AÑO B - TRIMESTRE 2, 2005
LECCION
NUMERO 6
Mayo 7, 2005 |
Lea
la lección de Cuna Lea
la lección de Kinder
Lea
la lección de Menores Lea
el Misioneros de menores
De agua amarga a agua dulce
Éxodo 15:22-27; Patriarcas y profetas, pp. 296-299
El mensaje:
Adoramos a Dios con alegres alabanzas.
Versículo para memorizar:
"Quiero alabarte; Señor, con todo el corazón" (Salmo
9:1 NVI).
La familia Flores salió a caminar en un bosque desconocido.
Llevaban consigo un poco de agua y algunos alimentos. Caminaron durante
mucho tiempo. Luego se dieron cuenta que estaban perdidos. Se les terminó
el agua y se sintieron muy acalorados y hambrientos. "Vamos a hacer un
alto aquf; dijo la mamá, "para pedir a Dios que nos ayude".
Después de orar juntos, comenzaron nuevamente a caminar.Poco
después encontraron el sendero correcto y muy pronto pudieron llegar
al campamento.
Esa noche, reunidos alrededor de la fogata, adoraron a Dios con alegres
cantos. Entonces la mamá contó la historia cuándo
los israelitas tuvieron también problemas con el agua.
La gozosa celebración a orillas del Mar Rojo había terminado.
La columna de fuego comenzó nuevamente a moverse. Los israelitas
sabían que era tiempo de avanzar. Así que siguieron a la
nube hacia el desierto. Durante tres días viajaron sin poder encontrar
agua. Se les había acabado el agua que habían llevado consigo.
Tenían que encontrar agua para sobrevivir.
La nube los guió hasta Mará, en donde esperaban encontrar
un manantial. Moisés había pastoreado rebaños en el
desierto durante 40 años. Conocía muy bien el lugar. Sabía
que el agua de Mará era amarga y no se podía beber. Sabía
bien lo que iba a pasar.
Y así como se lo imaginaba, en cuanto lo tuvo a la vista, la
regocijada multitud gritó: ¡Agua! ¡Agua! Hombres, mujeres
y niños corrieron hacia el manantial. Pero tan pronto como los primeros
en llegar la probaron, su alegría se volvió en desilusión.
Hacía solamente tres días que el Señor había
obrado el milagro en el Mar Rojo. Solamente tres días desde que
había destruido completamente al ejército de los egipcios.
Hacía muy pocos días que habían abandonado
Egipto y su vida de esclavitud. A través de la nube, ese mismo
Dios los había guiado hasta Mará. Pero a los israelitas se
les olvidó todo eso. "¿Qué vamos a beber?", preguntaban
impacientes a Moisés.
Moisés hizo lo que no hicieron los israelitas. Pidió
la ayuda de Dios. El Señor le mostró a Moisés un trozo
de madera y le pidió que lo arrojara al agua. Así lo hizo
Moisés y el agua se volvió dulce. Imagina entonces
cómo
corrió la gente a beber agua. Primero se habían alegrado
de encontrar el manantial y luego se habían desanimado al probarla.
Ahora estaban nuevamente contentos al hacer Dios el milagro. Ya no
había peligro de que murieran de sed. ¡Habían
sido salvados!
Entonces Dios les dio a los israelitas una promesa a través de
Moisés: "Si ponen ustedes toda su atención en lo que yo,
el Señor su Dios, les digo, y si hacen lo que a mí me agrada,
obedeciendo mis mandamientos y cumpliendo mis leyes, no les enviaré
ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios". Dios los libraría
de aquello que daba problema a los egipcios. ¿Adorarían a
Dios con sus vidas? dio honrarían con su obediencia? Si así
lo hacían, Dios les daría una vida feliz.
Dios te da el gozo de la salvación. Así como los israelitas
fueron salvados por las aguas dulces de Mará, tú también
eres salvo por la gracia de Cristo Jesús. Ese es un buen motivo
para alegrarse.
"También ustedes podrán beber con alegría en esa
fuente de salvación" (Isaías 12:3). Esa promesa es tan cierta
hoy como lo fue para los israelitas. ¡Alaba a Dios con alegre alabanza!
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