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Lección 2
Redención
Para el 8 de enero del 2005

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Su propósito previsto en tipos 
PARA MEMORIZAR
“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos” (Gén. 22:8)
Sábado 1 de enero 2005
Lee para el estudio de esta semana: Génesis 4:1-8; 22:1-19; Números 21:4-9 

LA MAYORÍA DE LOS CRISTIANOS COMPRENDEN una verdad vital: la salvación siempre se ha realizado de una sola manera, mediante la muerte expiatoria de Jesús. Cualquiera que esté en el cielo llegó allí, sólo por medio de Jesús, sea que lo haya conocido por nombre o no. Algunos tendrán mucho conocimiento acerca del plan de salvación; otros, muy poco; algunos vivirán aquí en medio de la luz; otros, sólo en las sombras.

Y, sin embargo, la vida en las sombras no es todo oscuridad. Para que haya sombras, debe haber luz. Las sombras, a su manera, son un bosquejo de la luz; existen al borde de la luz, y no podrían tener lugar si no hubiera luz. Las sombras nos ayudan a comprender la luz.

Esta semana consideraremos a quienes vivieron en las sombras, sombras que fueron posibles sólo porque la luz siempre estuvo allí. Mucho antes de que se concediera la revelación plena en el Calvario, Dios estaba enseñando a su pueblo verdades acerca de lo que haría para salvar al mundo del pecado; y se las enseñó por medio de sombras.

UN VISTAZO A LA SEMANA: ¿Qué palabras emplea la Biblia para definir el concepto de pecado? ¿De qué manera se reveló la Cruz en las historias de Caín y Abel, de Abraham en el monte Moria y de las serpientes ardientes en el desierto? ¿Qué nos enseñan estos relatos acerca del evangelio? 


Domingo 2 de enero 2005
LA CRISIS DEL PECADO
La Biblia usa diferentes términos para transmitir la idea de pecado. Abajo aparecen algunos de los más comunes usados en ambos Testamentos, incluyendo una explicación de su significado y unos pocos versículos donde se los usa. Lee estos versículos y sus explicaciones.

Antiguo Testamento
  1. Hattat, “errar el blanco” (Lev. 5:5; Sal. 51:4).
  2. Awon, traducido como “iniquidad”, con la idea básica de falsedad, deshonestidad, distorsión (Gén. 15:16; Isa. 43:24).
  3. Pesha. Significa una violación deliberada y voluntaria de una norma o una autoridad. Es rebelión contra Dios y, a veces, se traduce como “transgresión” (Isa. 1:2; Amós 4:4). 
  4. Resha. Significa literalmente “estar suelto”, “desarticulado”, y comúnmente da la idea de maldad (Gén. 18:23; Éxo. 23:1). 

Nuevo Testamento
  1. Jamartía. Significa literalmente “errar el blanco” y se usa en el Nuevo Testamento para indicar una decisión humana de ser hostil hacia Dios (Juan 19:11; 1 Juan 1:8). 
  2. Parakoé. Significa literalmente “dejar de escuchar”, o “indisposición para oír”. A menudo se traduce como “desobediencia” (Rom. 5:19; Heb. 2:2). 
  3. Paráptoma. Generalmente significa una falta, un desliz, una caída. Comúnmente se traduce como “ofensa”, o “delito” (Mat. 6:14; Rom. 4:25). 
  4. Anomía. Sugiere un desprecio o una violación de la nómos, la ley; es la palabra que se ha traducido como “infracción de la ley” en 1 Juan 3:4 (Mat. 7:23; Heb. 1:9). 
  5. Adikía. Da la idea de “injusticia” o “maldad” (Rom. 1:18; 2 Ped. 2:15). 

“Errar el blanco”, una “distorsión”, un “dejar de escuchar”, una “rebelión”... tantas palabras y conceptos diferentes que expresan la idea de pecado. Lo que esto parece significar, entre otras cosas, es que el pecado se puede manifestar de diversas maneras, incitadas o estimuladas por diferentes razones. Escribe un corto párrafo donde expreses qué otras lecciones has aprendido acerca del pecado mediante el estudio de estas palabras. 


Lunes 3 de enero 2005
LA CRISIS DEL PECADO (Cont.) - “El mundo está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
Como seres hundidos en el pecado, ¿cómo puede ser que comprendamos plenamente la magnitud de sus dimensiones? Realmente, no podemos hacerlo; es como tratar de mirar un pizarrón negro en una sala oscura. Y, aunque no podamos comprender plenamente lo que es el pecado, sí podemos entender lo suficiente como para conocer su malignidad.

Piensa en tres personas que estén cerca de ti: familiares, amigos, vecinos u otros. Considera sus vidas, y anota qué sufrimientos les ha producido el pecado (aunque no necesariamente el pecado cometido por ellos mismos)
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¿Acerca de qué escribiste? ¿Enfermedades, dolencias, muerte, crimen, violencia, dolor, alienación, odio, amargura, etc., etc.? Ahora, multiplica todo eso por cada ser humano que alguna vez vivió sobre la tierra o vivirá todavía (excepto uno), y sólo comenzaremos a entender la devastación que produce el pecado.

No obstante, la destrucción física, externa, causada por el pecado es sólo una parte del drama: el pecado cala mucho más profundo que esto. El pecado es, en primera instancia, una rebelión contra el señorío y la soberanía de Dios; es rehusar aceptar su autoridad en la vida, la conducta y el destino final propios, y se manifiesta por medio de diferentes conductas morales, espirituales y éticas que, inevitablemente, conducen al sufrimiento y a la muerte.

El pecado, para ser comprendido como tal, debe considerarse en el contexto de quiénes somos en relación con Dios. Debe verse como un estado de la existencia a la vez que como hechos y acciones. En realidad, los hechos y las acciones, por sí mismos, resultan del estado de pecado en el que existimos. Por lo tanto, el pecado es tanto quiénes somos como lo que hacemos; porque, al fin, hacemos esas cosas a causa de lo que somos.

Sólo cuando apreciamos lo que se necesitó para salvarnos del pecado podemos comenzar a comprender cuán pernicioso es. ¿Qué nos enseñan los siguientes versículos acerca de cuán malo es el pecado, por las medidas extremas que fue necesario tomar para salvarnos de él? Luc. 24:7; Juan 3:14; Rom. 3:21-26; 2 Cor. 5:21; 1 Ped. 2:24. 


Martes 4 de enero 2005
CAÍN Y ABEL (Gén 4:1-8) 
Durante estos últimos dos días hemos considerado el problema del pecado. ¿Qué diremos acerca de su solución?
Para comenzar, después de que Adán y Eva transgredieron el mandato de Dios y el Señor los expulsó del Jardín del Edén, ellos mantuvieron su contacto con Dios por medio de la adoración, que se centraba en fijar la vista en el Hijo prometido, que terminaría con el problema del pecado. Aunque las Escrituras no proveen muchos datos acerca del sistema de sacrificios que observaron Adán y Eva, es evidente, por los actos de adoración de sus primeros hijos, Caín y Abel, que el sacrificio del cordero, como expresión de arrepentimiento y fe en el Mesías venidero, estaba en el centro de su esquema de adoración.

¿Qué actitud abrigó Caín, que lo condujo finalmente a rehusar ofrecer el sacrificio de un cordero? Gén. 4:1-8; 1 Juan 3:11-15.
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A menudo se considera esta historia como un ejemplo temprano del contraste entre los que aceptan la justicia de Cristo por fe y los que buscan ganar la salvación por medio de sus “buenas obras”. No obstante, hay una ironía aquí. Los que se oponen a la salvación por la fe sólo en Cristo, sin las obras de la Ley (Rom. 3:28; Gál. 2:16; 3:11), a menudo pretenden que esa enseñanza conduce al pecado; después de todo, razonan, si se ha dicho a la gente que las buenas obras no pueden salvarlos, entonces ¿por qué la gente tendría que esforzarse para ejercerlas (Rom. 6:1, 15)?
Lee cuidadosamente Génesis 4:3 al 7 y 1 Juan 3:12. En ambos pasajes, ¿qué se está manifestando acerca de las obras de Caín en contraste con las de Abel? ¿Cuáles eran las obras de Caín, por lo menos las que se muestran en la Biblia, y por qué se las describe de esa manera? ¿Qué nos dicen estos textos acerca de la naturaleza de los esfuerzos humanos por ganar la salvación?
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Las obras de Caín son consideradas malas porque fueron realizadas en un intento por ganar la salvación “a su modo”, mientras que las de Abel, que surgían de un corazón que comprendía la necesidad de un sacrificio por el pecado, enunciado por Dios, fueron consideradas justas. En otras palabras, sólo los que comprenden su dependencia total de Dios para su salvación, su dependencia completa de un Sustituto, pueden producir lo que consideraríamos “buenas obras”. El valor de las obras debe estimarse, sin por los motivos que llevan a hacerlas: las obras hechas por un corazón que procura ganar la salvación por sí mismo son consideradas malas, mientras que las que brotan de un corazón que expresa gratitud por la salvación otorgada son consideradas justas. ¿Por qué crees que esto es así? 


Miércoles 5 de enero 2005
ABRAHAM Y EL CALVARIO (Gén. 22:1-19; Gál. 3:8)
Una de las historias más emocionantes de la Biblia es la de Abraham e Isaac en el monte Moria. Tres religiones: el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, por diversas razones, estiman esta historia. Por supuesto, los cristianos ven en ella un tipo, un símbolo, del plan de salvación y de la muerte sustitutiva de Jesús en nuestro lugar.

Lee Génesis 22:1 al 19. Por un momento, ignora el elemento del evangelio. ¿Qué otras lecciones puedes obtener de esta historia que podrían ser de valor para conocer a Dios? ¿Qué lecciones crees que las otras religiones pueden obtener de este episodio?
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Muchas otras verdades espirituales pueden obtenerse de esta historia, pero el elemento esencial del evangelio, el sacrificio del cordero en lugar del joven Isaac, integra el núcleo de este capítulo. Y una de las cosas que Dios nos está diciendo aquí, por medio del evangelio, es que aun un acto de abnegación total –la disposición de Abraham a sacrificar a su propio hijo (ciertamente, ¿qué padre no hubiera preferido ofrecerse a sí mismo en lugar de su hijo?)– no era suficiente para expiar los pecados. El problema del pecado es demasiado profundo para que cualquiera de nosotros, como pecadores, pudiéramos hacer cualquier cosa para resolverlo. Aun un acto como el que Abraham estuvo dispuesto a hacer, surgiendo de un corazón lleno de fe y sumisión, no fue suficiente: sólo Dios mismo podía solucionar el problema del pecado; sólo él podía proveer el Cordero necesario.

Lee Génesis 22:8. ¿De qué modo se reveló aquí el evangelio? ¿Crees que Abraham entendió plenamente lo que estaba diciendo? ¿O tal vez sólo estaba tratando de calmar la inquietud de su hijo?
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Gálatas 3:7 al 9 señala que el evangelio fue predicado a Abraham, y que, en su simiente (citando Génesis 22:18), serían benditas todas las familias de la tierra. Es claro que si Abraham no entendió del todo el plan de salvación anteriormente, lo tuvo que haber entendido mejor ahora. Sin duda, fue una lección dolorosa de aprender.

Aunque las obras de Abraham no podían salvarlo, ¿de qué modo expresaron su fe? ¿Qué lecciones podemos aprender de esto acerca de la relación entre la fe y las obras? 


Jueves 6 de enero 2005
LA SERPIENTE EN EL DESIERTO (Núm. 21:4-9)
Durante la larga peregrinación de Israel por el desierto, Dios, en su misericordia, lo había protegido milagrosamente de las serpientes ardientes y los escorpiones (ver Deut. 8:15). Había conservado su salud y sus fuerzas, le proveyó agua y alimento nutritivo en abundancia, así como conducción en su viaje, y protección de las tribus hostiles y los animales salvajes. Sin embargo, el pueblo, como un todo, encontraba constantemente causas de insatisfacción y quejas, especialmente contra Moisés. Mientras sus pies se movían en círculo hacia la Tierra Prometida, sus corazones estaban continuamente avanzando hacia la perdición.

Algunas de las quejas de Israel contra Moisés eran, al parecer (por lo menos superficialmente), legítimas, ¿verdad? (Ver Núm. 21:5.) Después de todo, el alimento y el agua son necesidades muy básicas. ¿Por qué, entonces, aparecieron las serpientes ardientes?
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Un giro interesante de esta historia es el hecho de que la gente debía mirar una copia de una serpiente ardiente a fin de vivir. ¿Por qué una serpiente daba vida, siendo que a menudo en la Biblia, como en gran parte de la literatura antigua, era un símbolo del mal (Gén. 3:1; Apoc. 20:2)? En contraste, Elena de White menciona que la serpiente “era un símbolo de Cristo; y se les inculcaba así la necesidad de tener fe en los méritos de él” (PP 457). En verdad, las propias palabras de Cristo en Juan 3:14 y 15 dan la misma idea. ¿Por qué se había de usar un símbolo del mal para representar algo tan bueno?

Algunos han especulado que la respuesta se encuentra en la naturaleza misma de la muerte de Cristo: en la Cruz, él fue quien llevó nuestro pecado; él fue el que cargó el pecado y el mal del mundo, y llegó a ser pecado y una maldición, por nosotros (2 Cor. 5:21; Gál. 3:13); y es gracias a su muerte en lugar de nosotros que podemos mirar y encontrar la salvación del mal, que de otro modo nos destruiría. Ésta es una de las grandes paradojas de la fe cristiana: Jesús, todo bondad, llegó a ser el centro de todo mal en la Cruz. Por eso, el símbolo de la serpiente fue un símbolo de Cristo, que cargó sobre sí todo el mal del mundo entero.

Ponte en lugar de un israelita que acaba de ser mordido por una serpiente venenosa, que ha matado a otros a tu alrededor. Te han dicho que la única manera de vivir es mirar a una copia de la serpiente. ¿No crees que esto es un buen ejemplo de lo que significa vivir por fe, confiar en lo que no entiendes plenamente y aceptar tu propia incapacidad total de salvarte a ti mismo? 


Viernes 7 de enero 2005
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee Patriarcas y profetas, pp. 447-460.
“Nada, excepto la justicia de Cristo, puede hacernos merecedores de una sola de las bendiciones del pacto de la gracia [...] No debemos pensar que nuestros propios méritos nos han de salvar; Cristo es nuestra única esperanza de salvación. ‘Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’ (Hech. 4:12)” (PP 458, 459).

“Caín y Abel representan dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura a depender de sus propios méritos; el sacrificio de éstos no posee la virtud de la divina intervención y, por lo tanto, no puede llevar al hombre al favor de Dios. Sólo por los méritos de Jesús son perdonadas nuestras transgresiones” (CV 25).

“La misma lección que Cristo le pidió a Moisés que enseñara a los hijos de Israel en el desierto es para las almas que sufren bajo la plaga del pecado. Cristo le habló a Moisés desde la ondeante nube, y le dijo que hiciera una serpiente de bronce y la colocara sobre un palo, y que les indicara a todos los que fueran mordidos por las serpientes ardientes que miraran y vivieran. ¿Qué habría sucedido si, en lugar de mirar, como Cristo les había ordenado, ellos hubieran dicho: ‘Yo no creo que me hará el menor bien mirar. Sufro demasiado con la mordedura de la serpiente venenosa’? La obediencia era el objeto que debía lograrse; obediencia implícita y ciega, sin detenerse a inquirir la razón o la ciencia del asunto. La palabra de Cristo era: ‘Mirad y vivid’” (NEV 22). 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. ¿Cómo entendemos la diferencia entre los resultados del pecado y el pecado mismo? ¿Es ésa siquiera una distinción justa?
2. ¿De qué modo estos informes bíblicos nos ayudan a comprender que la salvación siempre fue solamente por la fe, en vez de que fuera por las obras de la ley? ¿Por qué la salvación nunca puede conseguirse de otra manera que la que Cristo logró para nosotros?
3. Considera las dos últimas oraciones de la última cita de Elena de White transcrita arriba. ¿Qué está enseñando ella allí? ¿Por qué es tan importante ese concepto, especialmente hoy, cuando las pretensiones de la ciencia tienen tanto poder sobre el pensamiento humano? 


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Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
Bosquede la lección en Rumano.
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