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Lección 10
Redención
Para el 5 de marzo del 2005

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El corazón de la Cruz
PARA MEMORIZAR
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Cor. 1:18). 
Sábado 26 de febrero 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Gén. 18:22-33; Rom. 3:9-20; 5:12, 15, 18; 2 Cor. 5:14.

“[CRISTO], COMO PORTADOR DEL PECADO, sacerdote y representante del hombre ante Dios, formó parte de la vida de la humanidad, al llevar nuestra carne y sangre. La vida está en la corriente viviente y vital de la sangre, la que fue dada para la vida del mundo. Cristo consumó una expiación plena al entregar su vida en rescate por nosotros. Nació sin una mancha de pecado; pero vino al mundo a la semejanza de la familia humana. No tuvo un cuerpo que fuera sólo una apariencia, sino que tomó la naturaleza humana, participando de la vida de la humanidad.

“La herencia que se perdió por la transgresión fue rescatada, de acuerdo con la ley que Cristo mismo dio, por el pariente más cercano. Jesucristo puso a un lado su manto regio, su corona real, y revistió su divinidad con humanidad para convertirse en el sustituto y fiador de la humanidad, para que, muriendo en la humanidad, pudiera con su muerte destruir a aquél que tenía el imperio de la muerte. Por medio de la muerte venció a la muerte. La muerte de Cristo llevó a la muerte al que tenía el imperio de la muerte, y abrió las puertas de la tumba para todos los que lo reciben como a su Salvador personal”.–“Comentarios de Elena G. de White” (7 CBA 937).

Un Vistazo a la Semana: ¿Qué sucedió en la Cruz? ¿Por qué Cristo tuvo que morir? ¿De qué modo el concepto de la sustitución estaba prefigurado en el incidente de Abraham cuando argumentó con el Señor acerca de la destrucción de Sodoma?


Domingo 27 de febrero 2005
Por el Bien de los Justos.
Aunque la Cruz estuvo en el centro de la fe cristiana desde los días más tempranos hasta hoy, los debates sacudieron a la iglesia sobre temas básicos como: ¿Qué ocurrió en el Calvario? ¿Por qué murió Jesús? ¿Tuvo realmente que morir? ¿Qué fue lo que mató a Cristo? ¿Qué logró su muerte? ¿Quién se benefició con su muerte? Aunque Pablo afirmó que estaba decidido a “no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado? (1 Cor. 2:2), los seguidores de Cristo, en los siglos siguientes, no siempre estuvieron de acuerdo sobre qué significaba “a Jesucristo, y a éste crucificado”.

Lee Génesis 18:22 al 33 (si no estás familiarizado con la historia, lee el capítulo completo). Nota la conversación específica entre Abraham y Dios. ¿Qué principio se expresa aquí, que de una manera poderosa enseña una importante verdad acerca de la Cruz?

Para comprender la importancia de estos textos, es vital notar qué fue lo que Abraham no pidió. Él no pidió que los justos fueran protegidos en lugar de los malvados. No le dijo a Dios: “Señor, permite que se libren los justos y que los impíos mueran”. En cambio, le pidió a Dios: “¿No perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?” (Gén. 18:24). Y Dios respondió: “Perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (vers. 26). A lo largo de todo el diálogo, vuelve la misma idea: “por amor”. A los 45, a los 40, a los 30, a los 20 o a los 10, Dios salvaría a toda la ciudad, con los impíos y todo.

Aquí está la primera explicación clara, en la Biblia, acerca del tema vital de la Cruz: Por amor a los justos, se libera a los impíos. Sería la justicia de otro, no la de los impíos mismos, lo que evitaría que los impíos fueran castigados como merecían. Por amor de algún otro, los demás serían salvados.

Lee del nuevo el diálogo entre Abraham y Dios. Nota cuán dispuesto estaba Dios para aceptar la “rebaja” en las condiciones del acuerdo. ¿Qué nos dice esto acerca del deseo de Dios de salvarnos?


Lunes 28 de febrero 2005
La Condición Humana.
La sección de ayer abrió un tema vital: los impíos son salvados por amor a los justos; sin embargo, en la historia de Sodoma no se pudo encontrar la cantidad de justos necesaria para salvar a la ciudad. No había ni siquiera diez personas cuya justicia hubiera sido considerada suficiente para salvar a esos pecadores de la destrucción.

En un sentido, los habitantes del mundo entero son como los habitantes de Sodoma y Gomorra. Tal vez nuestros pecados no sean tan extremos o tan violentos como los de los sodomitas (Gén. 19:5), pero son lo suficientemente malos. (Por otro lado, considerando algunos de los horrendos crímenes que el mundo soporta hoy, tal vez estemos en una situación peor que la de ellos.) Y, en cierto sentido también, todo el mundo afronta el mismo juicio que Sodoma y Gomorra.

La Biblia es sumamente clara: Si uno vive en Sodoma o en otra parte, cada ser humano es un pecador; y cada ser humano ha violado la Ley de Dios. De modo que nadie, en ninguna parte, tiene la justicia necesaria para salvarse, mucho menos para salvar a otros, del juicio.
Lee Romanos 5:12, 15 y 18. ¿Cuál fue la causa de nuestra pecaminosidad humana?

¿De qué manera se manifiesta esta pecaminosidad en la humanidad? Rom. 3:9-20.

Somos pecadores no sólo por lo que hemos cometido nosotros, sino también por lo que cometió Adán. Somos naturalmente hijos de Adán. Cuando él pecó, su naturaleza se corrompió, cayó, se volvió pecaminosa, y nosotros heredamos esa naturaleza de él; algo parecido a las características que heredamos de nuestros padres. No estábamos literalmente en Adán cuando él pecó (porque no tenemos alguna forma de preexistencia antes de nuestro nacimiento); sencillamente, hemos cosechado las consecuencias de su caída; es la razón por la que pecamos, por haber heredado una naturaleza pecaminosa. Por causa de esta conexión con Adán, todos afrontamos la condenación que produce el pecado.

Descarta todas las máscaras sociales, culturales y aun religiosas, y mírate a ti mismo: ¿Tus impulsos y tus tendencias naturales, ¿son hacia el bien o hacia el mal, hacia Dios o hacia el yo? ¿De qué manera tu respuesta confirma la enseñanza bíblica acerca de la pecaminosidad humana?


Martes 1 de marzo 2005
La Justicia de un Hombre.
¿Qué enseñan los siguientes textos acerca del carácter de Jesús?
Juan 8:46   _______________________________________________________________________________
Rom. 5:18  _______________________________________________________________________________
2 Cor. 5:21 _______________________________________________________________________________
1 Ped. 2:22 _______________________________________________________________________________
1 Juan 3:5  _______________________________________________________________________________

Ayer consideramos el problema universal de la humanidad, que es el pecado. Sin embargo, en contraste con cualquier otra persona está Jesús, de quien la Biblia afirma que no tuvo pecado. En otras palabras, él fue la única persona que no fue de ningún modo manchada o infectada por el pecado. Él guardó la Ley de Dios perfectamente, siempre obedeció la voluntad del Padre y nunca cayó. En este sentido, él es diferente de cualquier otro ser humano.

Pero volvamos al principio que consideramos el domingo: que los culpables serían liberados por amor a los justos. No había justicia en los hombres que estaban en Sodoma y Gomorra, ni se la encuentra en el mundo en general; sin embargo, Jesús es la excepción, y Dios acepta exclusivamente la justicia de Cristo como lo necesario para liberar al mundo. Es como si, en vez de haber diez hombres justos que pudieran salvar a Sodoma y a Gomorra, Dios permitiera que un hombre justo salvara a un mundo culpable; y ese hombre es Jesús. Ver Juan 3:17.

Romanos 5:17 al 19 indica que Cristo vino para deshacer todo lo que hizo Adán a causa del pecado. Adán trajo el pecado, la muerte, la condenación y la desobediencia; Cristo trajo la justicia, la vida, la justificación y la obediencia. De esta manera, así como sólo por Adán todos llegamos a ser pecadores, sólo por medio de Cristo podemos llegar a ser justos. Por difícil que sea comprender esto, su justicia es tan perfecta, tan completa y satisfactoria, que es suficiente para cubrir los pecados de todo el mundo. Y esto es así porque su justicia es la “justicia de Dios” (Rom. 3:21). Siendo que Jesús mismo era Dios, sólo Dios mismo podía proveer la justicia necesaria para salvar a un mundo caído.

Claro, tú eres un ser desdichado, y aunque escondieras ese hecho de todos, no puedes esconderlo de Dios. Pero no importa cuán malo seas, ¿no es la justicia de Dios, que puede cubrir los pecados de todo el mundo, suficiente para cubrirte también a ti? Piensa en las implicaciones de tu respuesta.


Miércoles 2 de marzo 2005
La Justicia de Dios.
Hasta aquí, hemos visto que Dios salvará a los pecadores por amor a la justicia de otro ser, y que sólo Jesús tenía la justicia necesaria para cubrir los pecados del mundo. Pero si eso es cierto, ¿por qué tuvo Jesús que morir? ¿No era suficiente la sola justicia de Jesús? ¿Por qué fue necesaria su muerte terrible en el Calvario?

Ésas son buenas preguntas, y parte de la respuesta se encuentra en la historia de Sodoma y Gomorra, que provee sólo uno de los aspectos de los principios involucrados en la ciencia de la salvación.

Supongamos que hubiera habido diez justos en Sodoma y Gomorra, y que, como resultado de ello, las ciudades no hubieran sido destruidas. Seguramente veríamos en eso una gran manifestación de la misericordia de Dios; por misericordia, hubiera evitado que el castigo cayera sobre esas personas que lo hubieran merecido.

Ahora, más o menos del mismo modo, también hemos visto que sólo la justicia de Cristo fue suficiente para salvar a todo el mundo del castigo del pecado. Esto representa un magnífico acto de misericordia.

La misericordia, sin embargo, es sólo una parte del cuadro. Hay otros elementos que no podemos pasar por alto con respecto al carácter de Dios en su trato con el pecado.
Lee los siguientes pasajes. ¿Qué están enseñan acerca de Dios? ¿Cómo podemos reconciliar estos pasajes con nuestro concepto de un Dios misericordioso? Éxo. 34:7; Job 8:3; Sal. 89:14; Jer. 23:5; Hech. 7:52.

Todos estos textos tocan un problema vital con respecto al plan de salvación: la justicia de Dios. La Biblia enseña que Dios es justo, y esto nos lleva a un punto importante: otra vez, supongamos que hubiera habido diez personas justas en Sodoma y Gomorra, y que las ciudades no hubieran sido destruidas. Eso sería misericordia; pero ciertamente no hubiera sido justo, ¿verdad? En esas ciudades había algunas personas muy violentas, rudas y absolutamente viles. ¿Deberían haberse librado de la condena sin recibir ningún castigo por sus pecados? La justicia de Cristo es suficiente para cubrir todo pecado de todos los pecadores del mundo, no importa cuán degradados, violentos y rudos hayan sido. Si todos fueran liberados sin ningún castigo divino, eso sería misericordia; pero ¿sería eso justo?

Ponte en la situación en la que debes juzgar. Y aunque quieres ser misericordioso y justo, tu responsabilidad exige justicia. ¿De qué manera ese dilema refleja el problema que afronta Dios: cómo ser misericordioso con los pecadores caídos y, al mismo tiempo, justo con ellos?


Jueves 3 de marzo 2005
Uno Murió por Todos. Aquí llegamos al corazón, el misterio, la majestad, la vergüenza, la justicia y la gloria de la Cruz.

Dios ansiaba perdonar a la humanidad pecadora, pero de una manera justa, una forma que no pasara por alto el pecado ni lo dejara sin castigo. Pero, ¿cómo podría hacer esto? Había sólo un camino: él derramó sobre sí mismo –en la persona de Jesús– su propia ira justa contra el pecado. En otras palabras, por cuanto era necesario castigar el pecado, lo castigó sobre sí mismo, mediante Jesús, en la Cruz. De esto trata la Cruz: Dios toma sobre sí el castigo de nuestros pecados.

Un Dios justo no permitiría que el pecado quedara sin castigo, pero las buenas noticias son que Dios castigó todos los pecados en la persona de Jesús, que murió en nuestro lugar. Cada ser humano merecía lo que Jesús afrontó en la Cruz; pero ahora, por causa de la obra de la Cruz, ningún ser humano, idealmente, necesita afrontar ese castigo.

“Uno murió por todos, luego todos murieron” (2 Cor. 5:14). Lo que Pablo está diciendo es que Cristo murió como representante nuestro; él murió la muerte que nosotros merecemos. En ese sentido (y sólo en ese sentido), Pablo pudo decir que todos nosotros morimos. Lo qué el quiere decir es que la muerte de Jesús está en lugar de la nuestra, la muerte que nosotros merecemos por causa de nuestros pecados, pero que no la tendremos que afrontar porque Jesús, nuestro representante, la experimentó por nosotros.

En el fin de la historia debería castigar Dios a las personas por sus pecados (lo que hubiera resultado en nuestra muerte eterna) o podría tomar ese castigo sobre sí mismo y salvarnos; la Cruz demuestra que él escogió afrontar su propio juicio contra el pecado.
“La Cruz fue un acto simultáneo de castigo y de amnistía, de severidad y de gracia, de justicia y de misericordia”.–John R. W. Stott, The Cross of Christ, p. 159.

Lee cada uno de estos textos: Isaías 53:5; Romanos 5:8; Gálatas 3:13; Efesios 5:2 y 1 Tesalonicenses 5:10. ¿De qué manera ves en estos textos una revelación del aspecto sustitutivo de lo que Cristo hizo por nosotros?

Es muy importante que comprendamos de qué trata la Cruz. Dios tomó sobre sí mismo el castigo de los pecados que nosotros merecíamos. Cualquiera que sea la imagen, simbolismo o metáfora que usemos para hablar de la Cruz, nunca debemos apartarnos de esta verdad fundamental: la de la sustitución. Cualquier teología que disminuya el aspecto sustitutivo del Calvario o lo ponga a un lado, disminuye el centro del plan de salvación o lo pone a un lado.


Viernes 4 de marzo 2005
Para Estudiar y Meditar:
“Nuestros pecados fueron puestos sobre Cristo, castigados en Cristo, eliminados por Cristo, para que su justicia pudiera ser imputada a nosotros, que no andamos según la carne sino según el Espíritu. Aunque el pecado fue cargado a su cuenta en nuestro favor, sin embargo él siguió siendo perfectamente sin pecado” (ST, 30 de mayo de 1895).

“Aunque aborrecía el pecado con perfecto odio, acumuló sobre su alma los pecados de todo el mundo. Inmaculado, llevó los pecados de los culpables; inocente, se ofreció, sin embargo, como sustituto por los transgresores. El peso de la culpabilidad de todos los pecados cargó sobre el alma divina del Redentor del mundo. Los malos pensamientos, las malas palabras, los malos actos de cada hijo e hija de Adán demandaron una paga que recayó sobre Cristo, pues se había convertido en el sustituto del hombre. Aunque no era suya la culpa del pecado, su espíritu fue desgarrado y magullado por las transgresiones de los hombres, y aquél que no conoció pecado llegó a ser pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en él” (1 MS 378, 379).

Preguntas Para Dialogar:

Piensa en esta idea de la sustitución. ¿Qué aspectos de este concepto te perturban? ¿Cuán justo es que otro ser sufra el castigo de tus equivocaciones? Al mismo tiempo, considerando la perfecta santidad de Dios en contraste con la pecaminosidad de la humanidad, ¿por qué la sustitución era la única manera en que Dios pudo perdonar los pecados a los seres humanos mientras, al mismo tiempo, podía mantener su justicia?

¿Por qué la deidad de Cristo es tan importante para comprender las dimensiones de la Cruz? Después de todo, si Jesús fuera sólo un hombre, ¿por qué la muerte de un solo hombre, aun cuando no tuviera pecado, no sería adecuada para expiar los pecados del mundo?

Repasa el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. ¿Dónde ves, en ese sistema, el concepto de la sustitución prefigurado en los sacrificios?

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
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