AÑO A - TRIMESTRE 1, 2004
LECCION
NUMERO 13
Marzo 27, 2004 |
Un hombre bajito con un gran corazón
Lucas 19:1-10; El Deseado de todas las gentes, págs. 506-509
El mensaje:
"Muestro el amor de Jesús cuando enmiendo mis errores".
Versículo para memorizar:
"Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes" (Lucas
19:8, NVI).
Has estado en un desfile o en un juego de pelota donde no puedes
ver? Tal vez tu papá te cargó en sus hombros. Si es así,
podrás comprender cómo se sintió Zaqueo cuando tuvo
que pararse atrás de una multitud.
Zaqueo vivía en Jericó. Él tenía una de
las casas más grandes y mejores del pueblo. Tenía lo mejor
de todo porque era un hombre rico. Pero nadie lo quería porque había
engañado a la gente y les había robado su dinero. Todos lo
sabían, pero nadie podía decir nada. Zaqueo era el jefe de
los cobradores de impuestos para los romanos. A los romanos esto no les
importaba mientras él les diera el dinero que le exigían
de los impuestos. Así que Zaqueo decía a la gente que los
impuestos tenían que subir. Cobraba más de lo que debía,
y guardaba el dinero extra para él.
Un día oyó que Jesús venía a Jericó.
Él había escuchado bastante acerca de Jesús. Había
escuchado cómo Jesús sanaba a los enfermos, a los cojos y
a los ciegos. Y alguien dijo que había resucitado a un muerto. Todas
estas cosas hacían a Jesús especial - y hacían que
Zaqueo quisiera encontrarse con él.
También había rumores de que Jesús comía
con los publícanos y otras personas de mala reputación de
la ciudad. La mayoría de la gente ni siquiera saludaba a Zaqueo.
Sin embargo, aquí estaba alguien que hasta había ido a comer
a la casa de un cobrador de impuestos. Había escuchado
acerca del cobrador de impuestos Leví Mateo. Mateo que había
dejado todo para llegar a ser uno de sus más allegados seguidores.
La gente hablaba de eso por todas partes. Zaqueo se preguntaba, ¿tal
vez Jesús tenga algo que decirme?
Sí, esta era la conversación del pueblo. Verdaderamente
Jesús estaba por llegar a Jericó. Zaqueo decidió ver
a Jesús aunque fuera de pasada. Cerró su oficina
y salió a la calle.
En la calle había un gentío y la multitud estaba cada
vez más amontonada. No había esperanza. Las personas se juntaron
más cuando vieron a Zaqueo. Él trató de saltar para
ver por encima de sus cabezas, pero era inútil. Él era muy
bajito, y nadie lo iba a dejar pasar por entre ellos. Pero estaba decidido.
No se daría por vencido. Él tenía que ver a Jesús.
Zaqueo miró adelante calle abajo. Vio un gran árbol viejo.
¿Podría subirse? Subirse a los árboles no era una
cosa que hacían los adul-tos. Pero no había otra manera de
ver a Jesús. Así que se subió al árbol. Se
sentó en una rama gruesa y miró hacia abajo al camino. Jesús
venía por ese camino.
Zaqueo puesto en pie dijo: "¡Señor! La mitad de mis bienes
voy a dar a los pobres. Y si en algo defraudé a alguien, le devolveré
cuatro veces más". Jesús miró a Zaqueo. Entonces miró
a la gente que estaba murmurando y criticándolo. Jesús dijo:
"Hoy ha venido la salvación a esta casa. Por esto vino el Hijo del
hombre - para buscar y salvar lo que se había perdido".
Zaqueo cambió cuando se encontró con Jesús.
Confesó las cosas que había hecho mal y trató de corregirlas.
Trató a otros mejor. Les mostró que amar a Jesús le
ayudaba a él a hacer las cosas correctamente. A ti también
te ayudará.
Cuando Jesús llegó al árbol, se paró y miró
hacia arriba. Vio a Zaqueo y sonrió. Toda la multitud se detuvo
también. Miraron hacia arriba y vieron a Zaqueo. Algunos se rieron;
otros se codearon con sus amigos y lo señalaron. Zaqueo no les prestó
atención. Él estaba escuchando a Jesús.
'Zaqueo, bájate. Voy a hospedarme en tu casa hoy", Jesús
lo dijo de tal manera que todos pudieron escucharlo.
Zaqueo apenas podía creer lo que sus oídos oían.
¿Jesús iría a su casa? Nadie había ido a su
casa. Deslizándose, bajó del árbol y se paró
en el camino. La multitud se hizo a un lado. Pero la gente empezó
a murmurar: "¿Cómo puede Jesús hospedarse en la casa
de un pecador?' |