La
globalización ya es un proceso imparable que no resultó ser tan
ventajoso y beneficioso para todos, y menos para los países
tercermundistas, sino por el contrario, los desbastó aún más. La
realidad palpable de la economía Latinoamericana nos da la pauta de que
a esta tendencia liberal hay que ponerle ciertos límites para poder
adaptarla mejor a la práctica, si es que en la madurez de este proceso
no se quiere marginar a millones de personas, o para ser más concreto, a
casi la mitad de la población mundial que vive con menos de dos dólares
diarios. Algunos grupos proponen parar el modelo global hasta que los
derechos humanos se cumplan en todo el mundo.
La globalización como paradigma, si se quiere social-cultural-económico,
es llevado a cabo bajo políticas que día a día deja excluidos a miles de
personas del sistema. Y lo demuestran las estadísticas, en donde
claramente aumentan la delincuencia, la violencia y la pobreza en la
ultima década de manera escalofriante.
En
Europa y Estados Unidos muchos grupos de Organizaciones por los derechos
humanos y grupos de izquierda se han manifestado contra los gobiernos
mas poderosos para pedir entre otras cosas la Amnistía a los países mas
pobres. También el Papa Juan Pablo Segundo reclamó un alivio para el
Tercer Mundo en reiteradas ocasiones. Sin la ayuda de los países
poderosos el grueso de Latinoamérica y sin mencionar África, ya
desbastada, quedaran excluidos. La globalización económica carece de
morales y humanización es por eso que surgen los grupos dedicados a la
reivindicación de la dignidad humana.
La
globalización conlleva a una concentración de capitales, que abre una
brecha cada vez mayor entre pobres y ricos y que además, aumenta la
cantidad de indigentes y achica la de los que tiene un alto poder
adquisitivo. Cuando a principios de la década pasada se empezaba a
escuchar la palabra globalizar no se preveía las falencias que traería
esto. Globalizar el planeta tiene un precio, pero este debe respetar la
dignidad y la equidad de la población mundial.-