AÑO B - TRIMESTRE 2, 2005
LECCION
NUMERO 7
Mayo 14, 2005 |
Lea
la lección de Cuna Lea
la lección de Kinder
Lea
la lección de Menores Lea
el Misioneros de menores
La elección de Dios
Números 16,17; Patriarcas y profetas, pág. 426.
El mensaje:
Adoramos a Dios cuando respetamos su autoridad.
Versículo para memorizar:
"Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales"
(Apocalipsis 14:7, NVI).
Cristina y Jacobo estaban jugando durante el recreo a un juego de
recordar palabras. Los dos estaban empatados porque habían ganado
el mismo número de puntos. Entonces sonó el timbre que anunciaba
que se había terminado el recreo y la maestra ya estaba diciendo.
"Vengan, niños, vamos a comenzar la clase de matemáticas"
Cristina suspiró hondamente. Jacobo se quejó diciendo:
"Yo no sé por qué tenemos que regresar al aula tan pronto.
Ya casi acabábamos este juego. Quedémonos para terminarlo."
"No podemos hacer eso'; dijo Cristina. "Tenemos que obedecer a la
maestra".
"Sé que tienes razón", contestó Jacob. "Vamos,
podemos terminar el juego más tarde".
Hace mucho tiempo, un grupo de hombres pensaron que no tenían
que obedecer lo que les pedía su dirigente y decidieron rebelarse.
Querían hacer las cosas a su manera. Pero su manera de hacer las
cosas no era la forma que Dios quería.
Había problemas en el campamento. Coré pensaba que era
injusto que solamente los de la familia de Aarón fueran los sacerdotes.
Antes de que dejaran Egipto, Coré había sido el sacerdote
en su familia. Como hijo primogénito, él era el que ofrecía
los sacrificios de la familia. Entonces Dios nombró a Aarón
y a sus hijos para ser los sacerdotes de todo el pueblo. Coré no
sólo no estaba contento con que Aarón fuese el sacerdote,
sino que tampoco le gustaba la forma en que Moisés guiaba al pueblo
de Israel. Entre más lo pensaba, más injusto le parecia.
Muy pronto Coré se dio cuenta que otros pensaban como él.
Datan y Abiram, de la tribu de Rubén, también se le unieron
en su descontento. Señalaron que siempre había sido la costumbre
que el hijo mayor fuera el dirigente. Rubén era el hijo mayor de
Jacob, se apresuraron a recordarle Datan y Abiram. Así que alguien
de la tribu de Rubén debía dirigir al pueblo, no Moisés.
Datan y Abiram se unieron a Coré en un complot contra Moisés
y Aarón. Pero olvidaban algo muy importante: Moisés no había
solicitado el trabajo de dirigir a los israelitas. Dios lo había
elegido a él. Tampoco Aarón y sus hijos habían pedido
ser sacerdotes. Dios los había elegido. Cuando Coré, Datan
y Abiram comenzaron a renegar de sus dirigentes, no se estaban quejando
contra Moisés y Aarón, sino que se estaban quejando contra
Dios.
Pronto Coré, Datan y Abiram encontraron otros 250 hombres que
estuvieron de acuerdo con ellos. Juntos se presentaron delante de Moisés
y le dijeron: "¿Por qué te has puesto por encima del pueblo
de Dios?"
Moisés los escuchó y entonces les advirtió que
al unirse contra él realmente se estaban uniendo en contra de Dios.
Pero ellos no quisieron escuchar. Estos hombres se negaron a aceptar a
los dirigentes que Dios había elegido. Se negaron a seguir las instrucciones
que Dios les había dado. Y cuando trataron de hacerse sacerdotes
ellos mismos, en contra de las órdenes de Dios, Dios no tuvo más
remedio que destruirlos. Pero eso no fue suficiente para parar las quejas
en el campamento.
Toma una vara de cada uno de los dirigentes de cada tribu de Israel",
le pidió Dios a Moisés. "Escoge el nombre del dirigente en
la vara de cada tribu".
El nombre de Aarón fue escrito en la vara de la tribu de Leví.
Dios le dijo a Moisés que colocara las varas en el tabernáculo
para que allí pasaran la noche. "La vara que pertenezca al hombre
que yo escogiere, esa reverdecerá", dijo Dios. "Me voy a deshacer
para siempre de esta constante murmuración contra ti entre los israelitas".
En la mañana, Moisés y todo el pueblo vinieron al tabernáculo.
Querían ver lo que había pasado con las varas. Cuando Moisés
trajo la vara de Aarón, todos quedaron sorprendidos al ver que había
brotado. No sólo había brotado, sino que había florecido
y producido almendros. Una vara seca había reverdecido.
Cuando Moisés le mostró las varas a los israelitas, se
dieron cuenta que realmente Dios había elegido a Aarón. Moisés
y Aarón prestaron sus servicios bajo la autoridad de Dios y la gente
estuvo finalmente dispuesta a respetarlos.
Moisés colocó en el tabernáculo la vara de Aarón,
como un recordativo del respeto a la autoridad de Dios. Y esta historia
bíblica nos recuerda que debemos respetar a aquellos que Dios pone
en una posición de autoridad sobre nosotros.
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