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¿En qué
forma entienden los adventistas la inspiración? ¿Es
diferente este concepto del que se sustenta comúnmente?
El concepto adventista es diferente en
algunos aspectos, pues ni participa de los puntos de
vista liberales modernos que atacan la autoridad de la
Palabra de Dios, ni de los conceptos ultraconservadores
que hacen del profeta un autómata, una máquina, que es
impulsado a hablar o escribir.
Como adventistas del séptimo día somos
muy afortunados al estudiar este problema. Para sacar
nuestras conclusiones, no dependemos de escritos de hace
19 siglos que nos han llegado mediante transcripciones y
traducciones. Para nosotros la inspiración es algo casi
contemporáneo, pues tenemos un profeta entre nosotros.
Y aún más: en lugar de tener unos pocos y
cortos documentos o un puñado de cartas, poseemos los
numerosos y variados escritos de Elena G. de White,
redactados en un lapso de 70 años, que comprenden sus
libros, sus 4.600 artículos, y sus manuscritos, cartas y
diarios. También tenemos los testimonios de sus
contemporáneos, que vivieron y trabajaron muy cerca de
ella. Ellos y ella discutieron muchos puntos en cuanto a
sus visiones y la forma en que le fueron dadas, y cómo
ella impartía los mensajes a aquellos a quienes estaban
dirigidos. En resumen: estos testigos discutían con ella
la obra de la inspiración.
Y algo muy importante para nosotros:
escribió en una lengua moderna, la más extendida, en la
cual la estudian la mayoría, y los que no pueden hacerlo
tienen a su alcance las traducciones de sus escritos más
importantes o necesarios.
Si aceptamos a Elena G. de White como un
testigo honesto, entonces nos serán muy significativos
su obra, sus declaraciones sobre la inspiración, y su
concepto en cuanto a los profetas de la antigüedad. Por
esto, cuanto ella dijo del trabajo del profeta en
acción, puede muy bien formar la base para llegar a una
conclusión exacta en cuanto a la inspiración.
Primero notaremos que cuando el Señor
imparte luz al profeta, él no se ata a un solo método:
"Dios, habiendo hablado, de muchas maneras, por los
profetas" (Heb. 1:1) Por
lo tanto, no se debe buscar un método uniforme
que gobierne los procedimientos divinos cuando entrega
sus mensajes a sus instrumentos humanos. Esto es algo
sumamente importante.
En segundo lugar, el profeta es y posee
todas las cualidades propias de un ser humano: ve,
escucha, huele, come, duerme, trabaja, habla, viaja,
etc. Cuando es llamado al oficio profético, puede poseer
o no cierto grado de conocimiento; pero a través de su
obra profética continuará adquiriéndolo en la misma
forma en que lo aprenden los demás. Su llamado como
profeta no borra de su mente el conocimiento que obtuvo
antes, ni tampoco entorpece sus facultades para
proseguir adquiriendo conocimiento como lo hacía antes
de ser llamado como profeta.
El hecho de que el Señor, en forma
extraordinaria, haya llamado a una persona como profeta,
la sitúa en una posición en donde recibirá información
especial de Dios, la cual puede corresponder al campo de
la teología y la experiencia religiosa, o bien al
terreno histórico, refiriéndose a la providencia
especial de Dios con su pueblo o las personas, o
amonestando en cuanto a los peligros acerca de la
determinación de Satanás de destruir la obra de Dios o
la esperanza de las almas. También podría pertenecer al
campo de la fisiología, la nutrición, la higiene, la
educación, la administración de la iglesia, o aun podría
tener que ver con la denuncia de pecados ocultos.
Como puede verse, los campos son
ilimitados, porque la obra está en las manos de Dios.
Esta experiencia singular pertenece al profeta. Aunque
el Espíritu de Dios puede hablar a los corazones de las
personas consagradas, no todos pueden ser profetas. Dios
escoge al profeta: "Los santos hombres de Dios hablaron,
inspirados por el Espíritu Santo." (2
Ped. 1: 21)
Las visiones y el testimonio
Un profeta puede recibir visiones durante
el día, acompañadas por fenómenos físicos, (Dan.
10) o en la noche mediante sueños; (Dan.
7) luego comunicará el mensaje oralmente, en
entrevistas o por escrito.
Hay, pues, dos asuntos inseparables: la
recepción del mensaje, de la luz, y el
testimonio que da validez o sea la presentación del
mensaje, de la luz recibida del Espíritu Santo.
Puede ser que no se le permita comunicar
inmediatamente el mensaje, pues quizá deba retenerlo
hasta que sucedan ciertos acontecimientos; o bien la luz
recibida es para orientar al profeta, quien no está en
libertad de comunicar todo lo que ha recibido.
Por lo tanto, su mente puede ser un
"depósito del cual previas circunstancias especiales"
puede sacar y hablar. Pero a menudo hay necesidad
inmediata de que comunique su mensaje.
Cómo recibió la luz Elena G. de White
Nótese la sencillez del lenguaje usado
por E. G. de White para describir la forma en que
recibió su primera visión: "Mientras estaba
orando, el Espíritu Santo descendió sobre mí, y me
pareció que me elevaba más y más, muy por encima del
tenebroso mundo. Miré hacia la tierra para buscar al
pueblo adventista, pero no lo hallé en parte alguna, y
entonces una voz me dijo: 'Vuelve a mirar un poco más
arriba.' Alcé los ojos y vi un sendero recto y angosto
trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista
andaba por ese sendero, en dirección a la ciudad que se
veía en su último extremo" (PE, 14).
Observemos cómo y cuándo entra en visión:
"El Espíritu Santo descendió sobre mí." Aunque
permaneció corporalmente en la sala en donde oraba, le
parecía
1.
que se elevaba por encima del mundo;
2.
que volvía su mirada hacia la tierra;
3.
que no podía ver lo que buscaba;
4.
que escuchaba una voz que le hablaba;
5.
que obedecía la orden de esa voz;
6.
que levantaba su mirada y veía al pueblo
adventista en marcha;
7.
que contemplaba su lugar de destino;
8.
que se unía a ellos cuando se regocijaban
por el galardón.
Es muy claro que las experiencias en la
visión fueron reales para ella: vio, sintió, escuchó,
obedeció y actuó en lugares lejanos; participaba en la
acción, aunque corporalmente permanecía en la sala. Pero
los que la acompañaban en ese momento, nada vieron, nada
escucharon. Y más tarde relataba o escribía en sus
propias palabras sus experiencias.
A menudo, ya en visión, era conducida a
un hogar o a una institución, y luego llevada de salón
en salón o de un departamento a otro. Le parecía estar
en los comités y contemplar las acciones de sus
miembros, escuchar sus palabras y observar el medio
ambiente.
En 1887 escribió desde Europa a uno de
los obreros en cuanto a las normas inadecuadas de una de
las instituciones. ¿Cómo recibió la información? "Me
levanté a las tres de esta madrugada con un gran peso en
mi mente, En mis sueños me encontraba en y mi Guía me
dijo que tomara en cuenta y observara todo cuanto viera.
Me hallaba en un lugar apartado, desde donde no podía
ver pero sí escuchar todo lo que sucedía en el salón.
Las personas discutían con usted en cuanto a los
presupuestos, y oí que disputaban con usted por los
altos cobros de la pensión, el hospedaje y el
tratamiento. Escuché que usted con voz firme y decidida
rehusó rebajar lo que se cobraba. Yo estaba atónita de
ver cuán alto era este cobro" (Carta 30, 1887).
A veces veía edificios aún no
construidos, pero que serían parte de una institución.
Ella se refirió a éstos en una carta escrita en 1903:
�He estado pensando cómo, después que comenzamos el
Sanatorio de Battle Creek, me fueron mostrados en visión
los edificios del sanatorio, listos para ser ocupados.
El Señor me instruyó en cuanto a cómo debe hacerse el
trabajo en estos edificios para que ejerzan una
influencia salvadora sobre los pacientes.
"Todo esto me parecía muy real, pero
cuando me levanté, encontré que el trabajo aún no había
sido hecho, que los edificios no habían sido
construidos.
"En
otra oportunidad se me mostró un edificio grande que se
construía en el lugar sobre el cual se levantaría el
Sanatorio de Battle Creek. Los hermanos estaban muy
preocupados en cuanto a quién se haría cargo de la obra.
Me sentí muy apesadumbrada. Una de las autoridades se
levantó en medio de nosotros, y dijo: 'Aún no. Ustedes
no están listos para invertir fondos en ese edificio, o
para hacer planes para su dirección futura."
"En este tiempo se había colocado el
fundamento del sanatorio. Pero necesitábamos aprender la
lección de esperar". (Carta 135, 1903).
Representaciones simbólicas
Dos párrafos consecutivos de un
testimonio personal dirigido a un obrero destacado de
los primeros años, demuestran cómo las experiencias de
la vida fueron algunas veces representadas
simbólicamente: "Me fueron presentadas muchas otras
escenas concernientes a su caso.
Usted me fue presentado una vez mientras
trataba de empujar un carro largo por una elevada
pendiente; pero este carro, en lugar de subir la colina,
continuaba descendiendo. Este carro representa el
negocio de los alimentos como una empresa comercial, la
cual no ha sido llevada adelante en la forma que Dios
recomienda.
"En otra oportunidad usted me fue
representado como un general montado en un caballo,
llevando un estandarte. Vino uno y tomó de su mano el
estandarte, que tenía estas palabras: 'Los mandamientos
de Dios y la fe de Jesús,' y fue pisoteado en el polvo.
Lo vi a usted rodeado de hombres que lo identificaban
con el mundo". (Carta 239, 1903).
A veces,
los sucesos del pasado, el presente y el futuro gran
abiertos delante de ella en forma panorámica. Entonces
le parecía que presenciaba, en rápida sucesión, los
eventos de la historia. He aquí una cita que nos muestra
un poco cómo era iluminada su mente: "Al revelarme el
Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra, y
las escenas del pasado y del porvenir, se me
mandó que diese a conocer a otros lo que se me había
mostrado, y que trazase un bosquejo de la historia de la
lucha en las edades pasadas, y especialmente que la
presentara de tal modo que derramase luz sobre la lucha
futura que se va acercando con tanta rapidez." (CS,
13, 14, Intr.)
Artículo del suplemento de la Revista
Adventista de enero de 1982
Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street,
Mountain View, California (USA |