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Después de la publicación del tomo 1 de
The
Spirit of Prophecy,
en 1870,
Jaime
y Elena de White volvieron su atención hacia un segundo
libro de 400 páginas, el cual versaría sobre la historia
del Nuevo Testamento, la vida de Cristo y la obra de los
apóstoles. Un tercer volumen se referiría a la historia
posbiblica hasta el fin del tiempo.
El 1º de enero de 1873 encontró ocupados
a Jaime y Elena de White, en
la
costa oeste de los Estados Unidos, en donde ella comenzó
a escribir sobre la vida de Cristo. En reuniones
siguientes, sostenidas en la Iglesia Bautista de
Petaluma, California, habló el domingo de mañana sobre
la tentación de Jesús en el desierto, y sintió el
“impacto del tema.”
Sin embargo, como su esposo, que la había
animado a escribir y le ayudaba a preparar los
materiales, estaba enfermo por el trabajo excesivo, una
semana después decidió enfrentar francamente la
situación. Hasta que adquiriera las destrezas que sentía
que necesitaba, discontinuaría su redacción sobre la
vida de Cristo. En ese momento, ¿cómo podría ella
manejar temas tan grandes y sublimes? En su diario
escribió: “Pienso poner a un lado mi trabajo de
escribir,
el cual tanto me agrada, y ya veré si no puedo
convertirme en una erudita. No soy experta en gramática.
Intentaré, si el Señor me ayuda, convertirme a los 45
años de edad en una experta en la ciencia [de escribir].
Creo que él me ayudará”
(MS
3, 1873, p. 5).
Como
apenas
tenía tres grados de la escuela elemental, siempre
sintió su deficiencia para escribir. No mucho antes
había enfatizado ante sus hijos la importancia de ser
buenos escritores
(Carta
28, 1871).
Sus libros, artículos, cosas
y manuscritos revelan, desde el comienzo de su trabajo,
que su escritura era clara e impresionante, y que sus
mensajes ostentaban un estilo distinguido. Una lectura
de Primeros escritos, fruto de sus primeros años,
muestra un vocabulario modesto y una estructura sencilla
en la oración. Libros y artículos posteriores descubren
un desarrollo en la técnica literaria. Esto sucedió
desde que empezó a ayudar a su esposo en la corrección
de las pruebas para la
Review
and Herald
y otras publicaciones, y a medida que
leía y se relacionaba con otras personas cada día en el
hogar y en sus viajes. Constantemente, como hacen la
mayoría de los escritores, pensaba sin cesar en algo y
se esforzaba por descubrir la manera mejor y más
convincente de expresar la verdad.
En
diciembre
de 1872 ya habían aparecido, en la
Review
and Herald
varios artículos sobre “El primer advenimiento de Cristo.”
Afortunadamente, aunque sentía su incapacidad, no se
desanimó, sino que de continuo, durante los próximos
años, escribió y publicó artículos sobre la vida y
enseñanza de Jesús. Estos concluyeron en abril de 1875
con una serie sobre “La tentación de Cristo.”
Un
año
después las circunstancias fueron más favorables para
escribir. La Sra. White se encontraba de nuevo en la
costa del Pacífico, en su nuevo hogar en Oakland,
California. Tenía una buena ayudante de redacción en su
sobrina Mary Clough, mujer inteligente, hija de
Carolina, hermana de la Sra. White. Mary era una buena
cristiana, pero no había aceptado el sábado. Jaime White
estaba en el este, asistiendo a la reunión de la
Asociación General y atendiendo otros deberes como
presidente de la Asociación General. Elena G. de White
vio la oportunidad de continuar con la redacción de la
vida de Cristo, y decidió, a menos que el Señor le
indicara lo contrario, que se concentraría en este
proyecto.
A fines de
marzo
escribió a su esposo: “Mary Clough y yo haremos todo
cuanto podamos para adelantar mis escritos. No veo que
ninguna luz brille para mí en el Estado, de Míchigan.
Este año siento que mi trabajo es escribir”
(Carta
63, 1876).
“Disfruto la
presencia
de Dios. Escribo y siento libertad al escribir. Estoy
manejando temas preciosos. El último que completé… [fue
la historia de] Jesús sanando al hombre impotente junto
al estanque de Betesda”
(Carta
1, 1876).
Las primeras páginas eran de puño y letra
de Elena G. de White. Mary hacía el trabajo editorial
cuidadosamente, y colocaba las páginas en capítulos. Por
supuesto, la obra terminada era manuscrita, pues esto
fue seis o siete años antes de que las máquinas de
escribir se usaran en los escritos de la sierva del
Señor. Todas las mañanas escribía diligentemente en su
cuarto superior. Después de comer iba al cuarto de Mary
Clough, se sentaba en un sofá y escuchaba a medida que
Mary le leía el material revisado de su manuscrito.
Descansaba o paseaba en su carruaje en la tarde, quizá
escribía unas pocas cartas, y ya avanzada la tarde
escuchaba de huevo leer a Mary. Como las dos trabajaban
tan estrechamente, la Hna. White se refería a los
escritos que “nosotras” hacemos, aludiendo al trabajo
que realizaban juntas. Algunos años después ella explicó
el término “nosotras”: “Mis ayudantes y yo somos
colaboradores que enviamos al mundo la luz que recibo
para que bendiga al mundo”
(Carta
170, 1906).
Confianza en la ayuda divina y en la
humana
La Sra. White sentía perfecta confianza
en la ayuda divina y en la humana. A medida que ella y
su ayudante trabajaban juntas con propósito resuelto,
tenían a mano, como referencias, algunos libros de otros
autores:
Life of
Christ
(La
vida de Cristo),
de William Hanna y
Life
and Work of Christ
(Vida
y obra de Cristo),
por Cunningham Geikie, y posiblemente otros. El libro
que salió de sus manos daba evidencias de que habían
consultado la obra de W. Hanna.
Un día Elena G. de White informó a su
esposo: “Mary me ha leído
dos
artículos; uno sobre los panes y los peces, [el otro en
cuanto a] Cristo caminando sobre las aguas… Son unas
cincuenta páginas que comprenden variados asuntos.
Pienso que es lo más precioso que alguna vez yo haya
escrito. Mary está muy entusiasmada; piensa que es del
más elevado valor…
“Temas muy
interesantes
se presentaron a menudo a mi mente. Estos temas los
menciono y se fijan en la memoria de Mary”
(Carta
13, 1876).
Y en verdad que hablar en público fue
también una parte del proceso de revelación de Elena G.
de White. Según su propia declaración, mientras escribía
en cuanto a la alimentación de los cinco mil, habló a
una congregación grande, realzando “el tema de los panes
y los peces… Todos escucharon con mucha atención;
algunos estaban boquiabiertos”
(Carta
9, 1876).
“Tengo ahora un trabajo especial:
escribir las cosas que el Señor me ha mostrado…
Tengo un trabajo que hacer que ha sido una gran carga
para mi alma; cuán grande, sólo el Señor lo sabe.
“Repito:
necesito
tiempo para que mi mente se calme y sosiegue. Necesito
tiempo para meditar y orar mientras me empeño en este
trabajo… Esta es una obra grande, y clamo a Dios cada
día por la ayuda de su Espíritu para hacer este trabajo
bien.”
(Carta
59, 1876 Dirigida a Lucinda Hall).
En el
proceso
de escribir se combinaban: estudio de la Biblia,
visiones, oración, meditación, discusión con sus
ayudantes, e “intensa meditación,”
todo bajo la dirección del Espíritu Santo. “Siento
inmensa paz y calma mental – declaró –. Parece que no
hay nada que confunda y distraiga mi mente; y con un
pensar tan intenso, mi mente se sobrecargaría si se
sintiera perpleja con otra cosa”
(Carta
13, 1876).
“No puedo forzar las
ocupaciones.
Este trabajo debe ser hecho cuidadosa, lenta y
perfectamente. Los temas que hemos preparado están bien
realzados. Me agradan”
(Carta
14, 1876).
Cuando trabajaba a
fines
de mayo de 1876, en
The
Spirit of Prophecy,
volumen 2, y casi terminaba el tópico de
la entrada triunfal en Jerusalén, salió de California
hacia el este para asistir a reuniones campestres. A
fines de noviembre el libro fue publicado, pero por
alguna razón aparece como impreso en 1877.
Como ejemplo, veamos el capítulo sobre
los panes y los peces como aparece
en
The
Spirit óf Prophecy,
volumen 2, páginas 258 a 267, y
comparémoslo con el relato de los Evangelios y el libro
de W. Hanna. Para la Hna. White la Biblia fue su fuente
básica de información.
Los cuatro
Evangelios
relatan la alimentación de los cinco mil.
(Mat.
14: 13-23; Mar. 6: 32-46; Luc. 9: 10-17; Juan 6: 1-13)
Ella comenzó su narración en donde se llevó a cabo el
milagro: un lugar apropiado “para tal retiro, del otro
lado del mar, cruzando desde Capernaum”
(2SP,
258).
El relato de W. Hanna pudo haber enriquecido el de la
Hna. White, porque, como Mateo, él sitúa el escenario de
la alimentación en “un lugar desierto,”
y agrega que fue “frente a Capernaum, al otro lado del
lago, en el territorio que va al norte de Betsaida”
(LC,
277).
Tanto Hanna como la Sra. White señalan
dos razones para la orden de Cristo a los discípulos:
“Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta.”
(Luc. 9: 14) Pero Marcos
6: 40 dice: “de ciento en ciento, y de cincuenta en
cincuenta.” Hanna dice que la orden “indicaba el
propósito de nuestro Señor de que no hubiera confusión,
para que la atención pudiera dirigirse a lo que estaba a
punto de hacer” (LC, 279).
La Hna.
White
menciona lo mismo: “para conservar el orden, y que todos
pudieran ver el milagro que iba a hacer”
(2SP,
262; DTG, 333).
Tanto Hanna como la Hna. White se
refieren a la amenaza de “violencia”
que pudo haberse presentado en el intento del pueblo de
coronarlo rey. Hanna escribe de la aparente intención de
la gente de “tomarlo enseguida y forzarlo a ser rey.
Jesús vio que esta incipiente acción de levantamiento,
si seguía, llevaría a algunos a actos de violencia”
(LC,
280).
Y la Hna. White escribe: “Él sabía que la violencia y la
insurrección serían el resultado de su exaltación como
rey de Israel”
(2SP,
264; DTG, 341).
Lo dicho probablemente se basa en Juan 6:
15, pero bien puede haber una conexión con el relato
según lo da Hanna: “Él llamó a los doce y les ordenó que
se embarcaran inmediatamente, … a remar hacia Capernaum,
en donde se uniría a ellos durante la noche o en la
mañana”
(LC,
280).
Elena G. de White informa: “Él llamó a
sus discípulos y les ordenó que
tomaran
inmediatamente el bote y regresaran a Capernaum, y que
él despediría a la gente. Les prometió encontrarse con
ellos esa noche o en la mañana siguiente. Los discípulos
estaban poco dispuestos a someterse a este arreglo”
(2SP,
264; DTG, 341).
Otras semejanzas en puntos menos
importantes se ven aquí y allá en
los
dos relatos mencionados, pero posiblemente sugeridas por
los relatos bíblicos. En el caso de la promesa de
encontrarse con sus discípulos esa noche o a la mañana
siguiente, se puede ver que Hanna la afirma como una
suposición lógica, basada quizá en Marcos 6: 45,
mientras que la Hna. White pudo depender de
implicaciones de la Escritura, o de información recibida
en visión, o de la suposición de Hanna. La evidencia
disponible excluye una conclusión dogmática.
Puntos únicos de Elena G. de White
Pero más importantes y significativas que
las similitudes son las diferencias entre ambos
escritos, las cuales por supuesto, no
demuestran
dependencia.
En el viaje a través del lago
hacia
el “lugar desierto,”
Elena G. de White nos informa que “otros lo siguieron en
botes”
(2SP,
259; DTG, 332).
Ni los Evangelios ni Hanna mencionan este hecho.
Elena G. de White menciona
algunos
de los sucesos del día: “Cientos de enfermos y lisiados
fueron traídos para que Jesús los sanara, y fueron
colocados sobre el piso en tal forma que llamaran su
atención… Todas las enfermedades estaban representadas
entre los enfermos que exigían su ayuda. Algunos ardían
de fiebre, inconscientes de sus preocupados amigos que
los habían ayudada. Allí estaban el sordo, el ciego, el
paralítico, el cojo y el lunático…
“Sus palabras fueron a menudo
interrumpidas
por los delirios de algunos azotados por la fiebre o los
gritos desgarradores de los dementes, cuyos amigos se
esforzaban a través del gentío para llevar a los
enfermos hasta el Sanador. La voz de la sabiduría [de
Jesús] a menudo también se perdió entre los gritos de
triunfo cuando las víctimas sin esperanza eran
restauradas instantáneamente a la salud y la fuerza”
(2SP,
259-260).
Hanna apenas si menciona el sanamiento de estos
enfermos.
Hay un detalle significativo mencionado
por Elena G. de White, pero no por
Hanna
ni otros escritores. Se trata del intento que hicieron
los discípulos de librar a Jesús del agotamiento: “El
Maestro había trabajado todo el día sin alimento ni
descanso, y los discípulos, viéndolo pálido de cansancio
y hambre, le rogaron que descansara de su trabajo y
tomara algún alimento. Como sus esfuerzos no sirvieron
de nada, consultaron cómo podrían librarlo de la
apremiante multitud, pues temían que muriera de fatiga.
“Pedro y Juan
tomaron
los brazos de su bendito Maestro y bondadosamente
trataron de llevárselo; pero él rehusó ser sacado de ese
lugar. Su obra era urgente. Cada suplicante de su
misericordia sentía que su caso era el más apremiante.
La multitud se apiñaba contra el Salvador y lo llevaba
de un lado a otro. En sus esfuerzos por acercarse más a
él se pisoteaban unos a otros”
(2SP,
260-261).
Esto demuestra que, aunque Elena G. de
White extrajo datos de Hanna, de Geikie y de otros
escritores, sus visiones le dieron una información de la
cual no dispusieron otros comentadores de la vida de
Jesús. Tales descripciones dan un toque de autenticidad
que sólo puede ser impartido por un testigo. Sus
escritos son ricos en detalles nuevos y frescos, que
ella relaciona, como ningún otro, con lecciones y
asuntos espirituales.
Los volúmenes 2 y 3 de
The
Spirit of Prophecy
fueron publicados bajo el título general “La gran
controversia entre Cristo y Satanás.”
Un libro lleva el subtítulo “Vida, enseñanza y milagros
de nuestro Señor Jesucristo,”
y el otro, “Muerte, resurrección y ascensión de nuestro
Señor Jesucristo.”
Poco después el material fue distribuido en seis libros
pequeños. También fue publicado en un solo volumen con
el título La vida de Cristo, en alemán, francés,
danés y sueco.
Artículo del suplemento de la Revista Adventista
de enero de 1982
Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street,
Mountain View, California (USA) |