CRISTO Y EL SABADO

CUANDO Cristo estuvo en la tierra, era su costumbre descansar en el día séptimo y asistir a la reunión convocada en el sábado para alabar en ese día el nombre de su Padre. En el Evangelio de San Lucas leemos: "Y fue a Nazaret, donde se había criado, y entró, según su costumbre, el día de sábado en la sinagoga, y se levantó a leer".(Lucas 4:16)

La expresión "según su costumbre" denota que el Señor asistía con regularidad todos los sábados a estas reuniones, y que por lo tanto ya era un hábito para él guardar el sábado. En una ocasión, él mismo dijo que estaba guardando los mandamientos de su Padre. Examinemos sus propias palabras registradas por el evangelista: "Si mis mandamientos guardareis, permaneceréis en mi amor: como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.(S. Juan 15:10)

Era natural que Jesús viviera en armonía con los santos mandamientos y que guardara el sábado, pues él es su autor (véanse Génesis 2:1-3 y Éxodo 20:8-11) y por eso declaró con autoridad: "Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre". (Mateo 12:8).Por lo tanto, siendo él su autor, al estar entre los hombres como hombre, enseñó con qué espíritu debía guardarse el día de reposo, ya que los fariseos de ese tiempo habían cargado el santo mandamiento con restricciones que no estaban en armonía con el verdadero espíritu de la ley de Dios.

Comentando la actitud farisaica en la observancia del sábado, una notable escritora religiosa declaró:

"En los días de Cristo, el sábado había quedado tan pervertido, que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios, más bien que el carácter del amante Padre celestial. Los rabinos inducían a la gente a considerar a Dios como un tirano, y a pensar que la observancia del sábado, que él les exigía, hacía a los hombres duros y crueles. Era obra de Cristo disipar estos conceptos falsos. Aunque los rabinos lo perseguían con una hostilidad implacable, ni siquiera aparentaba conformarse a sus requerimientos, sino que seguía adelante, observando el sábado según la ley de Dios".(el deseado de todas las gentes, Pág..250,251)

Para hacer comprender esto a sus discípulos, Cristo realizó algunas curaciones en sábado. Al hacerlo, tenía como propósito desenmascarar a los falsos maestros que aparentaban reverencia por el mandamiento, aunque en realidad no lo observaban con el debido espíritu. No comprendían el don de Dios que el sábado significaba y por eso, cuando Jesús hizo algunas curaciones en ese día, lo acusaron, sin ver su propia condición espiritual.

Veamos cuáles eran sus acusaciones y analicémoslas a la luz de la misma Palabra de Dios, que es el intérprete infalible. He aquí la acusación: "Decían, pues, algunos de entre los fariseos: Este hombre no viene de Dios, pues no guarda el sábado".S. Juan 9:16

La imputación era motivada por las curaciones que Jesús hacía en el día de reposo. Consideremos uno de estos incidentes:

"Y había allí un hombre que tenía paralizada la mano. Y le estaban acechando si en sábado le curaría, con el fin de acusarle. Y dice al hombre que tenía la mano rígida: Levántate y ponte en medio. Y les d ce: ¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar una alma o matar? Ellos se callaban. Y echando en torno una mirada sobre ellos con indignación, contristándose por el encallecimiento de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y quedó restablecida su mano. Y saliendo los fariseos, habido luego consejo con los herodianos, tomaron la determinación de acabar con él". S. Marcos 3:1-6

Es verdaderamente lamentable la condición a la que habían llegado estos hombres en la interpretación de la ley. No había misericordia, ni ninguna consideración hacia los que sufrían. Su manera de actuar profanaba el nombre de Dios. Hacían que los paganos que los rodeaban consideraran a Dios como un déspota. Pero el mandamiento del sábado no da lugar a esa falsa interpretación. Tal conducta no estaba en armonía con los designios de Dios. Elena G. de White -a quien hemos citado anteriormente- ofrece del incidente bíblico mencionado, un comentario muy justo y elocuente:

"Al sanar al hombre que tenía una mano seca, Jesús condenó la costumbre de los judíos, y dejó al cuarto mandamiento tal cual Dios lo había dado. 'Lícito es en los sábados hacer bien', declaró. Poniendo a un lado las restricciones sin sentido de los judíos, honró el sábado, mientras que los que se quejaban contra él deshonraban el día santo de Dios.

"Los que sostienen que Cristo abolió la ley, enseñan que violó el sábado y justificó a sus discípulos en lo mismo. Así están asumiendo la misma actitud que los cavilosos judíos. En esto contradicen el testimonio de Cristo mismo, quien declaró: 'Yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor'. Ni el Salvador ni sus discípulos violaron la ley del sábado. Cristo fue el representante vivo de la ley. En su vida no se halló ninguna violación de sus santos preceptos. Frente a una nación de testigos que buscaban ocasión de condenarle, pudo decir sin que se le contradijera: '¿Quién de vosotros me convence de pecado?' El Salvador no había venido para poner a un lado lo que los patriarcas y profetas habían dicho; porque él mismo había hablado mediante esos hombres representativos"

Fue Cristo, el Hijo de Dios, quien trajo a la existencia la tierra con todo cuanto existe. Hay muchos textos bíblicos que corroboran que Cristo es el Creador de todo. Mencionaremos sólo dos. Hablando de Jesucristo, San Pablo declaró: "El cual es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, como que en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, tanto las visibles como las invisibles, ya sean los tronos, ya las dominaciones, ya los principados, ya las potestades; todas las cosas han sido creadas por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas tienen en él su consistencia "Colosenses 1:15-17" Dios, que en los tiempos pasados muy fragmentaria y variadamente había hablado a los padres por medio de los profetas, al fin de estos días nos habló a nosotros en la persona del Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por quien hizo también los mundos ".Hebreos 1:1-2. Cada uno de estos textos identifica plenamente a Cristo como Autor de la creación de nuestro mundo. El fue quien descansó el séptimo día en la primera semana de la creación, y dio el mandamiento del sábado desde el principio en memoria de la creación. Fue también en sábado cuando culminó la obra de la redención descansando en la tumba de José de Arimatea. De esta manera, el sábado queda sellado como monumento de la creación y de la redención realizadas por el mismo Autor.

Por otro lado, en ninguno de sus discursos el Maestro indicó que después de su muerte el mandamiento del sábado habría de abrogarse; antes bien, señaló enfáticamente la validez inmutable de la ley: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" S. Mateo 517-18. Y esto es comprensible teniendo en cuenta que la ley en general y el sábado en particular constituyen una gran bendición para el hombre.

El Maestro mostró, por palabra y por ejemplo, que el sábado debe ser destinado a tres cosas muy importantes: a la adoración sincera en la casa de culto, al reposo físico y a las obras de bien. Cuando nuestras vidas toman en cuenta estos sagrados principios, el alma recibe descanso, y el espíritu se fortalece para reiniciar con renovadas fuerzas las labores de la nueva semana que principia a la puesta del sol del día sábado. Por medio del profeta el Señor aconsejó: "Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; por que la boca de Jehová lo ha hablado''.

Esta es la clara voluntad del Señor en relación con la observancia del sábado. Si se toma en cuenta lo que el Señor ordena en su precepto, nos daremos cuenta que el sábado no es un día penoso, sino de supremo gozo. Un día de deleite espiritual. El hombre moderno, en medio de sus problemas y ansiedades, tiene en este precepto la solución que le traerá la paz que tanto anhela y necesita.

 

 



 


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Última modificación: 12 de Julio de 2004