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autor: no es conocido
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Las cosas importantes que te enseña la vida...
1 ~ SI FUERA LA ULTIMA VEZSi yo supiera que era la ultima vez que te viera dormir,
Tomaria mas tiempo para acobijarte y oraría a Dios que te cuidara.Si yo supiera que era la ultima vez que te veria salir por esa puerta, Te daría un beso y un abrazo y te devolveria por otro mas.
Si yo supiera que era la ultima vez que escucharía tu voz en canto, Tomaria un video de cada acción y cada palabra para despues verlo una y otra vez.
Si yo supiera que era la ultima vez, tomaria un minutos o dos Para detenerme y decirte: “Te amo,” en vez de asumir que ya lo sabes.
Si yo supiera que era la ultima vez, estaría alli para compartir tu dia, Pero estoy seguro que tendras muchos mas, entonces uno que se desperdicie no es mucho.
Pues siempre esta el mañana para reparar el tiempo perdido Despues de todo siempre tenemos una segunda oportunidad para arreglar las cosas.Habra siempre otro dia para decir “te quiero”
Pero en caso de que este equivocado
Y que hoy sea lo unico que tenga,
Te quiero decir cuanto te amo y espero que no lo olvidemosA nadie le prometen el mañana, no importa la edad o raza
Hoy puede ser la ultima oportunidad de tomar una pausa para un detalle.Si estas esperando el mañana porque no hacerlo HOY?
No sea que si el mañana nunca llega el reproche sea muy grande.De no haber tomado el tiempo extra para la sonrisa, abrazo o beso. Que estabas muy ocupado para darle a alguien lo que tal vez seria su ultimo deseo
Acerca a tus amados este dia, susurre en sus oidos
Diles cuanto les amas y que siempre estaran contigo.Toma el momento para decir, “lo siento,” “por favor perdoname,” “gracias” o “no hay problema”
Por si mañana nunca llega.
Jovenes hermosos son accidentes de la naturaleza,
Pero personas mayores hermosas son obras de arte.
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John Blanchard se paró de la banca, enderezó su uniforme de la Armada y estudió cada una de las personas que se apuraban hacia la estación Central.
Buscaba la joven cuya cara no conocía, pero cuyo corazón si – la joven con la rosa.
Su interes habia comenzado trece meses antes en una libreria en Florida. Tomando un libro se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en las margenes. La letra suave reflejaba un alma pensante y detallista.
En frente del libro, descubrió el nombre de la dueña anterios, la Señorita Hollis Maynell. Tuvo un poco de dificultad y esfuerzo pero consiguió su dirección. Ella residia en Nueva York.
Le escribió una carta introduciendoce y pidiendole que le enviara correspondencia. El próximo dia el fué enviado para servir en la Segunda Guerra mundial.
En el próximo año y medio los dos llegaron a conocerce a travez del correo. Cada carta era una semilla cayendo en el corazon fertil. El romance habia retoñado. John le pidió una fotografia, pero ella rehusó. Ella sentia que si el de verdad la queria, no le interesaría como eran sus facciones.
El dia llego, por fin, cuando el regresaba de Europa y citaron su primer encuentro a las 7:00 PM en la estación Central en Nueva York.
Ella escribió: “Me reconoceras por la rosa roja que tendre en mi sueter.” Asi que a las 7:00 el estaba en la estacióñ buscando la joven cuyo corazón el amaba pero cuyo rostro no conocia.
John nos cuenta lo que sucedió:
Una mujer joven venia hacia mi dirección, su figura larga y esvelta. Su cabello de oro caia en sobre sus delicados oidos; sus ojos azules como el mar. Sus labios y barbilla tenian una gentil firmeza, y en su traje verde ella era como la primavera comenzando a vivir.Caminé hacia ella, olvidando completamente que no tenia la rosa en su sueter. Cuando me acerqué, una sonrisa pequeña y provocativa me murmuró: “Que tal marino?”
Casi sin poder controlarme me acerque a ella, y entonces vi a Hollis Maynell.
Estaba parada casi directamente detras de la joven. Una mujer arriba de los 40 años, tenia cabello gris debajo de su sombrero. Era bastante llenita, sus pies gruesos firmes en sus zapatillas bajas.
La joven del traje verde se alejaba rapidamente. Me sentia partido en dos, deseando seguir la otra, y a la misma vez era tan profundo mi deseo por la mujer cuyo espiritu me habia acompañado y alentado.
Y alli estaba ella. Su cara palida y llena era gentil y sensible, sus ojos gris tenian un brillor bondadoso y caluroso. No pensé mas. Mis dedos agarraron la copia del libro viejo que me hiba a identificar.
Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo tal vez mejor que amor, una amistad por la cual siempre he de estar agradecido.
Me paré firme y derecho y la salude y extendí el libro a la mujer, pero aun cuando hablaba sentia en mi garganta un nudo de amargura por mi perdida.
“Soy el comandante John Banchard, y usted debe ser la Señorita Maynell. Estoy muy contento que pudo verse conmigo, la puedo llevar a cenar?”
La cara de la mujer rompió en una sonrisa tolerante. “No se de que se trata esto joven, pero la joven en el traje verde que acaba de pasar me rogó que portara esta rosa roja en mi sueter. Y me dijo que si usted me invitaba a cenar, que le debia decir que ella lo esta esperando en el gran restaurante al otro lado de la calle. Dijo que este era un examen!”
No es dificil comprender y admirar la sabiduria de la Señorita Maynell. La naturaleza verdadera del corazón es vista en respuesta a lo no atractivo.
“Dime a quien amas,” Houssaye escribió,
“y te diré quien eres.”