer la única ofrenda que sería
suficiente para pagar por los pecados del mundo; es decir, Cristo necesitaba
ser perfectamente tanto Dios como hombre para que el plan de salvación
tuviera éxito.
Lee otra vez Hebreos 5:7 al
9. ¿De qué manera has experimentado, en tu experiencia con
el Señor, algunas de las cosas mencionadas aquí? Por ejemplo,
¿de qué modo el sufrimiento te ayudó a aprender la
obediencia? Y, aunque la palabra perfección está cargada
con toda clase de ideas y controversias teológicas, ¿de qué
maneras has experimentado cambios de carácter para el bien como
resultado de tus pruebas, tus oraciones y tus súplicas? ¿De
qué modo estos versículos, en cierta manera, reflejan tu
propia experiencia cristiana? |
Para Estudiar y Meditar
“Como uno de nosotros, había
de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí
nuestra naturaleza y pasó por nuestras vicisitudes. ‘Por lo cual
convenía que en todo fuese semejado a sus hermanos’ (Heb. 2:17,
VM). Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó,
en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como
insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue ‘tentado en
todo punto, así como nosotros’ (Heb. 4:15, VM). Soportó toda
prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder
alguno que no nos sea ofrecido generosamente” (DTG 15, 16).
“El plan de nuestra redención
no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída
de Adán. Fue una revelación ‘del misterio que por tiempos
eternos fue guardado en silencio’ (Rom. 16:25, VM). Fue una manifestación
de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento
del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la
apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido
por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiera,
sino que previó su existencia e hizo provisión para hacer
frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que
se comprometió a dar a su Hijo unigénito ‘para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)”
(DTG 13, 14).
Preguntas Para Dialogar:
1.
¿Por qué a veces es necesario el sufrimiento para que obedezcamos?
2.
Analiza las paradojas o tensiones conceptuales con respecto a la naturaleza
divino-humana de Cristo. Por ejemplo, el que “sustenta todas las cosas”
(Heb. 1:3) no obstante necesitó crecer en sabiduría y en
estatura (Luc. 2:52); el que existió antes que Abraham (Juan 8:58)
nació en un humilde pesebre (Luc. 2:7). ¿Qué lecciones
podemos aprender de estos puntos? ¿De qué modo nos ayudan
a darnos cuenta de los límites de nuestra comprensión? ¿Por
qué es importante que reconozcamos estos límites? ¿De
qué modo la fe es un reconocimiento de los límites del conocimiento
humano? Analiza estos problemas con la clase |