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Lee para el estudio de esta
semana: Génesis 4:1-8; 22:1-19; Números 21:4-9
LA MAYORÍA DE LOS
CRISTIANOS COMPRENDEN una verdad vital: la salvación siempre
se ha realizado de una sola manera, mediante la muerte expiatoria de Jesús.
Cualquiera que esté en el cielo llegó allí, sólo
por medio de Jesús, sea que lo haya conocido por nombre o no. Algunos
tendrán mucho conocimiento acerca del plan de salvación;
otros, muy poco; algunos vivirán aquí en medio de la luz;
otros, sólo en las sombras.
Y, sin embargo, la vida en las
sombras no es todo oscuridad. Para que haya sombras, debe haber luz. Las
sombras, a su manera, son un bosquejo de la luz; existen al borde de la
luz, y no podrían tener lugar si no hubiera luz. Las sombras nos
ayudan a comprender la luz.
Esta semana consideraremos a
quienes vivieron en las sombras, sombras que fueron posibles sólo
porque la luz siempre estuvo allí. Mucho antes de que se concediera
la revelación plena en el Calvario, Dios estaba enseñando
a su pueblo verdades acerca de lo que haría para salvar al mundo
del pecado; y se las enseñó por medio de sombras.
UN VISTAZO A LA SEMANA:
¿Qué palabras emplea la Biblia para definir el concepto de
pecado? ¿De qué manera se reveló la Cruz en las historias
de Caín y Abel, de Abraham en el monte Moria y de las serpientes
ardientes en el desierto? ¿Qué nos enseñan estos relatos
acerca del evangelio? |
LA CRISIS DEL PECADO
La Biblia usa diferentes términos
para transmitir la idea de pecado. Abajo aparecen algunos de los más
comunes usados en ambos Testamentos, incluyendo una explicación
de su significado y unos pocos versículos donde se los usa. Lee
estos versículos y sus explicaciones.
Antiguo Testamento
1. Hattat, “errar el
blanco” (Lev. 5:5; Sal. 51:4).
2. Awon, traducido como
“iniquidad”, con la idea básica de falsedad, deshonestidad, distorsión
(Gén. 15:16; Isa. 43:24).
3. Pesha. Significa
una violación deliberada y voluntaria de una norma o una autoridad.
Es rebelión contra Dios y, a veces, se traduce como “transgresión”
(Isa. 1:2; Amós 4:4).
4. Resha. Significa
literalmente “estar suelto”, “desarticulado”, y comúnmente da la
idea de maldad (Gén. 18:23; Éxo. 23:1).
Nuevo Testamento
1. Jamartía.
Significa literalmente “errar el blanco” y se usa en el Nuevo Testamento
para indicar una decisión humana de ser hostil hacia Dios (Juan
19:11; 1 Juan 1:8).
2. Parakoé. Significa
literalmente “dejar de escuchar”, o “indisposición para oír”.
A menudo se traduce como “desobediencia” (Rom. 5:19; Heb. 2:2).
3. Paráptoma.
Generalmente significa una falta, un desliz, una caída. Comúnmente
se traduce como “ofensa”, o “delito” (Mat. 6:14; Rom. 4:25).
4. Anomía. Sugiere
un desprecio o una violación de la nómos, la ley; es la palabra
que se ha traducido como “infracción de la ley” en 1 Juan 3:4 (Mat.
7:23; Heb. 1:9).
5. Adikía. Da
la idea de “injusticia” o “maldad” (Rom. 1:18; 2 Ped. 2:15).
“Errar el blanco”, una “distorsión”,
un “dejar de escuchar”, una “rebelión”... tantas palabras y conceptos
diferentes que expresan la idea de pecado. Lo que esto parece significar,
entre otras cosas, es que el pecado se puede manifestar de diversas maneras,
incitadas o estimuladas por diferentes razones. Escribe un corto párrafo
donde expreses qué otras lecciones has aprendido acerca del pecado
mediante el estudio de estas palabras. |
LA CRISIS DEL PECADO (Cont.)
- “El mundo está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).
Como seres hundidos en el pecado,
¿cómo puede ser que comprendamos plenamente la magnitud de
sus dimensiones? Realmente, no podemos hacerlo; es como tratar de mirar
un pizarrón negro en una sala oscura. Y, aunque no podamos comprender
plenamente lo que es el pecado, sí podemos entender lo suficiente
como para conocer su malignidad.
Piensa en tres personas que
estén cerca de ti: familiares, amigos, vecinos u otros. Considera
sus vidas, y anota qué sufrimientos les ha producido el pecado (aunque
no necesariamente el pecado cometido por ellos mismos)
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¿Acerca de qué
escribiste? ¿Enfermedades, dolencias, muerte, crimen, violencia,
dolor, alienación, odio, amargura, etc., etc.? Ahora, multiplica
todo eso por cada ser humano que alguna vez vivió sobre la tierra
o vivirá todavía (excepto uno), y sólo comenzaremos
a entender la devastación que produce el pecado.
No obstante, la destrucción
física, externa, causada por el pecado es sólo una parte
del drama: el pecado cala mucho más profundo que esto. El pecado
es, en primera instancia, una rebelión contra el señorío
y la soberanía de Dios; es rehusar aceptar su autoridad en la vida,
la conducta y el destino final propios, y se manifiesta por medio de diferentes
conductas morales, espirituales y éticas que, inevitablemente, conducen
al sufrimiento y a la muerte.
El pecado, para ser comprendido
como tal, debe considerarse en el contexto de quiénes somos en relación
con Dios. Debe verse como un estado de la existencia a la vez que como
hechos y acciones. En realidad, los hechos y las acciones, por sí
mismos, resultan del estado de pecado en el que existimos. Por lo tanto,
el pecado es tanto quiénes somos como lo que hacemos; porque, al
fin, hacemos esas cosas a causa de lo que somos.
Sólo cuando apreciamos
lo que se necesitó para salvarnos del pecado podemos comenzar a
comprender cuán pernicioso es. ¿Qué nos enseñan
los siguientes versículos acerca de cuán malo es el pecado,
por las medidas extremas que fue necesario tomar para salvarnos de él?
Luc. 24:7; Juan 3:14; Rom. 3:21-26; 2 Cor. 5:21; 1 Ped. 2:24. |
CAÍN Y ABEL (Gén
4:1-8)
Durante estos últimos
dos días hemos considerado el problema del pecado. ¿Qué
diremos acerca de su solución?
Para comenzar, después
de que Adán y Eva transgredieron el mandato de Dios y el Señor
los expulsó del Jardín del Edén, ellos mantuvieron
su contacto con Dios por medio de la adoración, que se centraba
en fijar la vista en el Hijo prometido, que terminaría con el problema
del pecado. Aunque las Escrituras no proveen muchos datos acerca del sistema
de sacrificios que observaron Adán y Eva, es evidente, por los actos
de adoración de sus primeros hijos, Caín y Abel, que el sacrificio
del cordero, como expresión de arrepentimiento y fe en el Mesías
venidero, estaba en el centro de su esquema de adoración.
¿Qué actitud abrigó
Caín, que lo condujo finalmente a rehusar ofrecer el sacrificio
de un cordero? Gén. 4:1-8; 1 Juan 3:11-15.
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A menudo se considera esta historia
como un ejemplo temprano del contraste entre los que aceptan la justicia
de Cristo por fe y los que buscan ganar la salvación por medio de
sus “buenas obras”. No obstante, hay una ironía aquí. Los
que se oponen a la salvación por la fe sólo en Cristo, sin
las obras de la Ley (Rom. 3:28; Gál. 2:16; 3:11), a menudo pretenden
que esa enseñanza conduce al pecado; después de todo, razonan,
si se ha dicho a la gente que las buenas obras no pueden salvarlos, entonces
¿por qué la gente tendría que esforzarse para ejercerlas
(Rom. 6:1, 15)?
Lee cuidadosamente Génesis
4:3 al 7 y 1 Juan 3:12. En ambos pasajes, ¿qué se está
manifestando acerca de las obras de Caín en contraste con las de
Abel? ¿Cuáles eran las obras de Caín, por lo menos
las que se muestran en la Biblia, y por qué se las describe de esa
manera? ¿Qué nos dicen estos textos acerca de la naturaleza
de los esfuerzos humanos por ganar la salvación?
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Las obras de Caín son
consideradas malas porque fueron realizadas en un intento por ganar la
salvación “a su modo”, mientras que las de Abel, que surgían
de un corazón que comprendía la necesidad de un sacrificio
por el pecado, enunciado por Dios, fueron consideradas justas. En otras
palabras, sólo los que comprenden su dependencia total de Dios para
su salvación, su dependencia completa de un Sustituto, pueden producir
lo que consideraríamos “buenas obras”. El valor de las obras debe
estimarse, sin por los motivos que llevan a hacerlas: las obras hechas
por un corazón que procura ganar la salvación por sí
mismo son consideradas malas, mientras que las que brotan de un corazón
que expresa gratitud por la salvación otorgada son consideradas
justas. ¿Por qué crees que esto es así? |
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Miércoles
5 de enero 2005
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ABRAHAM Y EL CALVARIO (Gén.
22:1-19; Gál. 3:8)
Una de las historias más
emocionantes de la Biblia es la de Abraham e Isaac en el monte Moria. Tres
religiones: el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, por diversas
razones, estiman esta historia. Por supuesto, los cristianos ven en ella
un tipo, un símbolo, del plan de salvación y de la muerte
sustitutiva de Jesús en nuestro lugar.
Lee Génesis 22:1 al 19.
Por un momento, ignora el elemento del evangelio. ¿Qué otras
lecciones puedes obtener de esta historia que podrían ser de valor
para conocer a Dios? ¿Qué lecciones crees que las otras religiones
pueden obtener de este episodio?
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Muchas otras verdades espirituales
pueden obtenerse de esta historia, pero el elemento esencial del evangelio,
el sacrificio del cordero en lugar del joven Isaac, integra el núcleo
de este capítulo. Y una de las cosas que Dios nos está diciendo
aquí, por medio del evangelio, es que aun un acto de abnegación
total –la disposición de Abraham a sacrificar a su propio hijo (ciertamente,
¿qué padre no hubiera preferido ofrecerse a sí mismo
en lugar de su hijo?)– no era suficiente para expiar los pecados. El problema
del pecado es demasiado profundo para que cualquiera de nosotros, como
pecadores, pudiéramos hacer cualquier cosa para resolverlo. Aun
un acto como el que Abraham estuvo dispuesto a hacer, surgiendo de un corazón
lleno de fe y sumisión, no fue suficiente: sólo Dios mismo
podía solucionar el problema del pecado; sólo él podía
proveer el Cordero necesario.
Lee Génesis 22:8. ¿De
qué modo se reveló aquí el evangelio? ¿Crees
que Abraham entendió plenamente lo que estaba diciendo? ¿O
tal vez sólo estaba tratando de calmar la inquietud de su hijo?
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Gálatas 3:7 al 9 señala
que el evangelio fue predicado a Abraham, y que, en su simiente (citando
Génesis 22:18), serían benditas todas las familias de la
tierra. Es claro que si Abraham no entendió del todo el plan de
salvación anteriormente, lo tuvo que haber entendido mejor ahora.
Sin duda, fue una lección dolorosa de aprender.
Aunque las obras de Abraham
no podían salvarlo, ¿de qué modo expresaron su fe?
¿Qué lecciones podemos aprender de esto acerca de la relación
entre la fe y las obras? |
LA SERPIENTE EN EL DESIERTO
(Núm. 21:4-9)
Durante la larga peregrinación
de Israel por el desierto, Dios, en su misericordia, lo había protegido
milagrosamente de las serpientes ardientes y los escorpiones (ver Deut.
8:15). Había conservado su salud y sus fuerzas, le proveyó
agua y alimento nutritivo en abundancia, así como conducción
en su viaje, y protección de las tribus hostiles y los animales
salvajes. Sin embargo, el pueblo, como un todo, encontraba constantemente
causas de insatisfacción y quejas, especialmente contra Moisés.
Mientras sus pies se movían en círculo hacia la Tierra Prometida,
sus corazones estaban continuamente avanzando hacia la perdición.
Algunas de las quejas de Israel
contra Moisés eran, al parecer (por lo menos superficialmente),
legítimas, ¿verdad? (Ver Núm. 21:5.) Después
de todo, el alimento y el agua son necesidades muy básicas. ¿Por
qué, entonces, aparecieron las serpientes ardientes?
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Un giro interesante de esta
historia es el hecho de que la gente debía mirar una copia de una
serpiente ardiente a fin de vivir. ¿Por qué una serpiente
daba vida, siendo que a menudo en la Biblia, como en gran parte de la literatura
antigua, era un símbolo del mal (Gén. 3:1; Apoc. 20:2)? En
contraste, Elena de White menciona que la serpiente “era un símbolo
de Cristo; y se les inculcaba así la necesidad de tener fe en los
méritos de él” (PP 457). En verdad, las propias palabras
de Cristo en Juan 3:14 y 15 dan la misma idea. ¿Por qué se
había de usar un símbolo del mal para representar algo tan
bueno?
Algunos han especulado que la
respuesta se encuentra en la naturaleza misma de la muerte de Cristo: en
la Cruz, él fue quien llevó nuestro pecado; él fue
el que cargó el pecado y el mal del mundo, y llegó a ser
pecado y una maldición, por nosotros (2 Cor. 5:21; Gál. 3:13);
y es gracias a su muerte en lugar de nosotros que podemos mirar y encontrar
la salvación del mal, que de otro modo nos destruiría. Ésta
es una de las grandes paradojas de la fe cristiana: Jesús, todo
bondad, llegó a ser el centro de todo mal en la Cruz. Por eso, el
símbolo de la serpiente fue un símbolo de Cristo, que cargó
sobre sí todo el mal del mundo entero.
Ponte en lugar de un israelita
que acaba de ser mordido por una serpiente venenosa, que ha matado a otros
a tu alrededor. Te han dicho que la única manera de vivir es mirar
a una copia de la serpiente. ¿No crees que esto es un buen ejemplo
de lo que significa vivir por fe, confiar en lo que no entiendes plenamente
y aceptar tu propia incapacidad total de salvarte a ti mismo? |
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee
Patriarcas y profetas, pp. 447-460.
“Nada, excepto la justicia
de Cristo, puede hacernos merecedores de una sola de las bendiciones del
pacto de la gracia [...] No debemos pensar que nuestros propios méritos
nos han de salvar; Cristo es nuestra única esperanza de salvación.
‘Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del
cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos’ (Hech. 4:12)” (PP
458, 459).
“Caín y Abel representan
dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del
tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura
a depender de sus propios méritos; el sacrificio de éstos
no posee la virtud de la divina intervención y, por lo tanto, no
puede llevar al hombre al favor de Dios. Sólo por los méritos
de Jesús son perdonadas nuestras transgresiones” (CV 25).
“La misma lección que
Cristo le pidió a Moisés que enseñara a los hijos
de Israel en el desierto es para las almas que sufren bajo la plaga del
pecado. Cristo le habló a Moisés desde la ondeante nube,
y le dijo que hiciera una serpiente de bronce y la colocara sobre un palo,
y que les indicara a todos los que fueran mordidos por las serpientes ardientes
que miraran y vivieran. ¿Qué habría sucedido si, en
lugar de mirar, como Cristo les había ordenado, ellos hubieran dicho:
‘Yo no creo que me hará el menor bien mirar. Sufro demasiado con
la mordedura de la serpiente venenosa’? La obediencia era el objeto que
debía lograrse; obediencia implícita y ciega, sin detenerse
a inquirir la razón o la ciencia del asunto. La palabra de Cristo
era: ‘Mirad y vivid’” (NEV 22).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo entendemos
la diferencia entre los resultados del pecado y el pecado mismo? ¿Es
ésa siquiera una distinción justa?
2. ¿De qué modo
estos informes bíblicos nos ayudan a comprender que la salvación
siempre fue solamente por la fe, en vez de que fuera por las obras de la
ley? ¿Por qué la salvación nunca puede conseguirse
de otra manera que la que Cristo logró para nosotros?
3. Considera las dos últimas
oraciones de la última cita de Elena de White transcrita arriba.
¿Qué está enseñando ella allí? ¿Por
qué es tan importante ese concepto, especialmente hoy, cuando las
pretensiones de la ciencia tienen tanto poder sobre el pensamiento humano? |