AÑO A - TRIMESTRE 1, 2004
LECCION
NUMERO 9
Febrero 28, 2004 |
Fuentes de bendiciones
Éxodo 17:1-7, Patriarcas y profetas, págs. 303,304.
El mensaje:
Alabamos a Dios porque suple todas nuestras necesidades.
Versículo para memorizar:
"Si alguno tiene sed, que venga a mi y beba" (Juan 7:37, NVI).
Has estado alguna vez realmente sediento y no podías encontrar
algo para beber? Así es como se sentían los israelitas cuando
llegaron a su nuevo campamento y no encontraron agua. Sucedió más
o menos así...
Otra vez era tiempo de mudarse. Los israelitas estaban acostumbrándose
a acampar. Ahora podían levantar o bajar sus tiendas rápidamente.
La vida en el desierto era muy diferente de la vida en Egipto. En Egipto
tenían que trabajar como esclavos construyendo palacios y templos.
Ahora ellos estaban yendo de un lugar a otro, siguiendo la dirección
de Dios.
Dios había provisto para ellos en muchas diferentes maneras.
Los había protegido cuando todas las plagas cayeron sobre Egipto.
Cuando el Faraón los persiguió, Dios había abierto
una vía de escape a través del mar. Hacía unas pocas
semanas Dios les había provisto de maná, el alimento para
ellos. Podían ver la presencia de Dios en una inmensa nube durante
el día y una nube de fuego por la noche. El desierto era un lugar
inhóspito. Llegaba a estar tan caliente durante el día que
casi podías cocinar sobre las piedras. En las noches la temperatura
estaba fría. Necesitaban taparse para mantenerse calentitos.
Habían llegado a Refidim, su nuevo lugar para acampar. Después
de la prolongada caminata, todos estaban cansados, sedientos, y llenos
de polvo. Las crías del ganado demandaban agua. Las ovejas y los
cabritos hacían eco a esa solicitud. Los burros rebuznaban y pateaban,
añadiéndose a la súplica. Solamente los camellos no
parecían preocupados porque no había agua. Ellos almacenan
agua en sus cuerpos y pueden pasar sin ella por algún tiempo.
Todos miraban alrededor, pero no había agua. La gente empezó
a preguntarse unos a otros si habían encontrado algo de agua. La
respuesta siempre era la misma: "No".
Pronto las personas empezaron a buscar a Moisés. Cuando lo encontraron,
empezaron a quejarse. "Danos agua para beber. Estamos sedientos. Nuestras
familias están sedientas. Nuestros animales están sedientos.
Debemos tener agua, o moriremos".
Moisés los miró triste. Él sabía que Dios
proveería para todas sus necesidades. Ellos sabían las muchas
cosas que había hecho por ellos. Seguramente debían entender
que Dios los había traído aquí. Y él proveería
el agua. Moisés respondió: "¿Por qué están
peleando conmigo? ¿Por qué están poniendo a prueba
a Dios?"
La gente no escuchó, sólo se quejaban. "Para qué
nos sacaste de Egipto? Todos vamos a morir".
Moisés no sabía que hacer. Se volvió a Dios en
oración. "¿Qué voy a hacer con este pueblo?" Preguntó.
"Casi están listos para apedrearme".
Dios respondió a Moisés: "Adelántate y lleva contigo
algunos líderes. Lleva contigo la vara que usaste para golpear las
aguas del río Nilo que se convirtió en sangre. Yo voy a ir
delante de ti y estaré junto a la roca en Horeb. Habla a la roca,
y el agua brotará.
Así que Moisés llamó a los líderes y se
adelantó caminando. Encontró la roca y le habló, como
Dios había dicho. ¡El agua salió disparada! ¡Suficiente
agua para todos! ¡Más que suficiente agua para todos los animales
también!
Una vez más Dios suplió todas sus necesidades. Dios nunca
cambia. Él todavía ahora suple todas nuestras necesidades.
¡Qué maravilloso Dios! |