|
Sábado
26 de febrero 2005
|
Lee Para el Estudio de esta
Semana: Gén. 18:22-33; Rom. 3:9-20; 5:12, 15, 18; 2 Cor. 5:14.
“[CRISTO], COMO PORTADOR DEL
PECADO, sacerdote y representante del hombre ante Dios, formó parte
de la vida de la humanidad, al llevar nuestra carne y sangre. La vida está
en la corriente viviente y vital de la sangre, la que fue dada para la
vida del mundo. Cristo consumó una expiación plena al entregar
su vida en rescate por nosotros. Nació sin una mancha de pecado;
pero vino al mundo a la semejanza de la familia humana. No tuvo un cuerpo
que fuera sólo una apariencia, sino que tomó la naturaleza
humana, participando de la vida de la humanidad.
“La herencia que se perdió
por la transgresión fue rescatada, de acuerdo con la ley que Cristo
mismo dio, por el pariente más cercano. Jesucristo puso a un lado
su manto regio, su corona real, y revistió su divinidad con humanidad
para convertirse en el sustituto y fiador de la humanidad, para que, muriendo
en la humanidad, pudiera con su muerte destruir a aquél que tenía
el imperio de la muerte. Por medio de la muerte venció a la muerte.
La muerte de Cristo llevó a la muerte al que tenía el imperio
de la muerte, y abrió las puertas de la tumba para todos los que
lo reciben como a su Salvador personal”.–“Comentarios de Elena G. de White”
(7 CBA 937).
Un Vistazo a la Semana:
¿Qué sucedió en la Cruz? ¿Por qué Cristo
tuvo que morir? ¿De qué modo el concepto de la sustitución
estaba prefigurado en el incidente de Abraham cuando argumentó con
el Señor acerca de la destrucción de Sodoma? |
|
Domingo
27 de febrero 2005
|
Por el Bien de los Justos.
Aunque la Cruz estuvo en el
centro de la fe cristiana desde los días más tempranos hasta
hoy, los debates sacudieron a la iglesia sobre temas básicos como:
¿Qué ocurrió en el Calvario? ¿Por qué
murió Jesús? ¿Tuvo realmente que morir? ¿Qué
fue lo que mató a Cristo? ¿Qué logró su muerte?
¿Quién se benefició con su muerte? Aunque Pablo afirmó
que estaba decidido a “no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo,
y a éste crucificado? (1 Cor. 2:2), los seguidores de Cristo, en
los siglos siguientes, no siempre estuvieron de acuerdo sobre qué
significaba “a Jesucristo, y a éste crucificado”.
Lee Génesis 18:22 al
33 (si no estás familiarizado con la historia, lee el capítulo
completo). Nota la conversación específica entre Abraham
y Dios. ¿Qué principio se expresa aquí, que de una
manera poderosa enseña una importante verdad acerca de la Cruz?
Para comprender la importancia
de estos textos, es vital notar qué fue lo que Abraham no pidió.
Él no pidió que los justos fueran protegidos en lugar de
los malvados. No le dijo a Dios: “Señor, permite que se libren los
justos y que los impíos mueran”. En cambio, le pidió a Dios:
“¿No perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos
que estén dentro de él?” (Gén. 18:24). Y Dios respondió:
“Perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (vers. 26). A lo
largo de todo el diálogo, vuelve la misma idea: “por amor”. A los
45, a los 40, a los 30, a los 20 o a los 10, Dios salvaría a toda
la ciudad, con los impíos y todo.
Aquí está la primera
explicación clara, en la Biblia, acerca del tema vital de la Cruz:
Por amor a los justos, se libera a los impíos. Sería la justicia
de otro, no la de los impíos mismos, lo que evitaría que
los impíos fueran castigados como merecían. Por amor de algún
otro, los demás serían salvados.
Lee del nuevo el diálogo
entre Abraham y Dios. Nota cuán dispuesto estaba Dios para aceptar
la “rebaja” en las condiciones del acuerdo. ¿Qué nos dice
esto acerca del deseo de Dios de salvarnos? |
La Condición Humana.
La sección de ayer abrió
un tema vital: los impíos son salvados por amor a los justos; sin
embargo, en la historia de Sodoma no se pudo encontrar la cantidad de justos
necesaria para salvar a la ciudad. No había ni siquiera diez personas
cuya justicia hubiera sido considerada suficiente para salvar a esos pecadores
de la destrucción.
En un sentido, los habitantes
del mundo entero son como los habitantes de Sodoma y Gomorra. Tal vez nuestros
pecados no sean tan extremos o tan violentos como los de los sodomitas
(Gén. 19:5), pero son lo suficientemente malos. (Por otro lado,
considerando algunos de los horrendos crímenes que el mundo soporta
hoy, tal vez estemos en una situación peor que la de ellos.) Y,
en cierto sentido también, todo el mundo afronta el mismo juicio
que Sodoma y Gomorra.
La Biblia es sumamente clara:
Si uno vive en Sodoma o en otra parte, cada ser humano es un pecador; y
cada ser humano ha violado la Ley de Dios. De modo que nadie, en ninguna
parte, tiene la justicia necesaria para salvarse, mucho menos para salvar
a otros, del juicio.
Lee Romanos 5:12, 15 y 18.
¿Cuál fue la causa de nuestra pecaminosidad humana?
¿De qué manera
se manifiesta esta pecaminosidad en la humanidad? Rom. 3:9-20.
Somos pecadores no sólo
por lo que hemos cometido nosotros, sino también por lo que cometió
Adán. Somos naturalmente hijos de Adán. Cuando él
pecó, su naturaleza se corrompió, cayó, se volvió
pecaminosa, y nosotros heredamos esa naturaleza de él; algo parecido
a las características que heredamos de nuestros padres. No estábamos
literalmente en Adán cuando él pecó (porque no tenemos
alguna forma de preexistencia antes de nuestro nacimiento); sencillamente,
hemos cosechado las consecuencias de su caída; es la razón
por la que pecamos, por haber heredado una naturaleza pecaminosa. Por causa
de esta conexión con Adán, todos afrontamos la condenación
que produce el pecado.
Descarta todas las máscaras
sociales, culturales y aun religiosas, y mírate a ti mismo: ¿Tus
impulsos y tus tendencias naturales, ¿son hacia el bien o hacia
el mal, hacia Dios o hacia el yo? ¿De qué manera tu respuesta
confirma la enseñanza bíblica acerca de la pecaminosidad
humana? |
La Justicia de un Hombre.
¿Qué enseñan
los siguientes textos acerca del carácter de Jesús?
Juan 8:46 _______________________________________________________________________________
Rom. 5:18 _______________________________________________________________________________
2 Cor. 5:21 _______________________________________________________________________________
1 Ped. 2:22 _______________________________________________________________________________
1 Juan 3:5 _______________________________________________________________________________
Ayer consideramos el problema
universal de la humanidad, que es el pecado. Sin embargo, en contraste
con cualquier otra persona está Jesús, de quien la Biblia
afirma que no tuvo pecado. En otras palabras, él fue la única
persona que no fue de ningún modo manchada o infectada por el pecado.
Él guardó la Ley de Dios perfectamente, siempre obedeció
la voluntad del Padre y nunca cayó. En este sentido, él es
diferente de cualquier otro ser humano.
Pero volvamos al principio que
consideramos el domingo: que los culpables serían liberados por
amor a los justos. No había justicia en los hombres que estaban
en Sodoma y Gomorra, ni se la encuentra en el mundo en general; sin embargo,
Jesús es la excepción, y Dios acepta exclusivamente la justicia
de Cristo como lo necesario para liberar al mundo. Es como si, en vez de
haber diez hombres justos que pudieran salvar a Sodoma y a Gomorra, Dios
permitiera que un hombre justo salvara a un mundo culpable; y ese hombre
es Jesús. Ver Juan 3:17.
Romanos 5:17 al 19 indica que
Cristo vino para deshacer todo lo que hizo Adán a causa del pecado.
Adán trajo el pecado, la muerte, la condenación y la desobediencia;
Cristo trajo la justicia, la vida, la justificación y la obediencia.
De esta manera, así como sólo por Adán todos llegamos
a ser pecadores, sólo por medio de Cristo podemos llegar a ser justos.
Por difícil que sea comprender esto, su justicia es tan perfecta,
tan completa y satisfactoria, que es suficiente para cubrir los pecados
de todo el mundo. Y esto es así porque su justicia es la “justicia
de Dios” (Rom. 3:21). Siendo que Jesús mismo era Dios, sólo
Dios mismo podía proveer la justicia necesaria para salvar a un
mundo caído.
Claro, tú eres un ser
desdichado, y aunque escondieras ese hecho de todos, no puedes esconderlo
de Dios. Pero no importa cuán malo seas, ¿no es la justicia
de Dios, que puede cubrir los pecados de todo el mundo, suficiente para
cubrirte también a ti? Piensa en las implicaciones de tu respuesta. |
|
Miércoles
2 de marzo 2005
|
La Justicia de Dios.
Hasta aquí, hemos visto
que Dios salvará a los pecadores por amor a la justicia de otro
ser, y que sólo Jesús tenía la justicia necesaria
para cubrir los pecados del mundo. Pero si eso es cierto, ¿por qué
tuvo Jesús que morir? ¿No era suficiente la sola justicia
de Jesús? ¿Por qué fue necesaria su muerte terrible
en el Calvario?
Ésas son buenas preguntas,
y parte de la respuesta se encuentra en la historia de Sodoma y Gomorra,
que provee sólo uno de los aspectos de los principios involucrados
en la ciencia de la salvación.
Supongamos que hubiera habido
diez justos en Sodoma y Gomorra, y que, como resultado de ello, las ciudades
no hubieran sido destruidas. Seguramente veríamos en eso una gran
manifestación de la misericordia de Dios; por misericordia, hubiera
evitado que el castigo cayera sobre esas personas que lo hubieran merecido.
Ahora, más o menos del
mismo modo, también hemos visto que sólo la justicia de Cristo
fue suficiente para salvar a todo el mundo del castigo del pecado. Esto
representa un magnífico acto de misericordia.
La misericordia, sin embargo,
es sólo una parte del cuadro. Hay otros elementos que no podemos
pasar por alto con respecto al carácter de Dios en su trato con
el pecado.
Lee los siguientes pasajes.
¿Qué están enseñan acerca de Dios? ¿Cómo
podemos reconciliar estos pasajes con nuestro concepto de un Dios misericordioso?
Éxo. 34:7; Job 8:3; Sal. 89:14; Jer. 23:5; Hech. 7:52.
Todos estos textos tocan un
problema vital con respecto al plan de salvación: la justicia de
Dios. La Biblia enseña que Dios es justo, y esto nos lleva a un
punto importante: otra vez, supongamos que hubiera habido diez personas
justas en Sodoma y Gomorra, y que las ciudades no hubieran sido destruidas.
Eso sería misericordia; pero ciertamente no hubiera sido justo,
¿verdad? En esas ciudades había algunas personas muy violentas,
rudas y absolutamente viles. ¿Deberían haberse librado de
la condena sin recibir ningún castigo por sus pecados? La justicia
de Cristo es suficiente para cubrir todo pecado de todos los pecadores
del mundo, no importa cuán degradados, violentos y rudos hayan sido.
Si todos fueran liberados sin ningún castigo divino, eso sería
misericordia; pero ¿sería eso justo?
Ponte en la situación
en la que debes juzgar. Y aunque quieres ser misericordioso y justo, tu
responsabilidad exige justicia. ¿De qué manera ese dilema
refleja el problema que afronta Dios: cómo ser misericordioso con
los pecadores caídos y, al mismo tiempo, justo con ellos? |
Uno Murió por Todos.
Aquí llegamos al corazón, el misterio, la majestad,
la vergüenza, la justicia y la gloria de la Cruz.
Dios ansiaba perdonar a la humanidad
pecadora, pero de una manera justa, una forma que no pasara por alto el
pecado ni lo dejara sin castigo. Pero, ¿cómo podría
hacer esto? Había sólo un camino: él derramó
sobre sí mismo –en la persona de Jesús– su propia ira justa
contra el pecado. En otras palabras, por cuanto era necesario castigar
el pecado, lo castigó sobre sí mismo, mediante Jesús,
en la Cruz. De esto trata la Cruz: Dios toma sobre sí el castigo
de nuestros pecados.
Un Dios justo no permitiría
que el pecado quedara sin castigo, pero las buenas noticias son que Dios
castigó todos los pecados en la persona de Jesús, que murió
en nuestro lugar. Cada ser humano merecía lo que Jesús afrontó
en la Cruz; pero ahora, por causa de la obra de la Cruz, ningún
ser humano, idealmente, necesita afrontar ese castigo.
“Uno murió por todos,
luego todos murieron” (2 Cor. 5:14). Lo que Pablo está diciendo
es que Cristo murió como representante nuestro; él murió
la muerte que nosotros merecemos. En ese sentido (y sólo en ese
sentido), Pablo pudo decir que todos nosotros morimos. Lo qué el
quiere decir es que la muerte de Jesús está en lugar de la
nuestra, la muerte que nosotros merecemos por causa de nuestros pecados,
pero que no la tendremos que afrontar porque Jesús, nuestro representante,
la experimentó por nosotros.
En el fin de la historia debería
castigar Dios a las personas por sus pecados (lo que hubiera resultado
en nuestra muerte eterna) o podría tomar ese castigo sobre sí
mismo y salvarnos; la Cruz demuestra que él escogió afrontar
su propio juicio contra el pecado.
“La Cruz fue un acto simultáneo
de castigo y de amnistía, de severidad y de gracia, de justicia
y de misericordia”.–John R. W. Stott, The Cross of Christ, p. 159.
Lee cada uno de estos textos:
Isaías 53:5; Romanos 5:8; Gálatas 3:13; Efesios 5:2 y 1 Tesalonicenses
5:10. ¿De qué manera ves en estos textos una revelación
del aspecto sustitutivo de lo que Cristo hizo por nosotros?
Es muy importante que comprendamos
de qué trata la Cruz. Dios tomó sobre sí mismo el
castigo de los pecados que nosotros merecíamos. Cualquiera que sea
la imagen, simbolismo o metáfora que usemos para hablar de la Cruz,
nunca debemos apartarnos de esta verdad fundamental: la de la sustitución.
Cualquier teología que disminuya el aspecto sustitutivo del Calvario
o lo ponga a un lado, disminuye el centro del plan de salvación
o lo pone a un lado. |
Para Estudiar y Meditar:
“Nuestros pecados fueron puestos
sobre Cristo, castigados en Cristo, eliminados por Cristo, para que su
justicia pudiera ser imputada a nosotros, que no andamos según la
carne sino según el Espíritu. Aunque el pecado fue cargado
a su cuenta en nuestro favor, sin embargo él siguió siendo
perfectamente sin pecado” (ST, 30 de mayo de 1895).
“Aunque aborrecía el
pecado con perfecto odio, acumuló sobre su alma los pecados de todo
el mundo. Inmaculado, llevó los pecados de los culpables; inocente,
se ofreció, sin embargo, como sustituto por los transgresores. El
peso de la culpabilidad de todos los pecados cargó sobre el alma
divina del Redentor del mundo. Los malos pensamientos, las malas palabras,
los malos actos de cada hijo e hija de Adán demandaron una paga
que recayó sobre Cristo, pues se había convertido en el sustituto
del hombre. Aunque no era suya la culpa del pecado, su espíritu
fue desgarrado y magullado por las transgresiones de los hombres, y aquél
que no conoció pecado llegó a ser pecado por nosotros para
que pudiéramos ser justicia de Dios en él” (1 MS 378, 379).
Preguntas Para Dialogar:
Piensa en esta idea de la sustitución.
¿Qué aspectos de este concepto te perturban? ¿Cuán
justo es que otro ser sufra el castigo de tus equivocaciones? Al mismo
tiempo, considerando la perfecta santidad de Dios en contraste con la pecaminosidad
de la humanidad, ¿por qué la sustitución era la única
manera en que Dios pudo perdonar los pecados a los seres humanos mientras,
al mismo tiempo, podía mantener su justicia?
¿Por qué la deidad
de Cristo es tan importante para comprender las dimensiones de la Cruz?
Después de todo, si Jesús fuera sólo un hombre, ¿por
qué la muerte de un solo hombre, aun cuando no tuviera pecado, no
sería adecuada para expiar los pecados del mundo?
Repasa el sistema de sacrificios
del Antiguo Testamento. ¿Dónde ves, en ese sistema, el concepto
de la sustitución prefigurado en los sacrificios? |