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PRIMARIOS 
AÑO B - TRIMESTRE 2, 2005
LECCION NUMERO 12
Junio 18, 2005
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La voz suave de Dios
1 Reyes 14; Profetas y reyes, págs. 123-130.

El mensaje:
Escucharé la voz suave y apacible de Dios.

Versículo para memorizar:
"Tus oídos percibirán una voz que te dirá: 'Este es el camino, sigúelo'"  (Isaías 30:21, NVI).


 


Glenda tenía miedo de la oscuridad. Se sobresaltaba al escuchar cualquier sonido. Una noche, estaba sola en su recámara tratando de dormir. Cada sombra le parecía algo que se movía. Tenía miedo. Entonces su mamá entró al cuarto. Su suave y delicada voz hizo que Glenda se calmara. Finalmente se pudo quedar dormida.

Hace mucho tiempo, Elias, el profeta de Dios, tuvo mucho miedo también.

Elias estaba huyendo para salvar su vida. La esposa del rey Acab, la malvada reina Jezabel, trataba de matarlo. Elias había olvidado todas las cosas maravillosas que Dios había hecho en su favor. Se le había olvidado que Dios podía protegerlo de la malvada reina. En vez de recordarlo, corrió durante 40 días cientos y cientos de kilómetros rumbo al desierto. Llegó finalmente al monte Horeb, el monte sagrado de Dios. Allí se escondió en una cueva.

"¿Qué estás haciendo aquí?", le preguntó Dios.
Se puede adivinar que Elias sentía mucha compasión por sí mismo, por la forma como contestó a Dios. "He trabajado muy duro por ti, Señor", le dijo a Dios. "Los israelitas te han rechazado. Han roto tus altares y matado a tus profetas. Yo soy el único que quedo y ahora tratan de matarme a mí también".

Lo que Elias estaba tratando de decirle a Dios, era. "He trabajado muy duro por ti y mira qué desanimado me siento".

Así que Dios le respondió: "Sal fuera y quédate de pie ante mí, sobre la montaña, porque el Señor pasará delante de ti". Era una forma de decirle: "Elias, ven aquí, que quiero hablar contigo".

Entonces vino un gran viento que desgajó la montaña y partió las rocas. Pero Elias no se levantó, porque no escuchó la voz de Dios en el viento. Dios no estaba en ese viento poderoso.

Luego un gran terremoto sacudió la montaña. Pero Elias no se levantó, porque no pudo escuchar la voz de Dios en el terremoto. Después del terremoto pasó un terrible fuego. Pero todavía Elias no escuchaba la voz de Dios. Dios o estaba en el viento, en el terremoto ni en el fuego.

Después de esas fuerzas poderosas de la naturaleza, vino un silbo o sonido suave y delicado. Algunas versiones de la Biblia le llaman "un susurro o voz queda". Y en ese silbo o sonido suave y delicado, Elias reconoció la voz de Dios. Entonces Elias se cubrió la cara con su manto. Luego se puso de pie en la entrada de la cueva, para escuchar a Dios.

Otra vez Dios le dirigió a Elias la misma pregunta: "¿Qué estás haciendo aquí?" Y Elias le volvió a dar esa pobre respuesta.

Dios no estaba enojado con Elias por rendirse y huir. Dios no estaba enojado porque a Elias se le olvidó confiar en él. Esa voz suave y delicada de Dios hablaba de su amor. Dios amaba a Elias aun cuando él estuviera auto-compadeciéndose. Suavemente Dios animó al cansado profeta. Entonces lo envió nuevamente a trabajar en su favor. Y Dios le aseguró a Elias que no estaba solo. No estaba, porque Dios tenía todavía a siete mil adoradores fieles en Israel.

 

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