AÑO B - TRIMESTRE 2, 2005
LECCION
NUMERO 8
Mayo 21, 2005 |
Lea
la lección de Cuna Lea
la lección de Kinder
Lea
la lección de Menores Lea
el Misioneros de menores
¿Agua de la roca?
Números 20:1-13; Patriarcas y profetas, pág. 436-446.
El mensaje:
Adoramos a Dios cuando confiamos en él.
Versículo para memorizar:
"Confíen en el Señor para siempre, porque él es
roca eterna" (Isaías 26:4, NVI).
Mami. No hay agua. ¿Qué pasó? tengo sed, dijo
Dámela.
"Lo siento mucho, querida" contestó su mamá. "Seguramente
se rompió nuevamente la tubería del agua. Voy a llamar inmediatamente
a la compañía de agua". Hace muchos años, Dios le
dijo a Moisés que sacara a los israelitas de Egipto. Moisés
así lo hizo y tuvieron también un problema con el agua. Así
es como sucedió:
El pueblo de Israel se le acabó nuevamente el agua. Así
que comenzaron otra vez a quejarse contra Moisés, diciendo: "¿Por
qué nos sacaste de Egipto para morir en este desierto? No hay nada
bueno para comer aquí. Tampoco hay agua para beber". No se quejaron
solamente una o dos veces. Una y otra vez murmuraron y se quejaron cada
vez más fuerte.
¿Cuántas veces había escuchado eso Moisés?
De hecho, la gente se había quejado de no tener agua en ese mismo
lugar, 40 años atrás. En esa ocasión Dios le había
dicho a Moisés que golpeara la roca y entonces había salido
agua. Litros y litros de agua. Y siguió brotando de la roca todo
el tiempo que el pueblo permaneció allí.
Y allí estaban nuevamente quejándose porque no tenían
agua. En vez de confiar en que Dios supliría sus necesidades, murmuraron
y se quejaron. Y Moisés, como siempre lo hacía, se volvió
a Dios en busca de ayuda. Dios le dijo a Moisés que tomara su vara
y llamara a su hermano Aarón. Entonces debían reunir al pueblo.
Dios le dijo entonces a Moisés: "Ordénale a la roca que
les dé agua. Y verás que de la roca brotará agua".
(Números 20:6-8).
Moisés había sido paciente por mucho, mucho tiempo. Pero
después de 40 años de escuchar quejarse a los israelitas,
se impacientó. Estaba enojado y cansado. Seguramente tenía
demasiado calor y estaba también sediento. Cualquiera haya sido
la razón, olvidó lo paciente que Dios había sido siempre
con él. Olvidó cuánto le había perdonado Dios
y la forma tan bondadosa como Dios lo había tratado a él.
Y en su enojo Moisés no estaba listo para mostrar bondad ni hacia
el pueblo, ni hacia la roca. Seguramente se sintió con ganas de
gritar y dar patadas.
"¡Escuchen rebeldes!", gritó Moisés a la gente.
"¿Les hemos de sacar agua de esta roca?" Pero no le habló
a la roca, como Dios le había mandado. En lugar de ello, alzó
la mano y golpeó la roca dos veces con su vara. Y Dios hizo que
brotara el agua.
Tal vez Moisés se sintió complacido consigo mismo por
un momento. Tal vez hasta le habría gustado seguirle gritando a
la gente por más tiempo. Y quizás hasta le haya gustado golpear
la roca.
Pero Dios habló nuevamente con voz dulce y calmada. "Moisés,
no confiaste en mí. No me honraste ante los ojos de los israelitas.
Por esa causa, no vas a llevar a este pueblo a la tierra que les voy a
dar".
Inmediatamente Moisés se dio cuenta de lo que había hecho.
A él también se le había olvidado confiar en Dios.
Había olvidado la gracia perdonadera de Dios, su paciencia, su amor
y su perdón. Hasta se le había olvidado por un momento quién
había enviado el agua.
Durante 40 años Moisés y Aarón habían luchado
en el desierto. Durante 40 años habían guiado al pueblo de
Dios. Pero Moisés y Aarón no podían ir a la tierra
prometida. Todo porque olvidaron confiar en Dios. No habían honrado
a Dios ante la gente.
Dios desea que lo honremos y lo adoremos. Desea que confiemos en él.
Desea que sepamos que estará con nosotros cada día. Adoramos
a Dios cuando hacemos lo que nos pide. Y lo adoramos cuando confiamos en
que cuidará de nosotros.
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